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Jueves, 14 de diciembre de 2017 Actualizado a las 21:42

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Apóstrofes de campaña

por 24 octubre, 2001

Ya es un mito el giro conservador de las mujeres. Se han ido empoderando, no aceptan los roles tradicionales y buscan desarrollar la capacidad de emprender, más espacios, más coherencia con la agenda progresista de ley de divorcio y derechos con responsabilidad. No toleran los discursos paternalistas y simplistas.

"Uno habla desde donde vive", sentenció una vez mi amigo teólogo de la liberación, Ronaldo Muñoz. Vivo en Rancagua y después de casi diez años (desde 1992, cuando salí electo alcalde) he vuelto a hacer campaña "pobre, pero honrada", de ésas donde lo fundamental es hacer reuniones y dialogar. En esta actividad se escuchan muchas historias, se aprende y se renuevan las visiones y las agendas.



Son pequeños apóstrofes, como una bitácora sintética de un viaje de ya varios meses. Estos confirman algunas apreciaciones generales en nuestra experiencia, pero también matizan juicios, como el del gran desengaño con la política, y el del clientelismo popular.



A la gente le importa la política.



Decenas de personas les dicen todos los días a los candidatos lo que tienen que hacer: algunos aconsejan aplicar "muchas sonrisas y más música sound". Al optar por politizar el debate y reivindicar la agenda progresista, percibimos que la mayoría entiende las visiones en juego y se mueve por sus valores de socialización política.



Fue notable lo ocurrido en un encuentro de mujeres, cuando pidieron más discurso político en medio de un esquema algo cargado a la música y la liviandad de la supuesta nueva estética del marketing.



El segmento más clientelizado no debe ser más de un 20 por ciento de la población, el mismo que en épocas de malestar y desgaste se ha ido desplazando hacia la derecha, debido al liderazgo de Lavín y la potencia populista de las campañas millonarias.



El mundo popular reclama lucha contra la discriminación.



Los llamados pobres son bravos para exigir sus derechos, aunque existe un grupo mínimo que busca aprovecharse de las candidaturas pidiendo para sí y no para sus organizaciones. Entre las solicitudes priman el mejorar casas mal construidas, ampliar la atención en salud, más oportunidades de empleo, más equipamiento deportivo y educacional, y fin a los prejuicios.



Son luchas colectivas y comunitarias, pero también hay verdaderos profesionales en pedir a todos los candidatos, y postulantes al Parlamento que parecen viejos pascueros regalando los mismos termos de mil pesos por toda la ciudad.



Es fantástico hablar del nuevo cohecho, y de las incoherencias a la hora de defender los sindicatos, regular las empresas o proteger con un registro de empresas de servicios agroindustriales a las temporeras. El arma decente es contrarrestar ese fenómeno con educación, capital social, escuela de líderes vecinales, orientación para proyectos, contactos para gestiones, apertura de posibilidades.



El peligroso discurso populista y antiimpuestos de la derecha.



Lo que sí es peligroso es la prédica antipolítica de la derecha, que degrada las instituciones y genera malestar y desconfianza hacia los políticos y la democracia. Uno de sus rasgos más distorsionados es afirmar machaconamente que se derrocharía el dinero, que habría corrupción generalizada y sería un abuso hasta el cobro de alcantarillado y de aseo.



Lamentablemente, algunos candidatos de la concertación caen en lo light, en la tentación facilista de hablar contra todo en las campañas, generando expectativas que no se cumplen y desacreditando la política. Pero son los menos.



En la derecha abunda el erosionante mensaje antiimpuestos. De allí se explica por qué tantos municipios comienzan a ver mermada la recaudación por derecho de aseo, único impuesto predial en un país donde el 80 por ciento de las casas no paga contribuciones, mientras aumenta la demanda por servicios, alumbrado y plazas.



Irrumpen los viejos, faltan los jóvenes.



Sólo en Rancagua se ha multiplicado de cinco a 70 los clubes del adulto mayor en la década. Los ancianos son demográficamente más importantes, organizados y conscientes de sus derechos. Así hacen sentir su peso electoral y reclaman con dignidad compromisos en salud, previsión y recreación.



La cara inversa es la ausencia de los jóvenes. No se inscriben y tienen pocas organizaciones, con la excepción de su participación en batucadas, clubes deportivos y alguna agrupación cultural. Es claro que el Estado no tiene políticas sustantivas en esta área, como sí ha aplicado hacia las mujeres y la tercera edad, segmentos en los que se nota la existencia de una red promocional y de proyectos.



Urge crear consejos regionales de la juventud, fomentar sus asociaciones y hacer automática la inscripción en los registros electorales, para que sean un actor con poder político y no los grandes ausentes del sistema.



Ya es un mito el giro conservador de las mujeres. Se han ido empoderando, no aceptan los roles tradicionales y buscan desarrollar la capacidad de emprender, más espacios, más coherencia con la agenda progresista de ley de divorcio y derechos con responsabilidad. No toleran los discursos paternalistas y simplistas.



A la comunidad le interesa el futuro de su territorio.

Lo que más entusiasma en las conversaciones es el diálogo sobre el futuro, sobre lo que hay que hacer e inventar. No sirve la descalificación, sí la crítica fundada y la especulación sobre políticas públicas. En un sistema centralista se confunde al parlamentario con el rol de alcalde: se habla del territorio, de las posibilidades de articulación y lobby, de legislar con sentido territorial.



Apasiona hablar de devolución de poder, de elección de gobiernos regionales, de distribuir el poder. Nos interrogan por la nueva Universidad de Rancagua, por el Paso Las Leñas, por nuevas industrias, por el posible nuevo hospital, por lo potente para la patria chica en que se vive.



Salud: El bingo nuestro de cada día



En todas partes lo prioritario es el empleo y la salud. Se multiplican los bingos, rifas y completadas para ayudar a alguien a pagar una receta, un escáner, financiar una operación, comprar un respirador. El problema es claro y categórico: se ha hecho mucho en educación, que muestra una reforma potente con resultados. En salud, en cambio, se ha sido mediocre. No hay cambio de trato, resolución ni oportunidad para operaciones y especialidades.



Es una semilla de esperanza explicar que será el ítem que más crece en el presupuesto del 2002, pero es esencial romper el círculo de la inseguridad en la salud que viven los pobres. La angustia golpea a muchas familias, y no es una exageración. Es la gran reforma pendiente, junto a la regionalización.



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