David y Goliat: Una experiencia de convergencia ciudadana - El Mostrador

Lunes, 11 de diciembre de 2017 Actualizado a las 02:38

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David y Goliat: Una experiencia de convergencia ciudadana

por 19 abril, 2002

La presente columna es el relato personal de una experiencia comunitaria que se ha vivido en la ciudad patrimonial de Valparaíso, en donde se han conjugado diversas personas e historias, para dar cuerpo a un movimiento ciudadano que ha planteado la transparencia y la participación ciudadana en la comuna, como banderas de movilización. Es el Foro Valparaíso Posible, ideado como un rescate cívico para exigir que las decisiones públicas y privadas respeten la dignidad del porteño y su identidad.



La Unesco declaró a esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. Esta distinción permite a la ciudad patrimonial acceder a un apoyo que llegaría a los 50 millones de dólares. Disponer de estos recursos significa desarrollar proyectos para atender al mantenimiento de este ícono cultural mundial, que se distingue en el catálogo de Unesco por su morfología de arcada o anfiteatro y la cultura propia de su población. Pioneros que han ido escalando colinas para dejar descolgada del cielo una enredadera de fantasía, rica en historias e identidades; barriadas que se reconocen y que se remontan al nacimiento de nuestro país. Esos cerros que caracterizan a un Valparaíso democrático, en donde la mansión y el conventillo aprendieron a convivir y respetarse; esos cerros que no son favelas, sino barrios porteños que han crecido con esfuerzo de siglos. Pero esos cerros están hoy deteriorándose por la erosión, por los incendios forestales, por muros de contención derruidos y por falta de una política que rescate las juntas vecinales del clientelismo electoral que las ha distorsionado.



Por un largo período que se remonta a la gestión del Ministro de Obras Públicas, Ricardo Lagos, se ha venido gestando este megaproyecto inmobiliario, que ha buscado usar la costanera de todos en un proyecto de pocos. El municipio logró que el gobierno de la época decidiera que se habilitara el acceso sur al puerto de Valparaíso, con requerimientos de ingeniería de altísimo costo, ya que ha implicado solucionar una pendiente empinadísima para los vehículos de gran tonelaje que ingresarán y saldrán del puerto por esa ruta. Con esta decisión se fue despejando la parte norte del puerto y se hizo tabla rasa de los estudios que había desarrollado el Colegio de Ingenieros, para un diseño portuario conectado por Cabritería, acceso norte, con una pendiente suave y proyectado por ferrocarril hacia el barrio industrial de El Salto.



Esto es lo que resumidamente ha ocurrido en Valparaíso. Un conjunto de empresas públicas y privadas están pretendiendo que la costanera les rinda como negocio la máxima plusvalía, convirtiendo el área en un condominio en altura, que alterará para siempre la forma natural de un Valparaíso de brazos abiertos sobre el Pacífico.



Sin embargo, por lo crucial que es para todos la posibilidad que los intereses en juego logren su propósito comercial, así se rompa la identidad de la ciudad, es importante destacar la forma como personas que habitan en este puerto, en esta ciudad universitaria y cultural, han ido asumiendo su compromiso con la tierra que aman, para oponerse a este proyecto inmobiliario, pese a que ha sido promovido por grupos de interés y el propio municipio, como el megaproyecto de borde costero que traería una mágica solución a los problemas endémicos de cesantía y pobreza que arrastra la ciudad.



En este Foro local se ha fijado como premisa básica que las personas trabajarán en función de los intereses ciudadanos, sin admitir que ningún partido o alianza pretenda manipular al grupo. Son personas arraigadas en la ciudad. No es difícil encontrar coincidencias, basta remontar las colinas de Valparaíso para rememorar los adoquines, los espacios memorizados de niño, recordar las espumas de la libre costanera, los festivales corales en la bahía, los parques abiertos de una ciudad con miles de vidas paralelas, coincidiendo en el tiempo, divisándose en las plazas, en los viejos cines, en el estadio, en la bohemia, con una común vocación de civismo. Se fue tejiendo en este acercamiento ciudadano, una mística de grupo, que se basaba en el sentimiento compartido de estar dando una pelea de David contra Goliat.



Consolidando la participación de diversos grupos, la organización civil, Foro Valparaíso Posible, dirigió una nota al Departamento de Desarrollo Sostenible del BID, para solicitar que ante la posibilidad del otorgamiento de un préstamo para el mantenimiento de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, se exigiera un concurso de proyectos, con amplia participación ciudadana. Además se pidió especial celo en la supervisión de los recursos, para evitar cualquier riesgo de triangulación a gastos que no corresponda a los criterios de sustentabilidad que se fija para un proyecto patrimonial. Esta comunicación causó escozor en el medio y la prensa quiso acusar al Foro de francotiradores anti-progreso. Pero tuvieron que desmentir posteriormente y de esta forma quedó al descubierto una maniobra comunicacional pensada para hacer pasar sin problemas el proyecto por la Municipalidad y comenzar su implementación.



El proyecto de borde costero ha sido impulsado por la Empresa Portuaria de Valparaíso, los grupos privados que han ido adquiriendo terrenos del borde costero (Compañías Navieras que participan en el negocio marítimo portuario), y el propio municipio, que ha promovido este megaproyecto como única opción para reactivar Valparaíso. El proyecto aparece hasta ahora definido sólo a nivel de perfil, con una serie de inconsistencias jurídicas y técnicas, y propone construir edificios de altura para uso habitacional y una torre de 25 pisos en el centro de la costanera.



El proyecto de EPV requiere el cambio del Plan Regulador de la ciudad, para admitir el uso en fines habitacionales, en vez de portuarios y ampliar el porcentaje edificable en la costanera. En el proceso de consultas, se logró presentar observaciones, principalmente centradas en las rasantes que impedirían la vista a la bahía desde los cerros y ocultarían la ciudad para siempre detrás de un biombo. Para ilustrar la idea, se convertiría Valparaíso en un barrio tipo Miami, con favelas llenas de pobres arriba de los cerros, pobres que no tributan y no son mercado objetivo para el proyecto que se plantea. El escaso terreno de la costanera quedaría amurallado como barrio exclusivo para quienes puedan pagar por ello.



En el Concejo Municipal del 17 de marzo, se aprobaron la mayor parte de las observaciones ciudadanas, principalmente apuntadas a evitar que la ciudad quedase bloqueada por un enorme y exclusivo condominio y un hotel para la supuesta atención de pasajeros de los trasatlánticos. En verdad, la experiencia de los cruceros ha sido buena sólo para los operadores portuarios, ya que la gente que viaja viene con circuitos pagados desde origen y nada consume en la ciudad. Lo concreto es que en nuestros puertos esos trasatlánticos sólo descargan sus contenedores de residuos fecales y las expectativas de lograr un impacto social positivo es algo descartado por administradores culturales y expertos en turismo cultural y social.



La defensa del anfiteatro porteño, de la identidad de una ciudad de cerros y costanera, conformando una identidad irrepetible, comenzó a dar resultados. Sin embargo, no cabe duda que los gestores insistirán y sólo podrá frenar su impulso una ciudadanía movilizada.


Consulta a la Contraloría Regional



Cuando la ciudadanía ejerció sus derechos y exigió transparencia, lo hizo respetando absolutamente la legalidad. Es así como plantearon una serie de dudas acerca de la capacidad legal de una empresa autónoma del Estado para derivar bienes de éste a fines diferentes al que tuvo su asignación. Siendo heredera de Emporchi, la Empresa Portuaria Autónoma de Valparaíso tiene definido por ley un fin portuario. Es por eso que ¿puede asumir una ampliación de giro y convertirse en empresa inmobiliaria que renta departamentos?



Esta gran duda motivó una presentación ante la Contraloría Regional, en la cual se solicitó un pronunciamiento sobre la legalidad de estas actuaciones de la EPV y la duda sobre las potestades superpuestas que implica un puerto, donde ejerce autoridad la Armada de Chile, a través de Directemar, el Servicio Nacional de Aduanas, la Empresa Portuaria Valparaíso, el Municipio y la Intendencia, que tiene a cargo el Plan de Desarrollo Intercomunal, que regula todos los bordes costeros de la región.



Entre los aspectos que merecen dudas está, además, el hecho de que aparezca asesorando a la EPV la Fundación Valparaíso, en la cual participan los mismos impulsores del proyecto, con directivos de la EPV como miembros de su directorio. Habiendo actuado esta Fundación como Consultora externa, le han sido asignados diversos estudios. Es preciso clarificar, con la máxima transparencia, si se han cumplido esas adquisiciones de servicios externos, las reglas de transparencia e independencia que la Ley 19653 sobre Probidad, y la Ley 19880 sobre Procedimientos Administrativos, marcan para entidades públicas.



La civilidad propositiva, un cambio deseado



La experiencia de Foro Valparaíso Posible continúa, pero en el medio local se enfrenta una fuerte presión mediática. La empresa El Mercurio ha sido promotora del Proyecto de Borde Costero y en el plano político nadie, salvo algunos concejales disidentes, han levantado la voz para oponerse a este proyecto. Al parecer, el propio gobierno, en un afán mediático, sin atender a las raíces culturales y sociales de la ciudad, ha tomado decisiones centralistas y autoritarias para impulsar algo que tenga impacto electoral.



Pero quienes integramos este Foro ciudadano somos precisamente personas que pusimos convicción y energías para abrir espacios a la recuperación democrática, lo cual coloca a la situación una alta dosis de confusión y complejidad. Mientras las cúpulas políticas sacan cuentas proselitistas y apuestan a mantener sus cuotas de poder y de publicidad para el período oneroso de las campañas municipales que se avecinan, la gente, el hombre de carne y hueso, el poblador que pese a estar cesante no se traga nuevas promesas electorales, está invocando en la práctica una democracia participativa, una nueva utopía contemporánea que pretende la dignificación de las personas.



Es preciso asumir que esta reacción de la ciudadanía significa que se está removiendo un largo letargo y apatía. Líderes sociales, que dejaron el poder en manos de pequeños grupos políticos, que coparon los espacios de representación popular, aprovechando con mucho gusto el sistema binominal impuesto por la Constitución de 1980, lo cual ha sido similar en los partidos de gobierno y oposición. Quienes rechazaban la forma autoritaria, excluyente y feudal del gobierno local, y que se habían sido excluidos de las máquinas que se repartieron el poder, han comenzado ahora a reagruparse y los resultados de su acción concertada y comprometida han dado resultados.



Foro Valparaíso Posible se ha planteado como espacio de convergencia, en donde pueda levantarse un banco de proyectos para la ciudad, los cuales puedan ser promovidos ante organismos internacionales, sin pasar por los centros, interactuando directamente con organizaciones cívicas de Canadá o Europa, que están dispuestas a fomentar la asociatividad y el espíritu de solidaridad.



Los temas ambientales, culturales aparecerán priorizados al formular una carpeta de proyectos para la ciudad, pensados a escala humana. Se plantea una alianza estratégica con porteños del exterior, para canalizar acciones de cooperación a nivel social. Porque actuando en red internacional, en defensa de intereses comunes, la comunidad podrá neutralizar la presión mediática de los poderes fácticos y se extenderá esta experiencia de civilidad activa. Es la misma civilidad que se ha planteado por la paz en el plano global, la que debe defenderse de los monopolios y grupos de interés en el plano local.



Foro Valparaíso Posible ha comenzado a constituir un hecho político nacional, que ayuda a demostrar que la brecha entre la política y la gente puede marcar grandes sorpresas cuando las personas se unen en función de sus intereses más cercanos y concretos, en este caso, la defensa del Valparaíso que amamos.









*Hernán Narbona Véliz es miembro de Periodistas Frente a la Corrupción (PFC) y del Capítulo chileno del Ombudsman (hnarbona@yahoo.com).

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