Barack Obama y el último test - El Mostrador

Domingo, 17 de diciembre de 2017 Actualizado a las 04:10

Análisis internacional

Barack Obama y el último test

por 3 noviembre, 2008

El neoconservadurismo con el cual combate Obama proviene de varias décadas y está impregnado en todos los intersticios de la sociedad norteamericana. El legado de la administración Bush es apenas una continuidad empezada una vez terminada la Segunda Guerra Mundial.

Si hay un candidato presidencial en la historia de EE.UU. que se ha sometido a todos los tipos de rigores y tests imaginables, ese ha sido el senador demócrata Barack Obama.  Ahora este 4 de noviembre enfrenta el último, sobre el cual no podrá hacer funcionar ni su  sapiencia y buen juicio, así como tampoco la potencia de su equipo de campaña.

Después de este día, finaliza el recorrido y al no haber más campaña no sabremos cómo pudo zafarse del último escollo, excepto en una victoria.

Todo o casi todo, lo ha hecho bien. Está arriba en las encuestas de opinión; supera con holgura los pronósticos favorables en delegados; en la mayor parte de los estados en disputa  mantiene entre leves y marcadas ventajas; ha manejado una de las campañas presidenciales, desde la perspectiva del contenido y los recursos, de mayor perfección que se recuerde;  para algunos se sitúa en un modelo de cómo hacer las cosas bien, y sin agitarse demasiado. El contexto de una intersección enrarecida entre política y economía en medio de una crisis también lo favorece, dicen. Pero queda el día cuando todo se pueda traducir en un triunfo electoral, y en ese preciso día, él no puede hacer nada. Ya no tiene el control. 

Su rival republicano John Mac Cain, parece agazapado como esos boxeadores de peso mediano, aferrado a sus piernas de baja gravitación, confiando en su estrategia. Ya no tuvo el error del adversario para entrarle con el golpe clave que lo derribara.

Solo espera, que ese subconsciente del estadounidense bombardeado por décadas para asumir las “verdades hogareñas” y poco advertido de las complicaciones de una dispersa globalización, actúe con más instinto que razón y le de su apoyo. Es su última alternativa.

No se sabe cuantos son, pero el alma dormida del personaje adocenado por el neoconservadurismo despierta en las ocasiones cuando lo incitan a trascender. Funciona así cada cuatro años y por lo general, los medios lo estimulan en contiendas electorales como ésta, cuando existe la expectativa por lo menos de una reforma a un sistema que fatiga, degrada y que ha resultado terriblemente oneroso.
 
El misterio de los números y el subconsciente

Las encuestas nacionales en favor de Obama nunca despegaron del 50 o 52 por ciento y la diferencia por sobre Mac Cain casi nunca fue de dos dígitos. Eso huele a sospecha, pero mejor, es la relación espuria entre número y subconsciente en las encuestas. 

Particularmente llama la atención una de Gallup cubriendo todo Octubre donde se muestra consistentemente una diferencia a favor de Obama de 8 o 9 por ciento. Nunca varió más de un punto, y los indecisos son mucho más que eso. Frente al escenario del subconsciente que se remite a las verdades hogareñas, esa diferencia es minúscula.  

Si fuera por la editorial de The Guardian del sábado último, o la de The New York Times, BO debería vencer. Estos periódicos, que representan de alguna forma la inteligencia del liberalismo bien concebido y que está en crisis, saben que Estados Unidos necesita de una urgente cirugía mayor en sus políticas, y de que con Obama se puede iniciar un proceso que es largo. Él no sólo es un buen candidato, dicen, puede ser un buen presidente. 

Si el elector en EE.UU. coincide con esta visión, es el test de este 4 de noviembre. La incógnita angustia a los que piensan que la salud de EE.UU. es clave para la salud del mundo, y de que sin Barack Obama en la posición de poder mayor, la oportunidad se pospone no se sabe por cuanto tiempo. El neoconservadurismo con el cual combate Barack Obama proviene de varias décadas y está impregnado en todos los intersticios de la sociedad norteamericana. El legado de la administración Bush es apenas una continuidad empezada una vez terminada la Segunda Guerra Mundial. Esa ruta del neoconservadurismo ha sido larga y ha tenido pocas detenciones. 

Esta elección no es entre dos candidatos presidenciales, uno republicano y otro demócrata. Esta elección no es  convencional como las anteriores. Esta elección es entre Barack Obama y la verdadera conciencia del elector estadounidense respecto a este pasado de 63 años.

Esta elección es entre un político cuyo perfil puede ser extraído de un ensayo del teórico cultural Homi K.Bhabha. Expresa el momento y el espacio de la política, de su rasgo poscolonial, del lugar de la cultura en la política, del pluralismo analítico, del problema del adentro y el afuera como un proceso de hibridación, entre otras cosas.

La emergencia de BO en la política estadounidense no es el surgimiento de un tecnócrata con candor hacia lo público, o la de una pieza de un tablero de ajedrez. En primer lugar el tablero de ajedrez está resquebrajado, las piezas estás incompletas y el diseño del juego ya no es el original. Su emergencia es la posibilidad que abre una parte de la sociedad estadounidense para reconstruir su ethos. Es muy grande el objetivo, y está bien que así sea.  De  otra forma, las elecciones presidenciales en EEUU no deberían tomarse en serio, por lo que gravita el país en el mundo. 

Ya no es tiempo de análisis. Es tiempo de adhesiones. Homi K, Bhaba, ayuda con un párrafo de su Nation and Narration (1990), a expresar el momento actual: “América contiene África; las naciones de Europa y Asia se encuentran en Australia; los márgenes de la nación desplazan al centro; los pueblos de la periferia regresan a rescribir la historia y la ficción de la metrópolis. La historia insular es narrada desde el ojo de un aeroplano que se vuelve un ornamento que mantiene al público y al privado en suspenso. El bastión de la britanidad se sacude ante la imagen de los inmigrantes y los trabajadores de fábrica. El “realismo mágico” del boom latinoamericano, se hace lenguaje literario del mundo poscolonial emergente”.

En ese contexto hay preguntas persistentes: “¿Cuándo nos volvimos un pueblo? ¿Cuándo dejamos de ser uno? ¿O estamos en el proceso de convertirnos en uno? Qué relación tienen estas preguntas con nuestras relaciones íntimas con cada uno y con los otros?”  El subconsciente del elector en EE.UU. tendrá algunas respuestas. Es el test. Démosle la chance a todos.
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