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Pentágono confiado en que misil dio en tanque del satélite espía

por 21 febrero, 2008

Pese a que la destrucción del satélite descompuesto con un misil táctico estadounidense parece haber disipado la amenaza del combustible tóxico, ahora se ha reavivado la discusión sobre el sistema anti-misiles que promueve la administración de George W. Bush.
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El Pentágono se mostró este jueves confiado en que el misil táctico lanzado en la madrugada contra un satélite espía estadounidense que se precipitaba sobre la Tierra dio en el tanque cargado de gases tóxicos, que podría haber causado daños a la población.



El lanzamiento del misil SM-3 se produjo a las 03.35 horas GMT de este jueves sobre el Pacífico Norte, al oeste de la isla de Hawai.



En una conferencia de prensa, el subjefe del Estado Mayor Conjunto, general James Cartwright, reconoció que la actuación de la Marina en el lanzamiento "era territorio desconocido" para ellos. "El grado de dificultad técnica era significativo", apuntó.



"Se pueden imaginar que en el momento de la interceptación, se oyeron gritos de júbilo en los distintos centros de operación y en el barco" "Lake Erie" desde el que se llevó a cabo el lanzamiento.



Pese a que la destrucción del satélite descompuesto con un misil táctico estadounidense parece haber disipado la amenaza del combustible tóxico, ahora se ha reavivado la discusión sobre el sistema anti-misiles que promueve la administración de George W. Bush.



La destrucción del satélite espía se produce un año después de que China hiciera lo propio con uno de sus satélites meteorológicos, lo que causó una fuerte reacción de la comunidad internacional y, en especial, de Washington.



Ahora EE.UU. asegura que se trata de un caso diferente a la prueba de Pekín, ya que se avisó con antelación de que se iba a llevar a cabo y porque se ha evitado un peligro a la población.



Además, explica que el satélite chino fue impactado a una mayor altitud, donde hay una mayor concentración de aparatos.



Reacciones



El diario estatal chino People's Daily calificó a Washington de hipócrita por criticar las ambiciones espaciales de otros países y rechazar un tratado propuesto por Pekín y Moscú para prohibir armas en el espacio y disparar misiles contra otros satélites.



Rusia también se había mostrado reticente ante el derribo, al sugerir que podría haber servido para probar una nueva arma espacial.



El Pentágono aseguró en un comunicado que el secretario de Defensa, Robert Gates, se siente satisfecho con la operación de este jueves.



El propio Cartwright y el general Kevin Chilton, responsable de asuntos espaciales en la Fuerza Aérea de EE.UU., avisaron a Gates que la operación fue un éxito, por lo que estaba "realmente complacido" y "felicitó a todos por el trabajo", apuntó.



La destrucción del satélite fue ordenada por Bush, debido a que su tanque de combustible contenía gases tóxicos (hidracina) que al chocar con la atmósfera y diseminarse podían representar un peligro para la población.



El satélite conocido como "L-21" había sido puesto en órbita desde la base Vandenberg de la Fuerza Aérea en 2006.



La Marina de EE.UU. disponía de un lapso de diez segundos para poder derribar hoy el aparato. En caso de fallar se hubiera llevado a cabo una segunda oportunidad en los días sucesivos, hasta el próximo 29 de febrero.



A lo largo de las últimas semanas las autoridades habían asegurado que existían pocas posibilidades de que los restos del satélite espía cayeran sobre zonas pobladas.



En este sentido, el consejero asesor adjunto de Seguridad Nacional de EE.UU., James F. Jeffrey, advirtió recientemente que sólo había una posibilidad remota de que el satélite se desplomara sobre Tierra, superara intacto la entrada en la atmósfera terrestre y diseminara gases tóxicos.



El Departamento de Defensa había esperado hasta este jueves para derribar el aparato, para no poner en peligro las labores de aterrizaje del transbordador Atlantis, que tras 12 días de misión en la Estación Espacial Internacional (EEI) llegó hoy al Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral (Florida).



A primera hora de ayer se llegó a temer no poder derribar el satélite, de 2.270 kilos, debido al alto oleaje reinante en el Pacífico Norte, que finalmente no impidió la operación.



El gobierno de Estados Unidos desembolsó 60 millones de dólares para poder llevar a cabo esta tarea, muy seguida por los medios de comunicación debido a la espectacularidad y la precisión requerida en la operación.



Defensa recordó que la comunidad internacional fue avisada de que se llevaría a cabo el derribo y las razones del mismo.



Mientras que el misil fue disparado desde el "Lake Erie", los buques "Decatur" y "Russell" acompañaron al primero.



El "Decatur" ayudó en la trayectoria del "Lake Erie" y el "Russell" sirvió de apoyo.



Una vez disparado tanto el misil táctico como el satélite, del tamaño de un autobús escolar, se dirigieron el uno hacia el otro a una velocidad de unos 35.000 kilómetros por hora.



EFE

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