Huelga de hambre - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 15:40

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Huelga de hambre

por 2 septiembre, 2003

Sorprende la liviandad de las autoridades gubernamentales, su distancia gélida frente a un gesto de jóvenes dañados por la dictadura, quienes realizan un acto que debe ser acogido. Nada dicen, nada hacen, no se acercan para escuchar sus razones.

Dudo que incluso usted, lector informado, sepa que un grupo de hijos y hermanos de detenidos desaparecidos, de ejecutados, de torturados decidieron hacer una huelga de hambre. Este acontecimiento ha sido apenas mencionado por los medios de comunicación, pese a que se prolonga por varios días.



Se trata de un recurso desesperado para reclamar contra una política que los huelguistas repudian. Han decidido llegar hasta el límite, poner sus cuerpos en riesgo, porque tienen la convicción que no hay otra forma de hacerse oír. Tensan la cuerda, se codean con lo desconocido, pues en verdad ignoran si serán capaces de resistir, si podrán soportar la ansiedad, la angustia que provoca el gesto, la deshidratación que cada día que pasa debilita la resistencia física y mina la fuerza síquica, incluso de cuerpos jóvenes.



Sorprende la liviandad de las autoridades gubernamentales, su distancia gélida frente a un gesto de jóvenes dañados por la dictadura, quienes realizan un acto que debe ser acogido. Nada dicen, nada hacen, no se acercan para escuchar sus razones.



Este distanciamiento, esta ignorancia simulada frente a un hecho que, sin embargo, saben que está sucediendo, revela un estilo. Las políticas de derechos humanos no se realizan en dialogo con las víctimas, sean estas las agrupaciones de familiares o los colectivos como el que patrocina esta huelga, denominado Luciano Carrasco. Más bien se realizan mirándolos de reojo, porque sus gritos, sus marchas, sus huelgas de hambre vienen a poner en peligro la deseada reconciliación, el plan estratégico para cerrar este año conmemorativo.



Las políticas de derechos humanos se elaboran, en código pragmático, tomando en consideración los verdaderos factores de fuerza. Y ni las agrupaciones ni este colectivo tienen otro poder que el moral. Legitimidad que frente a este tema no tienen ni las Fuerzas Armadas, ni la UDI, cuyas opiniones si se sopesan y consideran. Pero ellos tienen una capacidad esencial, pueden hacer naufragar la operación de cierre, la gran liturgia del "nunca más".



Sin embargo, esta huelga de hambre pone en jaque la política de derechos humanos del gobierno del Presidente Lagos. Es posible que algunos consejeros áulicos con impulsos paranoicos crean que este acto es una manipulación política o la punta de iceberg de alguna conspiración extremista.



Pero se equivocan. Ella constituye un gesto desesperado de rechazo de una política de equilibrios y conciliaciones. El gobierno de Eduardo Frei tomó resuelto partido para liberar a Pinochet de las amenazas de extradición hacia España y de la detención en Inglaterra. El de Ricardo Lagos se refugió en la separación de poderes para jugar a la neutralidad y no emitir un juicio político claro sobre la indiscutible culpabilidad de Pinochet, el gran responsable de la degradación del Estado chileno, convertido en un aparato para asesinar, hacer desaparecer cuerpos, torturar.



Las agrupaciones de derechos humanos y este colectivo Luciano Carrasco tienen razón cuando rechazan políticas que emanan de esa toma de posición neutralista. Ellos esperan que los actuales depositarios del poder ejecutivo tomen de manera nítida el partido de las víctimas y reparen los daños que han sufrido y sufren. No desean que siga tratando de conseguir la cuadratura del circulo, a nombre de la necesidad de no seguir atados al pasado.



Solo es posible olvidar cuando se han creado las condiciones. Umberto Eco dice, en una entrevista sobre la memoria, que es imposible olvidar de una manera obligada y compulsiva. Eso constituye una represión intencionada del recuerdo.



No puede haber olvido elaborado mientras exista la sensación de la impunidad. Mientras se mantenga la sospecha de que no se ha hecho un esfuerzo a fondo para conseguir verdad y justicia, de que en las políticas gubernamentales prima el deseo de dar vuelta la página para evitar que los militares sigan desfilando por los tribunales.



Contra todo eso es esta huelga de hambre del colectivo Luciano Carrasco.





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