La apuesta turística de las comunidades indígenas - El Mostrador

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La apuesta turística de las comunidades indígenas

por 1 marzo, 2006

Luis Vita y su familia son miembros de la comunidad pehuenche de Pitril, en el Alto Bío Bío. Tiene alrededor de 30 años y ya destaca como un entusiasta microempresario de la zona, pues en sus 8 hectáreas de terreno, ha levantado una zona de camping que lleva varias temporadas atrayendo turistas a orillas del río Queuco. El negocio anda bien, pero para mejorar la calidad del servicio, el verano pasado habilitó baños públicos que reemplazaron las antiguas casetas sanitarias. Este proyecto Conadi-Orígenes le permitió ingresar a la extensa red de zonas de camping registradas por Sernatur, aumentando así sus posibilidades de difusión.



Una experiencia parecida es la que cuentan en la comunidad atacameña de Peine, a 212 kilómetros de Calama. Actualmente, el lugar se emplaza como uno de los pueblos con mayores perspectivas de desarrollo de la región, gracias a que sus habitantes supieron guiar la mayor parte de la inversión pública y privada hacia la consolidación de su casa de huéspedes. El albergue de Peine además de ser un complejo turístico de calidad, se ha ido transformado en una alternativa laboral para los jóvenes del pueblo, que no dudan en especializarse como agentes de turismo local.



Así como en la zona cordillerana de la Región del Bío Bío y el desierto de Atacama, se cuentan por decenas las iniciativas turísticas que intentan impulsar el desarrollo con identidad de los pueblos indígenas de nuestro país. Porque hoy, nadie discute que un Estado que persigue el bienestar común de todos sus habitantes, no puede reducir las demandas de los pueblos originarios sólo a la restitución de tierras ancestrales. En un mundo donde los cambios se suceden continuamente, es vital responder con tecnologías y capacitación. Y en ese sentido, el Programa Orígenes -implementado desde el año 2001- representa un modo particular de ser y actuar en la institucionalidad pública.



La iniciativa de gobierno corresponde a un producto estratégico de la Subsecretaría de Mideplan, que acentúa y complementa el trabajo intersectorial en el tema indígena. Para su ejecución, los ministerios de Educación y Salud, junto a Indap, Conaf y Conadi se interrelacionan para desarrollar modelos de gestión pública en políticas y programas indígenas.



En concordancia con los objetivos de la política del Nuevo Trato, Orígenes avanza, entre otras materias, fomentando el fortalecimiento de las comunidades y su emprendimiento productivo, áreas donde las propuestas de turismo tienen mucho que aportar, fundamentalmente por los beneficios ambientales, socioeconómicos y culturales que reportan tanto en el plano local como nacional. Es un hecho que el etnoturimo puede convertirse en una nueva forma de apropiación del entorno natural y conocimiento de las culturas ancestrales, y al mismo tiempo, en una fuente de empleos. Con el apoyo de Orígenes y otras instituciones públicas, la gran tarea de capacitación que hay detrás de la implementación de este tipo de proyectos, ha contribuido a internalizar en las comunidades la necesidad de materializar albuergues, zonas de camping, circuitos turísticos o sitios patrimoniales que a la larga, también enriquecerán su propia gestión cultural.



Los mapuche del Valle de Elicura, en la provincia de Arauco, prueban que sus iniciativas culturales y productivas pueden verse potenciadas cuando enfrentan experiencias de etnoturismo con capacitación. Las zonas de camping que abundan a orillas del lago Lleu Lleu, son administradas durante el verano como verdaderas microempresas, y gracias a su eficiente manejo permiten organizar el año hasta el próximo verano.



Sin embargo, el gran desafío del etnoturismo es llegar a ser una actividad sustentable en el largo plazo. Por lo tanto, su primera condición es alcanzar la equidad y generar ganancias para los habitantes, pero también debe buscar la autodeterminación de las necesidades, la autogestión del patrimonio cultural y natural y la autonomía cultural de cada comunidad.



No es casualidad que Alabalti -bienvenido en kunza- sea una de las palabras que más se repiten al recorrer los atractivos del desierto de la Segunda Región, pues así como en Peine, las comunidades atacameñas administran alrededor de 15 sitios patrimoniales de la provincia de El Loa. El ejemplo que ellas brindan confirma el papel que pueden jugar nuestros pueblos originarios en la vida económica y social del país.



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Juan Francisco Fernández V. es secretario ejecutivo del Programa Orígenes

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