No nos rindamos ante el hambre - El Mostrador

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No nos rindamos ante el hambre

por 1 enero, 2006

Inundaciones, plagas, pestilencia y hambruna; aún en la era espacial seguimos sufriendo los males más antiguos de la humanidad.



Hemos presenciado una incesante sucesión de desastres, tanto naturales como causados por la mano del hombre. Para cuando comenzó el 2005, nuestra operación de emergencia en respuesta al tsunami del Océano Índico estaba ya en pleno apogeo. Ahora que se acerca el final de esa operación, nos encontramos en medio de otra operación para alimentar a más de un millón de sobrevivientes del terremoto en Cachemira. En el intermedio, hemos luchado para alimentar a cientos de miles de personas afectadas por la sequía y las langostas en Níger y a millones más que están siendo afectados por la continua violencia en Darfur. Tuvimos los huracanes Katrina y Stan. No hemos tenido un respiro en el 2005, considerado el año más desafiante que la comunidad internacional de la ayuda humanitaria haya enfrentado desde la Segunda Guerra Mundial.



Es indiscutible que el 2005 ha sido un año excepcional en desastres para millones de personas en el mundo en desarrollo. Lamentablemente, la impresionante ola de generosas donaciones que provocó el tsunami en gobiernos, el sector privado y en personas ansiosas por ayudar, contrasta con la dismunición paulatina registrada hacia el cierre de este año en las donaciones para otras grandes emergencias



Es muy fácil justificar este fenómeno como resultado de la fatiga de los donantes. Los donantes fueron inundados con pedidos de ayuda internacional inclusive en el 2004, pero cuando el tsunami ocurrió parecía que no había límites a la voluntad de las personas de meter la mano muy dentro de sus bolsillos. A tan solo dos semanas de haber lanzado su pedido de ayuda, la operación de asistencia del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas ya había recibido el 80 por ciento de los fondos. Otras organizaciones humanitarias inclusive tuvieron que solicitarle a las personas que dejaran de donar, puesto que ya tenían fondos más que suficientes para sus programas.



Hubo algo en el tsunami que tocó los corazones de la gente de una manera que muy pocas crisis lo han hecho. Fue en gran medida la imagen del propio tsunami - una inmensa ola abatiéndose sobre pequeños pueblos y comunidades, destruyéndolo todo a su paso - lo que captó la imaginación del público y les movió a responder. La cobertura de los medios, así como el hecho de que ocurrió durante las vacaciones de Navidad, nos obligó a sumarnos a la acción y a sentir su impacto.



Aunque estamos concientes que las víctimas de otros desastres no sufren menos que las víctimas del tsunami, el mismo elemento o factor de conmoción del tsunami está ausente en las nuevas emergencias. Nos hemos acostumbrado a las imágenes televisivas de las inundaciones, deslizamientos de tierra y terremotos - aún de las imágenes de las guerras. Aún sentimos compasión, pero hemos perdido el sentido de la urgencia. Y lo que sentimos como individuos se ve reflejado en la acción de los gobiernos - las donaciones llegan, pero a menudo lentamente. Es por eso que ocho semanas después del terremoto que mató a más de 70 mil personas en la parte norte de Paquistán y en la Cachemira administrada por Paquistán, el pedido de ayuda de las Naciones Unidas contaba con menos del 30 por ciento de los fondos. De igual forma, no fue sino hasta que las horrendas imágenes de los niños muriendo de hambre en Níger, que fueron captadas por el PMA, aparecieron en las pantallas de la televisión de la BBC, que el mundo despertó ante la crisis y efectuó donaciones que, desafortunadamente, llegaron demasiado tarde para tantos de esos niños.



Muy poco y muy tarde. Se trata de una crítica chocante que nosotros como miembros de la comunidad de asistencia humanitaria hemos escuchado demasiado a menudo. Al final, sin embargo, la respuesta de la mayoría de los donantes ha sido estupenda. No obstante, hay una inevitable demora entre el momento en que ocurre un desastre y el momento en el que llega la ayuda. No se puede simplemente arrojar ayuda a una crisis. En los días que siguieron al terremoto de Paquistán, las carreteras estuvieron repletas de camiones y automóviles cargados hasta el tope de su capacidad con todo tipo de artículos de asistencia ofrecidos por personas generosas. Gran parte de esa "asistencia" temprana todavía puede verse apilada a lo largo de los caminos.



Más que nada, lo que realmente se necesitaba durante esos primeros días era grandes cantidades de tiendas de campaña, frazadas y suministros médicos. Luego se necesitó alimento, agua limpia y seguridad sanitaria. Tuvimos que averiguar cuántas personas necesitaban ayuda, en dónde estaban y cómo podíamos llegar hasta ellas.



Al igual que en cualquiera otra gran emergencia que hemos enfrentado, la operación de asistencia necesitaba millones de dólares en fondos - en el caso de Paquistán, las Naciones Unidas estimó que necesitaría cerca de $550 millones durante los seis meses subsiguientes. Recolectar semejante cantidad toma tiempo - pero en las emergencias, el tiempo es un lujo que no nos podemos dar.



Es cierto que tenemos a nuestra disposición ciertos medios para movilizar asistencia de emergencia para anticiparnos a las donaciones. El PMA tiene lo que se denomina una Cuenta de Respuesta Inmediata, un fondo de hasta $70 millones que fue creado específicamente para tal fin, pero que debe ser repuesto cada vez que sea utilizado. Este fondo, sin embargo, está ahora peligrosamente reducido y su actual balance es de menos de $28 millones, lo cual nos deja pocos recursos para enfrentar otra gran emergencia en el futuro inmediato. Otro esquema que estamos ensayando en el PMA es el de brindarle un seguro de hambruna contra desastres naturales tales como sequías o inundaciones a las comunidades vulnerables.



Ninguno de nosotros sabe lo que nos traerá el 2006. Todos podemos desear un año más tranquilo, con lluvias a tiempo y poca actividad sísmica. Tenemos, sin embargo, que estar preparados para cualquier eventualidad. Y si ello implica pedir aún más fondos a nuestros ya generosos donantes, eso será exactamente lo que haremos.



James Morris es el Director Ejecutivo del Programa Mundial de Alimentos de las Naciones Unidas.


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