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La crisis de las indemnizaciones postmortem

por 4 noviembre, 2000

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En estas páginas quiero darle una vuelta más a la crisis desatada a partir del cinco de septiembre en torno a las indemnizaciones en las empresas públicas. Sé que el tema es inoportuno y que ya pasó medialmente. Y que no es políticamente correcto volver sobre él. Pero creo que es necesario reflexionar acerca de él antes que la euforia electoral olvide todo lo pasado.



Ha quedado claro que detrás de la crisis de las indemnizaciones se esconde una muy profunda crisis: un quiebre elemental de comunidad.



Veamos porqué.



Se dice que Julio César, al ser apuñalado en el Senado romano, exclamó "Tu también hijo mío" al constatar con horror que su amado Bruto estaba entre sus asesinos. De ahí que los juristas hayan tomado esta expresión "Tu quoque" (tú también) que expresa la idea que debemos ser muy cautos de no juzgar y condenar actos reprobables que nosotros también cometemos. Esto lo sabe toda persona con sentido común. No es inteligente ni lógico lanzarnos en una cruzada de limpieza ética en contra de los demás, sino nosotros - los catones - no pasamos la misma prueba que exigimos al resto.



Si esta elemental norma de sentido común se hubiese respetado en Correos, los imprescindibles ajustes internos se hubiesen hecho sin "trompetas" y la empresa pública de reconocida valía hubiese salido bastante mejor parada. ¿Tu quoque filio mio ?



No era lógico arremeter en contra de la política de indemnizaciones aduciendo que eran del anterior gobierno, cuando de ese anterior gobierno eran ministros e integrantes destacados, los mismos juzgadores del "nuevo" gobierno. ¿Tu quoque filio mio ?



No es lógico que un poder del Estado arremeta contra de otro poder del Estado, exigiendo una transparencia que no practica en su seno y exigiendo una moralidad estoica que no lo caracteriza. Ello porque, más temprano que tarde, las mismas exigencias draconianas que hicimos al resto se vendrán en nuestra contra. ¿Tu quoque filio mio?



Una comunidad, como dice ser la concertación, supone una común unidad de efectos, valores, esfuerzos y objetivos comunes. Eso es lo que se ha perdido.



Si realmente fuesen integrantes de una misma comunidad, los que lanzaron llamaradas en la crisis de las indemnizaciones pudieron haberse sido igualmente justos, pero más prudentes. Antes de condenar hubiesen debido recordar aquello de "el que esté libre de pecado que lance la primera piedra". Que antes de salir por la prensa denunciando, debieron haber buscado el justo castigo sin dañar a empresas públicas valiosas, al gobierno que integran y a la clase política de la que forman parte.



Un viejo sabio judío lo decía: Antes de condenar, protestar o maldecir, comprender, comprender.

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