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Es tiempo de aunarnos para cambiar el rumbo del modelo imperante

por 1 noviembre, 2006

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Tengo la sensación de que vivimos en tiempos de homogenización y no de diferenciación; aunque imposible sea la mezcla de agua y aceite.



Por mi parte, y quién sabe por qué rareza, asisto a dos visiones políticas del Chile actual, que por cierto, no obedecen a la composición entre Concertación y Alianza, sino que a la pujanza entre los que usan todo su poder y recursos para mantener los niveles de concentración de nuestra economía y quienes, desperdigados por todos lados, venimos sustanciando la urgencia de cambios al modelo vigente.



Puede que esté equivocado, pero lo vengo viendo desde el día en que salí de mi prolongado retiro de 5 años en una cabaña del Cajón de Maipo, cuando -a propósito de un discurso del entonces saliente presidente del PDC, Adolfo Zaldivar- noté sentido en lo que, humildemente, califico como imperativo ético de "corregir el modelo".



Quizás muchos quisieran mucho más que corregir y, sin dudas, lo visualizo en socialistas, izquierdistas y DC desilusionados y resignados que alzan sus banderas diferenciadoras sin mayor impacto y apoyo de la gente: el pueblo.



Sin embargo, homogenizar es una tarea que no se entiende, sabiéndose que al frente y por todos lados, las fuerzas conservadoras de los defensores del status quo, comparten un mismo anhelo y una misma tarea, copando todos los medios comunicacionales y todos los espacios políticos.



Homogenizar, junto con resolver un mensaje común de quienes estamos por introducir cambios de justicia social, significa devolverle al pueblo las herramientas necesarias para regir sus destinos, para ser libres, para que haya un bien común donde el esfuerzo de todos se distribuye en todos y no en unos pocos, para -en resumen- dignificar y dignificarnos.



Que las diferencias, de qué hacer para una patria más justa, se multipliquen por miles, pero que éstas no sean el instrumento de los poderosos para dividir el afán de cambiar el rumbo y, así, los avaros de siempre, no sigan regocijándose en su codicia.



Un amigo, Carlos Tomic, me repite a diario que él es puente de esta nueva pelea por justicia y yo, con arrojo y desprendimiento, estoy repitiendo a diario también, que es necesario ponerse detrás, delante y al lado de todos y todas para hacer viable una comino justo al desarrollo.



No sé quienes son los hombres y mujeres que encarnarán esta tarea homogenizante del necesario cambio de rumbo, pero estoy cierto de que serán los más prudentes, sabios y generosos que la patria ha visto nacer, haciendo suyo aquello de que "el gran desafío que tenemos es construir una sociedad solidaria, con un efectivo y real crecimiento económico y con una cada vez más justa distribución de la riqueza", como lo dijera una de las personas que más vengo admirando en el último tiempo: Hernán Bosselin.



¿Cuándo si no es ahora?



Ahora que la justicia vale menos infinitamente menos que el orín de los perros.



¿Cuándo si no es ahora?



Ahora que la justicia tiene menos infinitamente menos categoría que el estiércol.



¿Cuándo es cuando?

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Alejandro Salas. Secretario Ejecutivo Instituto Jorge Ahumada


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