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Columna de Opinión

Cómo debe ser la respuesta inteligente al populismo en 2017

por 4 enero, 2017

Cómo debe ser la respuesta inteligente al populismo en 2017
El primer paso para contener la política irracional, e incluso revertirla, es dejar de quejarse acerca de lo que ocurrió y tratar de comprenderlo. La queja es comprensible, ciertamente: el populismo es peligroso porque exige soluciones simplistas a problemas complicados, y cuando las soluciones fallan, es posible que la ira aumente. El populismo también alimenta, y se alimenta, de la clase de extremismo que culpa a extranjeros u otros enemigos imaginarios por cualesquiera dificultades que la “gente real” enfrenta.

Si 2016 fue el año del populismo temerario, entonces 2017 tiene que ser el año del patriotismo clarividente.

La manera más segura de enfrentar a demagogos como Donald Trump, y de gestionar odiseas como el Brexit, es recurriendo no solamente a la razón, sino también al propósito y deber comunes.

El primer paso para contener la política irracional, e incluso revertirla, es dejar de quejarse acerca de lo que ocurrió y tratar de comprenderlo. La queja es comprensible, ciertamente: el populismo es peligroso porque exige soluciones simplistas a problemas complicados, y cuando las soluciones fallan, es posible que la ira aumente. El populismo también alimenta, y se alimenta, de la clase de extremismo que culpa a extranjeros u otros enemigos imaginarios por cualesquiera dificultades que la “gente real” enfrenta.

Una de las lecciones de 2016 es que meramente deplorar este estilo de política no funciona. El único antídoto al populismo es un gobierno sensible y responsable, y la principal razón para el éxito del populismo recientemente es que esta clase de gobierno ha raleado.Para muchas personas en Estados Unidos y Europa, el colapso financiero de hace una década fue un revés devastador, y la recuperación subsiguiente, especialmente en la UE, ha sido endeble. Esto no fue inevitable: la mala política pública contribuyó a causar la recesión, y luego frenó la expansión. El historial en otros sectores no es mucho mejor. La mayor y más audaz reforma del presidente Barack Obama – la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible – tuvo problemas desde el comienzo. Europa ha hecho un lío de su crisis de refugiados, que en sí surgió por errores de Estados Unidos y Europa en la política exterior. En suma: los votantes han tenido mucho de qué quejarse.

Algunas de estas quejas, para ser justos, no pueden ser atendidas de manera certera por ningún político o sistema político. El ascenso del comercio mundial, como el avance de la tecnología, crea ganadores y perdedores. La ansiedad y la dislocación económicas resultantes no pueden evitarse; solamente se las puede manejar.

Al mismo tiempo, el orden establecido con demasiada frecuencia ha sido sordo a las inquietudes de votantes. En Estados Unidos, el desencanto con Washington se ha estado acumulando por años, pero la disfunción en el Congreso siguió inalterada. En Europa, el descontento con la conducción de la UE también ha ido en aumento, agravado por la sensación de que los gobiernos nacionales ya no están al mando de sus ciudadanos. El ánimo de alienación era general.

Algunos políticos han buscado reconectarse volviéndose más rígidos, en términos ideológicos o bien partidarios. Ello no es la respuesta. Los votantes atraídos al populismo tienden a evaluar resultados más que la pureza. En Estados Unidos, especialmente, los políticos responsables deberían relajar sus posiciones endurecidas y procurar cooperar para la solución de problemas allí donde pueden. En el corto plazo, es así cómo el Congreso podría domar las tendencias más peligrosas del gobierno de Trump.

En el largo plazo, ello ayudaría a suprimir la frustración populista.A pesar del bullicio de la política partidista, sí existen oportunidades para compromisos que resuelvan problemas. Incluso en asuntos tradicionalmente contenciosos como los impuestos, la inmigración y la atención de salud, las reformas pragmáticas y bipartidistas podrían ayudar a hacer mejoras con miras al futuro (impuestos más simples, normas aplicables, mayor acceso a la atención médica económica). Bloquear una acción para ventaja política solamente fortalece el populismo.

Otra manera de empañar el atractivo del populismo es ser más atento y respetuoso de la opinión pública. Ello no significa simplemente complacerla: de hecho, el desacuerdo cívico es una de las señales más firmes de respeto. Pero en Estados Unidos, el Reino Unido y buena parte del resto de Europa, demasiados políticos encararon el reto populista en parte expresando un sentido de derecho al poder. Los políticos pueden mantener el populismo bajo control recordando que son servidores públicos.

Una veta del pensamiento populista es especialmente peligrosa y requiere de atención cuidadosa: el resentimiento de extranjeros.

La inmigración ilegal fue el primer asunto que infundió vigor a Trump en Estados Unidos. En Europa, la avalancha de refugiados de Siria, Afganistán, Irak y otras partes, junto con la controversia por el compromiso de la UE con la inmigración interna irrestricta, ha mejorado la postura de los partidos populistas más que cualquier otro asunto.

Una vez más, la respuesta correcta debe comenzar por reconocer cuáles de estas preocupaciones son válidas. En Estados Unidos, esto significa admitir que el sistema de inmigración se ha quebrado y necesita una reforma. En Europa, significa reconocer que los aumentos abruptos de la cantidad de inmigrantes sí causan problemas, y que no son mero producto de la imaginación de fanáticos. En ambos continentes, es esencial que los líderes reconozcan la necesidad tanto de la asimilación como de los recursos para facilitarla.

La identificación de enemigos internos y externos es el componente más tóxico del populismo. El racismo y el nativismo no pueden ser tolerados. Pero es también importante que estos “ismos” destructivos no sean confundidos con el deseo popular de una identidad nacional compartida y un sentido de propósito: es decir, con patriotismo común.

Bien entendido, el patriotismo es una virtud. Es enteramente coherente con el compromiso con la dignidad y respecto equitativos para todos indistintamente de raza, religión o nacionalidad, aun cuando concede más derechos a quienes son ciudadanos que a quienes no lo son. En 2016, los populistas invocaron el patriotismo como si hubieran inventado el concepto. Permitirles que se salgan con la suya fue el peor de muchos errores. En 2017, corregir ese error sería un punto para comenzar.

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