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¿Recaída o de camino al alta? Las heridas que siguen abiertas al interior de la clínica de la elite

Guerra civil al interior del directorio de Clínica Las Condes

por 14 febrero, 2018

Guerra civil al interior del directorio de Clínica Las Condes
El 30 de enero, Carlos Gil –director de la firma representante de la familia Karlezi (parte de la familia Solari-Falabella)– renunció a la entidad. Es la segunda renuncia de uno de sus representantes en el directorio en menos de 14 meses. Salida de Gil obliga a la elección de un nuevo directorio y hace especular, nuevamente, sobre el rumbo que tomará el centro clínico. Desde ya se da por descontado que la promesa de Andrés Navarro, de cerrar 2017 con cifras balanceadas, no se cumplió.
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No han sido períodos de bonanza para la Clínica Las Condes (CLC), uno de los centros de salud de referencia del sector oriente, que ha atravesado años complejos. Desórdenes contables, la salida de su histórico gerente y el regreso de viejos conocidos a su administración, como el ex ministro de Salud del primer Gobierno de Sebastián Piñera, Jaime Mañalich, y el empresario Andrés Navarro, también cercano al actual Mandatario electo.

La dupla se ha propuesto sacar del rojo las cifras de la entidad, que han sufrido no solo por el importante ajuste contable que evidenciaron sus finanzas hace casi un año, sino también por el momento económico que atravesó la economía en 2017, que no acompañó su recuperación. En el mercado ya dan por descontado que la promesa de cerrar 2017 con cifras balanceadas no se cumplió.

Hace tres semanas hizo ruido la renuncia de Carlos Gil al directorio. Es la segunda salida en menos de 14 meses de un representante de la familia Karlezi (parte del grupo Solari/Falabella), poseedora de cerca del 17% de los papeles. Su renuncia abre la puerta a una nueva renovación de directorio, que tendría lugar en la junta de la compañía en abril, pero respecto de la cual se anticipa que habrá fuertes discusiones.

Los representantes de Karlezi han sido los más críticos de la gestión. Desde 2013 que las voces de la hija de María Luisa Solari han estado “encima” de los movimientos del centro de salud, poco después que en octubre de ese año el empresario Andrés Navarro sellara su salida de la clínica.

Lo anterior, primero, con la intención de que salieran de la mesa del directorio y la administración varios viejos estandartes del recinto médico y, segundo, con el fin de incorporar a directores independientes de carrera en la clínica, entre ellos, Fernando Cañas, que la presidió hasta hace pocos meses.

Fuentes que conocen de las disputas al interior del directorio afirman que Karlezi está frustrada con la gestión. Cree que pagó un precio alto y que la forma en que se ha estado administrando la clínica de la elite "no ha dado el ancho".

Los enfrentamientos han sido varios y sus representantes en el directorio no se mordieron la lengua para exponer sus desacuerdos. Lo hizo hace poco más de un año el abogado Alejandro Quintana, que era su voz en CLC, luego que la administración de la clínica acusara una serie de diferencias en los balances de la entidad que se arrastraban desde 2008. Los errores contables sumaron cerca de $ 10 mil millones.

“Acá hay que separar dos temas. Por un lado, se comprobó que el tema contable no tenía que ver con fraudes ni con malversaciones. Se arrastraban, hace años, vacíos contables que en un minuto tuvieron que actualizarse. Pero, por otro lado, es un centro de salud al que le ha costado mucho cambiar la mentalidad de cómo opera”, indica un entendido.

A lo que se refiere la fuente es a la estructura de propiedad del recinto, que sigue manteniendo a su staff de médicos como dueños del 50% del centro hospitalario. Ellos roncan con fuerza en todas las decisiones que se toman en Las Condes y han sido más bien reacios a los cambios que el negocio ha requerido con el pasar de los años.

“Antes la clínica ganaba por toda la hotelería. Operarse en CLC salía 20% o 30% más caro que en otros centros, pero con los años otras clínicas del sector oriente también comenzaron a ofrecer ese servicio. Los doctores son de elite, pero también hay especialistas buenos en otros lados. Entonces, la pregunta es, si alguien va a operarse la vesícula, por qué iba pagar tanto más por venir a CLC”, explica un conocedor.

Pero no es el único talón de Aquiles. La resistencia de los doctores también ha sido a aceptar cambios que implicarían ajustes más profundos en el sistema de trabajo. “En general, a los médicos se les paga antes que las isapres liquiden sus honorarios. La isapre puede pagar fácilmente en 60 días, lo que en momentos en que la caja no es tan holgada afecta las finanzas. No es poco, hablamos de miles de millones de pesos”, comenta un conocedor.

La clínica realizó durante enero una movida para disminuir su ahogo financiero emitiendo una serie de bonos por hasta US$ 265 millones. En diciembre las clasificadoras habían sido lapidarias con su performance, sin conocerse aún las pérdidas finales que arrastrará su ejercicio 2017.

“Humphreys decidió reducir la clasificación de los títulos de deuda de la Clínica Las Condes desde 'Categoría A' a 'Categoría A-', mientras que la perspectiva de la clasificación asignada es 'Estable'. Las acciones se mantienen en 'Primera Clase Nivel 3'. El cambio, en la clasificación de riesgo de los bonos, obedece a los resultados negativos que se han registrado en los tres primeros trimestres del año, lo que se ha traducido en incrementos en sus niveles de endeudamiento. En efecto, de acuerdo con los resultados del ejercicio a septiembre de 2017, la empresa alcanzó una pérdida por $4.651 millones, cifra que se compara desfavorablemente con las ganancias exhibidas durante el mismo período del año anterior y que alcanzaron $6.291 millones. Estos resultados se registran pese a que la firma mostró un cambio en la tendencia negativa de los trimestres anteriores. El EBITDA de Clínica Las Condes durante los nueve primeros meses de 2017 alcanzó $8.104 millones, lo que representa una caída de 63,5% respecto de los $22.201 millones registrados en igual período de 2016”, detalló la clasificadora.

Desde el mercado la emisión de bonos fue bien recibida, aunque era esperada. No obstante, Feller Rate advirtió sobre la relevancia de mantener una estructura de costos adecuada y que se mantengan a raya las inversiones y el nivel de deuda. Esto, pese a que sus proyectos en curso –la habilitación de nuevos edificios en su sede central y de otro centro de salud en Peñalolén– podrían requerir alguna inyección.

“Los actuales proyectos de la compañía, bajo cierta estructura de financiamiento, están contemplados en la clasificación de riesgo asignada. Se espera que la entidad mantenga dicha estructura para financiarlos, sin necesidad de un mayor nivel de deuda al considerado. Adicionalmente, el financiamiento de los proyectos debería contemplar mayoritariamente fondos provenientes de la generación propia y/o aportes de capital, manteniendo el mix de endeudamiento proyectado”, explicó el analista Felipe Pantoja.

Humphreys ahondó señalando que aún se considera como un aspecto negativo para la clínica “que la estructura de la propiedad de la compañía se encuentra bastante atomizada. No presenta accionistas de carácter controlador, como tampoco un pacto para este fin. De esta forma, la gobernabilidad y estrategia futura de la compañía, para que sea estable en el tiempo y no esté sujeta a eventuales riesgos de reputación y/o operativos, requiere descansar en un gobierno corporativo de elevados estándares de calidad”.

Viejos conocidos

A los ajustes contables que atravesó CLC se le sumó una serie de cambios en relación con la tarea de los doctores: bajar los precios de lista de los aranceles y elevar el costo de los arriendos de las consultas médicas, fueron parte de las decisiones. No a todos les gustaron.

Haciendo un recuento, en abril de 2017 todo se volvió más tenso. Entre los cambios propuestos a los médicos, volvía a dirigir el buque un viejo estandarte y ex accionista de CLC: el empresario Andrés Navarro, que era ungido como presidente de la entidad.

Allegados al directorio comentan que la relación con el controlador de Sonda ha sido de “amor y odio”. Por un lado, le imputan que durante su administración se tomó la decisión de la ampliación de la clínica, un proyecto que ha requerido una fuerte inversión y que ha costado poner en franca marcha. Aumentando, de paso, sus niveles de endeudamiento. Mientras que otras voces apuntan a que “lo fueron a buscar” para que se hiciera cargo de la crisis.

Un par de meses después, el propio empresario comentó –en una entrevista a La Tercera– que habían dejado atrás la crisis y el conflicto y que esperaba el 2018 en números azules.

Sus declaraciones llegaron poco después que el hasta entonces gerente general de la clínica, Fernando Grebe, dejara el cargo. En la misma entrevista señaló que mantenerlo en el puesto había resultado irreconciliable. La salida del ejecutivo, que manejó por ocho años la marcha de la clínica, se debe –comentan conocedores– a nuevas tensiones entre médicos y la plana ejecutiva. Seguir apretando los beneficios recibidos por los doctores habría explicado, en parte, la necesidad de sacarlo.

En La Tercera, Navarro deslizó que su regreso a la clínica tenía algunos contras, entre ellos, precisamente la necesidad de contar con un negociador político que lograra aunar los criterios de diversos accionistas y, una vez más, los doctores. “Para mí ha sido un poco más difícil, en el sentido de que la conducción de una institución como lo es hoy la clínica requiere de más tacto político. Y yo nunca fui un buen político, estoy aprendiendo esa parte”, expresó.

El negociador llegó poco después. El ex ministro de Salud, también del círculo de confianza de Sebastián Piñera, Jaime Mañalich. “De político, mucho; pero, de tacto, bien poco”, dice una fuente allegada al centro de salud.

Los observadores de su gestión indican que ha sido muy hábil. Por una parte, ha mostrado respaldo público a la labor del cuerpo médico y, por otra, a los pacientes. Se ha movido bien en aguas complicadas, aunque su forma de actuar ha generado comentarios. Como cuando, en diciembre de 2017, el oncólogo Manuel Álvarez fue desvinculado del centro de salud por la denuncia de un abuso. El caso se filtró rápidamente a los medios. “Independientemente del caso, creo que podría haberse tratado con más tacto y no salir en la portada del diario comentando”, opina una fuente.

Solo un par de semanas después, Mañalich se pasó al bando de los doctores y defendió a brazo partido su performance en una columna publicada en El Mercurio Inversiones.

“Lo que ha permitido este vertiginoso desarrollo ha sido precisamente un modelo de asociación médico-empresa que ha sido imitado por otras naciones. No es que la Clínica Las Condes haya alcanzado el nivel de prestigio que tiene 'a pesar del modelo de gestión médica', sino precisamente como consecuencia de dicho modelo”, comentó.

El ex ministro aprovechó de trasquilar a la administración de Grebe. “El resultado de la compañía para este año que termina no es satisfactorio. Ello se debe a problemas de gestión antiguos, y que motivó el cambio completo de la administración, y a una estructura de costos sobredimensionada para una actividad que creció menos de lo presupuestado en los últimos cuatro años”.

Fuentes conocedoras aseguran que la salida de Gil se explica por nuevos desacuerdos con el estilo de Mañalich, que asumió como gerente general y que “está gobernando bien solo”. El 30 de enero, el hasta entonces gerente comercial de CLC, Juan Pablo Aguirre, renunció al cargo.

Con todo, las versiones de cómo sigue el futuro en la clínica son varias. Y también las preguntas. Un ala cuestiona hasta cuándo Navarro dirigirá el buque. En efecto, el empresario volvió de un retiro autoimpuesto para dirigir el destino del centro de salud. Si su meta inmediata es dejar de perder plata, su presencia podría limitarse al año 2018.

Otro cuestionamiento es si finalmente algún inversionista tomará el control de la clínica, ya que se ha comentado la intención de ciertos grupos, entre ellos la familia Gómez, de vender algunos papeles. ¿Podría Karlezi tomar esa participación?

Lo más próximo será la elección de directorio en abril. Si ello trae consigo una nueva guerra civil al interior de CLC, todo está por verse. La ficha clínica cierra con la consigna de “paciente en observación”.

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