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Republicanos quieren recuperar

El puzzle de EEUU: la ofensiva de los neocons y un país fracturado

por 7 noviembre, 2004

Aunque parezca paradójico, la reelección de Bush y el auge del neoconservadurismo puede tener un efecto impensado y aleatorio: el del renacimiento de la izquierda estadounidense, casi erradicada durante la Guerra Fría, desde la vereda de enfrente al sistema.

Y al final, la reelección del Presidente George W. Bush despliega un impulso que se nos presenta a la vista como impensado tres o cuatro decadas atrás, pues se comienza a generar en cuatro años lo que ningún Presidente había logrado en toda la historia republicana de EEUU: sentar las bases de una izquierda a la estadounidense.



El lema inducido pero nunca explicitado "todos contra Bush, aunque no me guste Kerry", era el que más le convenía a la estrategia de construir alrededor del Presidente el eslogan opuesto, y que le daria la ventaja definitiva: "El que no apoya al Presidente es antinorteamericano".



Sin embargo, lo cierto es que en el Partido Demócrata, si bien se advierte el desánimo propio de la pérdida de una elección, se observa por otra parte una base de compromisos y expectativas que no existia antes de los comicios. De hecho, varios analistas distantes de la hecatombe visceral de los dias previos a la votación, señalan que el verdadero debate por la recuperacion del sistema de bienestar social y la verdadera democracia recién se inicia. "No es una victoria, pero hay una efervescencia y una oportunidad que se ha ganado", señala Leslie Kagan, de Peace and Social Justice.



De pronto, en los últimos dias antes de la elección, el candidato Kerry aparecía como una variable externa, como si hubiera sido impuesto desde afuera, y no había que ser muy agudo para rescatar reminiscencias de la Guerra Fría y del miedo al comunismo en el esfuerzo de propaganda de los estrategas de Bush. Esa variable del resto del mundo contra Bush significó al final el elemento clave en la estrategia de conseguir la reelección y fue imposible para los demócratas revertir esa situación.



El daño ya estaba hecho y los problemas eran estructurales, independientemente de que Kerry fuera o no el candidato ideal para derrotar al Presidente. Cualquier otro candidato habría caido en este cazabobos tan bien urdido. Pero esa trampa de llevar el discurso a una situación extrema, tenia dos polos enfrentados: uno, favorable a la reelección; y otro, a la formación de una verdadera plataforma de contención al neo conservadurismo (neocons, como los llaman en este país) y el integrismo religioso, que se detectó como elemento central de la estrategia para la victoria.



A partir de las dos "décadas perdidas" de los 80 y los 90, los neoconservadores -los verdaderos arquitectos del triunfo de Bush-, han optado por el discurso radical de la reconstrucción del ethos estadounidense, y en consecuencia la posibilidad de crear la nueva nación.



El trauma del 11/9



En estos argumentos se centró el discurso final de la dupla Bush-Cheney en la elección de 2000, y también lo eran para el discurso central en la presente elección. La diferencia radical estribaba en que en la anterior no existía el trauma del 11 de septiembre de 2001 y en que en la de esta semana se desarrolló una campaña puerta a puerta para sacar de sus casas a ese 10% de personas del Estados Unidos profundamente religioso que al final marcó la diferencia.

Para lograr eso se necesitaba de una serie de pasos angulares. El primero, incorporar la vision de que existía un enemigo externo, declarado, tangible, que se expresaba día a día en los medios, como el fenómeno de Irak y la inestabilidad en el Medio Oriente, entre otros, que se conectaba antagónicamente con los valores del american way of life. El segundo, tal vez el más importante, el comienzo de la consolidación también de un enemigo interno, el de la izquierda estadounidense, asociado al aislamiento, y a la campaña "antiestadounidense" externa.



En el fondo, el escenario que convenia mostrar a esa masa crítica de estadounidenses que debería salir en defensa de sus valores y de su nación, era como la historia de "A la Hora señalada", el célebre film de Fred Zinemmann. El sheriff solitario, abandonado por sus pares y antiguos aliados, frente a un pueblo temeroso, esperando la asonada de cuatro pistoleros que vienen a cobrar venganza.



Negocios son negocios



Sin embargo, esa imagen era sólo una parte de la historia. Poco importaba que este sheriff de 2004 en el fondo no estaba tan acosado, ni tan solitario. El big business del comercio internacional rogaba para que esa nueva izquierda norteamericana saliera derrotada, y triunfara la estrategia neoconservadora.



En India, las empresas del software computacional emplean casi un millón de personas a través de los servicios de outsourcing (externalización de mano de obra) de las empresas norteamericanas. Se sabía que la posición de Kerry para combatir el desempleo en su país consistia en imponer algunas restricciones al flujo en el outsourcing y recuperar empleo en los EEUU.



Pero las empresas indias no estaban solas en este clamor para un triunfo de este aparente sheriff en solitario. Chile, México, Brasil, Taiwán, y la mayor parte de los países en estrecha relación comercial con los EEUU, aunque no oficialmente, apoyaban sin ambigüedades al Presidente reelecto. Fue el caso del Presidente Lula, y apoyos provenientes de la mayoría de los paises que forman la APEC.



En el debate previo y en la espesa atmósfera creada por la campaña mediática montada por ambos bandos, los liberales ya no parecían más ser eso -liberales- en la nomenclatura conceptual estadounidense. De pronto se convertían por un espacio de tiempo en "left", izquierda. Ya no era el enemigo externo del terrorismo internacional, ahora se incorporaba este nuevo enemigo representado por el candidato Kerry.



La poderosa votación que reelige a Bush ha conseguido incorporar una visión generalizada de que en los EEUU existe una izquierda. Tanto va el cántaro al agua que al final el resultado significa una consolidación de una creencia que permanecía dispersa. La estrategia de Karl Rove, según muchos el cerebro detrás del triunfo de la reelección, daba los resultados esperados: se consolidaba un enemigo interno.



Unir lo separado



El neoconservadurismo ha insistido en la noción de que en los EEUU y en el mundo existen grupos de poder que tienen una "infinita nostalgia" por el pasado y por un regreso del ideologismo de izquierda que suaviza la dureza del sistema económico actual. Sin embargo, esta estrategia electoral condenatoria ha provocado un efecto impensado en imbricar una serie de sectores que operaban aislados. El tercerismo de la opción de Ralph Nader casi desapareció, o por lo menos no tuvo la repercusión de la elección anterior.



Así las cosas, y debido tal vez a esa repentina polarización y al tono virulento que adquirió la campaña al final, Kerry se siente obligado a conceder su derrota antes de lo previsto. El mensaje anterior a su discurso de concesión había sido que "se respetaria el derecho del elector a que su voto se contaría hasta el final".



La decisión de adelantar su discurso de reconocimiento de la victoria de su oponente representa, por un parte, una sabia actitud de un viejo zorro en política, pero tambien enviaba un mensaje en el sentido de que la caldera de la oposición a Bush estaba demasiado caliente y podía explotar en cualquier momento. En efecto si uno analiza con detención en forma desagregada los resultados por estado y por condado, el país estaba partido en dos en casi todos lados. Paradójicamente, también en sectores de la "América profunda", la oposición a Bush era de un volumen considerable. T. Friedman, en el New York Times, llegó a hablar de dos países bajo un solo Dios.



El mensaje usado al dia siguiente de la elección por ambos contendores fue el de la búsqueda de un commmon ground, el piso o la base común para unir a un pais que quedó bastante agrietado. Fue una suerte de armisticio en una disputa electoral llevada a un punto tal que muchos medios hablaron de una virtual guerra civil.



Sin embargo, esta búsqueda de la plataforma común puede más bien ser un espejismo, como espejismo es también la significación de que una votación contundente en apariencia entrega bases reales de un mandato popular.



Esta elección, del país con la democracia occidental más antigua, y que se encuentra además con la responsabilidad asumida o entregada de liderar el mundo, demuestra la vulnerabilidad inherente del sistema democrático, en donde la imperfección puede llegar a límites de alta peligrosidad. Porque si bien en Ohio no se llegó a la situación de Florida 2000 "II" ,con altas sospechas de fraude electoral, en la mayor parte de los estados con votación estrecha, el espectro de Florida 2000 se hizo presente.



¿Voluntad popular?



En rigor, en las democracias imperfectas patentadas bajo el aura de la cultura occidental, no existe generalización más peligrosa o veredicto más sobredimensionado que aquel que expresa la llamada "voluntad popular", la que además puede estar sujeta a todo tipo de manipulaciones. Esta expresión, voluntad popular, es la que más efecto ha tenido en los análisis postelectorales, y es la que posibilita al Partido Republicano y el grupo de neoconservadores hoy en el poder, impulsar y profundizar la división que sufre los EEUU hoy, y que afecta también al resto del mundo.



La elección ha demostrado, a su vez, que la existencia de una reducida fracción del mundo que apoya al terrorismo no es más que una coyuntura creada por una suerte de descuelgue de los programadores de la Guerra Fria que se quedaron de pronto sin agenda política y social.



Obviamente que la globalización bien entendida con diversidades, imbricaciones y porosidades de todos tipo no les conviene, o les conviene hasta cierto punto. Es mucho más notoria para el neoconservador la necesidad de que exista una masa crítica de terrorismo en la abstracción, que la expresión concreta de la misma. Eso es evidente. Sin esa asonada terrorista que se despliega en terreno a intervalos irregulares y a través de los medios también en forma esporádica (con la reaparición, por ejemplo, de Osama Bin Laden en un oportuno video previo al paso por las urnas), esta elección habria tenido otro escenario en los resultados y en las conclusiones respecto hacia donde se dirige la poderosa nación americana.



Con un clima menos distorsionado, el análisis de los resultados, independientemente del vencedor, hubiera aparecido sin duda con conclusiones menos apocalípticas de lo que muchos en ambos lados de la ecuación han elaborado.



Es probable también que con esta elección se forme un piso común para ampliar la revisión de los origenes del puzzle mayor: el punto de partida de los atentados del 11 de septiembre de 2001, que se eslabona con las mismas razones estratégicas que llevaron a pedir el voto de ese contingente electoral que representaria la "mayoría moral" americana, la que finalmente inclinó la balanza en favor del actual Presidente.

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