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La Polar, Luksic, BCI, Southern Cross y los salmoneros

Las peores jugadas de negocios del 2011: cinco grandes que cayeron

por 2 enero, 2012

Las peores jugadas de negocios del 2011: cinco grandes que cayeron
La Polar socavó la confianza de los consumidores y reveló que los expertos no fueron capaces de detectar un fraude de años. El BCI financió negocios que terminaron siendo los peores del año. El grupo Luksic entró a la Sudamericana de Vapores pagando el triple de lo que hoy vale la acción. Southern Cross jugó a hacer una pasada en el negocio eléctrico y se quemó. Los salmoneros salieron optimistas a la bolsa y sus empresas han perdido un tercio de su valor.
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1- La Polar: negocio fallado

La niña mimada del retail cuyo gerente general, Pablo Alcalde, fue elegido el mejor ejecutivo de la década en 2008 y hoy está formalizado junto a otros cuatro ex gerentes, resultó ser un bluff. El peor escándalo de una empresa abierta en bolsa de la historia chilena, dejó al descubierto la impericia y falta de rigurosidad de las AFP, auditoras, corredoras, fondos de inversión y reputados directores, quienes confiaron ciegamente en los resultados de La Polar.

Aunque los balances daban señales del alto nivel de endeudamiento de sus clientes en contraste con los de las grandes operadoras como Falabella, París o Ripley, nadie advirtió nada. Hubo corredoras de bolsa que colocaron bonos y bancos de inversión que compraron acciones a semanas que se descubriera el ardid montado por un grupo de ejecutivos para falsear resultados, conseguir millonarios bonos por su gestión y beneficiarse con la venta de sus opciones de acciones.

Los grandes dañados fueron los cotizantes de los fondos de pensiones por cuyos intereses deben velar las administradoras. Con un 24% de la propiedad, las AFP, a excepción de Modelo que no tenía papeles, son las mayores accionistas de una empresa que perdió el 80% de su valor en bolsa.

El peor escándalo de una empresa abierta en bolsa de la historia chilena, dejó al descubierto la impericia y falta de rigurosidad de las AFP, bancos, auditoras, corredoras, fondos de inversión y reputados directores, quienes confiaron ciegamente en los resultados de La Polar.

Los directores, la auditora Price Waterhouse, las clasificadoras Feller Rate y Fitch quedaron en tela de juicio por no haber hecho el trabajo que les encomienda la ley. Ningún organismo regulador asumió un grado de responsabilidad en la supervisión de las tarjetas de crédito no bancarias.
Todos se tiraron la pelota...

Habrá un antes y después de La Polar. El engaño a clientes de sectores medios y bajos, menos informados y más vulnerables, dejó al país indignado y desconfiado en las prácticas crediticias de las multitiendas. Los que no sean sancionados con multas de la SVS y penas de cárcel por los Juzgados de Garantía, quedarán irremediablemente bajo sospecha. Las condenas contra los responsables no serán suficientes para la opinión pública. La Polar fue algo así como el caso Madoff chileno, una máquina para recaudar plata del mercado a sabiendas  que no había un negocio solvente detrás. En la memoria de muchos sigue presente que Madoff recibió 150 años de cárcel.

2-Luksic y Vapores: apuesta a un saco roto

Ricardo Claro murió antes de que ver cómo se hundía Sudamericana de Vapores, la mayor naviera de Latinoamérica y a la que consideraba la empresa número uno del grupo.
Él, que se jactaba de anticipar las crisis como ocurrió con la Asiática, no previó la magnitud de las turbulencias que se venían ni  presenció las decisiones tomadas por sus ejecutivos. Sumadas,  llevaron a la naviera al borde de la quiebra. En febrero pasado, Arturo Claro Fernández, primo del fallecido empresario y vicepresidente de la compañía, anunció al directorio que Sudamericana tenía caja para funcionar y pagar sus deudas “sólo hasta abril próximo”.

Pese a que la viuda, María Luisa Vial, y el ejecutivo más querido por Claro, Juan Antonio Álvarez, se negaban a la entrada de un socio, la situación no dio para más. En marzo desembarcaron los Luksic: compraron el 10% en US$120 millones a Marinsa, la matriz de Sudamericana. Pagaron $285 por título, el mismo que hoy vale $102.
Al mes siguiente por el 8% desembolsaron $350 por acción. Quiñenco, el holding industrial de la familia de origen croata, anunció que suscribirá US$1.000 millones del aumento de capital que se realizará en los próximos 40 días.

Los Luksic compraron un 10% en US$120 millones a Marinsa, la matriz de Sudamericana. Pagaron $285 por título, el mismo que hoy vale $102.

Según la agencia Bloomberg, esta puede ser la peor apuesta del grupo Luksic. La revista Business Week, del mismo grupo editorial, tituló “La familia más rica de Chile pierde su toque de oro con los barcos”. Aludía a la máxima del patriarca Andrónico Luksic Abaroa de comprar negocios malos, dar vuelta sus resultados y vender caro.

Guillermo Luksic, presidente de Quiñenco, aseguró que "de ninguna manera" fue un error haber ingresado a Vapores. "Estamos muy optimistas", sostuvo. Aunque, hasta ahora, los números son de un rojo furioso: pérdidas estimadas en US$1.000 millones al cierre de 2011 dentro de un contexto de total incertidumbre para la industria naviera.

“Pasarán varios años, tal vez, diez para que los Luksic recuperen su inversión. Se metieron en un negocio que no conocen y creo que no fueron bien asesorados”, asegura un ejecutivo del sector.

De todas formas, los Luksic apuestan a conseguir un socio en Vapores y a concretar lo que Ricardo Claro tenía en mente: separar de la matriz a Sudamericana Agencias Aéreas Marítimas (SAAM), la filial que siempre ha ganado plata, que opera cuatro puertos en Chile y ofrece servicio de remolcadores, para después abrirla a la bolsa.

Esta jugada naviera les está costando a los Luksic US$1.420 millones, una inversión a la par de la que hicieron en el sector financiero, pero con un riesgo enorme. Se trata de una industria con sobreoferta de barcos, tarifas a precios de liquidación y en la que no se ve una pronta recuperación. Los hechos nos dirán si se cumple la máxima del padre o si los traicionó el desconocimiento del sector y  una dosis exagerada de optimismo y seguridad en sus capacidades.

3- BCI: el banco que se quedó con la chiflota

En la banca existe un antiguo dicho: quedarse con la chiflota. En jerga financiera, con los créditos malos. Al BCI le tocó por partida triple: es el mayor acreedor de La Polar y de Campanario y dueño de un 20% de las acreencias de Johnson's. Todos, casos de alta exposición pública que vinieron a rayarle la pintura al tercer banco de la plaza, líder en tecnología; el primero en contar con un banco virtual, T Banc, y en pagar su deuda subordinada al Banco Central.

La única institución financiera en Chile que permanece en manos de sus fundadores -la familia Yarur- debió asumir pérdidas en todas las negociaciones. De los US$120 millones que le debe La Polar, va a recuperar el 47%.

BCI quedó como la institución que financió negocios que se fueron a pique asumiendo pérdidas en todas las negociaciones. De los US$120 millones que le debe La Polar, va a recuperar un 47%.

En Johnson's, la compañía de Marcelo Calderón, apenas recibirá una sexta parte. De los US$308 millones que debe la compañía a un sindicato de bancos, al BCI le corresponde un 20%, es decir, US$61 millones. Y aunque la entrada de Cencosud a la propiedad de Johnson's es una gran noticia en la negociación con la banca, Horst Paulmann, su dueño, acordó pagar solamente US$50 millones. El BCI tendrá que conformarse con US$10 millones.

En la quiebra de Campanario Generación, controlada por el fondo Southern Cross (88%) y Gasco (12%) el BCI es el mayor acreedor: otorgó US$120 millones para financiar la construcción de sus centrales generadoras, las que tiene como garantía.

Un mal año lo tiene cualquiera; pero caerse tres veces al hilo vaya que duele.

4- Campanario: con la electricidad no se juega

Southern Cross se convirtió, en la práctica, en el primer comercializador de energía en Chile y en el primero en enfrentar la quiebra de una empresa eléctrica, su filial Campanario Generación.

Aunque la ley prohíbe en Chile esta figura, el fondo de inversión liderado por Raúl Sotomayor y Norberto Morita, no infringió la norma. Construyó centrales térmicas con una capacidad  de 240 MW, que eran, en jerga eléctrica, centrales de respaldo. Las últimas que entran a producir en el Centro de Despacho Económico de Carga (CDEC) por su alto costo.

En 2009 se adjudicó dos contratos de suministro con las distribuidoras Saesa y CGE –cuya filial Gasco es dueña del 12% de Campanario Generación- por un total de 1.750 GWh/año y una duración de 12 y 14 años, respectivamente, a partir de 2010.

Era un muy buen negocio contar con cliente a firme, pero hubo un factor que no previó: la naturaleza. 2010 fue un año seco y Campanario debió comprar energía más cara y venderla más barata. “Tenían contratos por US$104 el MW/h, pero tuvieron que salir a comprar energía por sobre US$200 el MW/hora para cumplir sus compromisos”, sostiene el analista de Celfin Tomás González.

Campanario es la apuesta eléctrica  más riesgosa que se haya visto en Chile: siendo una central pequeña, se adjudicó contratos a precios menores que su costo de generación. Al cuarto año de operación, pidió su quiebra.

Otros dos factores jugaron en su contra: el terremoto que atrasó la puesta en marcha de las centrales a carbón –más baratas que el petróleo- de Endesa y Colbún y no haber obtenido los permisos medioambientales para construir una unidad a carbón.

El negocio se hizo con mucha deuda y poco capital de trabajo. “Si hubiesen tenido financiamiento a largo plazo podrían haber aguantado un  año con pérdidas, pero no tuvieron margen de acción”, explica el economista Manuel Cruzat Valdés. Esa es la lógica de cualquier fondo de inversión: levanta dinero de los aportantes, se endeuda y si se requiere de un aumento de capital debe acudir a sus inversionistas quienes, rara vez, van a estar dispuestos a poner más plata.

El plan de vender la central amarrada al contrato no fue posible, aunque el contrato tiene un atractivo: el pago de la llamada “potencia en firme” por el sólo hecho de tener una central, aunque no genere, debido a que es una unidad de respaldo que puede entrar en servicio cuando agotan las opciones más económicas. “La gente de Campanario se engolosinó con esa parte del negocio y dijo ahora vamos por los contratos”, afirma un experto eléctrico.

Campanario es la apuesta eléctrica más riesgosa que se haya visto en Chile: siendo una central pequeña, se adjudicó contratos a precios menores que su costo de generación. Y al cuarto año de operación, pidió su quiebra.

5- Salmoneras: precios al agua

El virus ISA sacó al salmón chileno de los supermercados japoneses y estadounidenses. Aprendida la lección que el hacinamiento propicia el contagio, los salmoneros chilenos reinstalaron sus jaulas y salieron a buscar capital. Como la banca los tenía castigados, iniciaron a partir de 2010 sucesivas aperturas en la  bolsa, justo  cuando el valor del salmón superaba los US$10 la libra.

La confianza en que el auspicioso panorama se mantendría en el tiempo se acabó en mayo pasado: el precio se ajustó cayendo a 4,0 dólares la libra. Noruega aumentó su producción, las exportaciones chilenas aumentaron y la demanda no creció lo suficiente como para absorber los mayores volúmenes.

En promedio las empresas han perdido un 35% de valor desde su apertura bursátil. La acción de AquaChile, la mayor exportadora chilena, del empresario Víctor Hugo Puchi, se colocó a $453 mil y hoy se cotiza a $395 mil.

La mayor salmonera del mundo, Marine Harvest, fue la primera en mostrar su preocupación e incluso anticipó un posible recorte en sus planes productivos. "Vemos tiempos duros en los próximos 12 meses", señaló el presidente ejecutivo de la empresa, Alf Helge Aarskog, en una presentación ante analistas.

Con precios que acumulan una baja superior al 60% desde fines de 2010, la industria chilena ve con preocupación que se afecten sus márgenes, debido al incremento de los costos producto de las normas sanitarias aplicadas para controlar el virus.

En octubre el Servicio Nacional de Pesca confirmó la presencia de HPR2, una variante del virus ISA, de baja mortalidad y que afecta menos al salmón del Atlántico, el de mayor producción en Chile. Para los expertos bursátiles este fenómeno es un factor secundario que no explica la disminución de los precios de las acciones del sector.

En promedio las empresas han perdido un 35% de valor desde su apertura bursátil. La acción de AquaChile, la mayor exportadora chilena, del empresario Víctor Hugo Puchi, se colocó a $453 mil y hoy se cotiza a $396 mil. Multiexport Foods, la sexta del ranking -controlada por José Ramón Gutiérrez, Martín Borda y Alberto del Pedregal- pasó de $190 mil a $148 mil.

En Camanchaca, la novena compañía exportadora, de propiedad de Jorge Fernández y Francisco Cifuentes, el precio varió de $82 mil a $48 mil.

Australis, adquirida al fallecido Felipe Cubillos por el inversionista minero Isidoro Quiroga, salió este año al mercado (por lo que no figura en el ranking) a $185 mil y hoy está a $145 mil.

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