Un rumbo claro: Un balance del Mensaje Presidencial - El Mostrador

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Un rumbo claro: Un balance del Mensaje Presidencial

por 25 mayo, 2007

Hemos asistido a un ejercicio de consistencia política. Contemplamos como, quien por voluntad soberana de los ciudadanos dirige al gobierno, da cuenta a sus mandantes de algo sencillo pero esencial, que aquellos compromisos que son la base del contrato cívico que la hicieron presidenta están vigentes, se están cumpliendo y además, en atención a la bonanza de Chile, van a profundizarse y agilizarse, no sólo porque podemos sino porque debemos.



En tiempos donde el prestigio de la política goza de tan mala salud, resulta estimulante contar con un liderazgo que dice lo que piensa y hace lo que dice. Un liderazgo nacido en nuestras filas, reconocido por la Concertación y validado por el pueblo, que expresa nítidamente los mejores rasgos de identidad del socialismo chileno y su tradición histórica: consecuencia, credibilidad, compromiso social, espíritu libertario, compromiso democrático y carácter antidogmático.



Nuestra presidenta reafirmó, con una batería inédita de iniciativas que atraviesan todos los nudos sensibles del quehacer del país, una carta de navegación que tiene un puerto claro y alcanzable: un sistema de protección social moderno, justo y responsable.



En ese trazado la Presidenta Bachelet reestablece además un aserto que los pragmáticos se han afanado por relativizar, pero que apunta a las bases de una vida colectiva sana, que tiene en el centro la preocupación por la dignidad del hombre y su bienestar: la economía está al servicio de la sociedad, no al revés.



La decisión de flexibilizar la regla fiscal y fijar el superávit estructural en un 0.5 % del PIB recoge los planteamientos hechos en el programa al respecto, y la amplia discusión que se desarrolló en la Concertación en los últimos meses sobre la necesidad de invertir una parte de la holgura fiscal en fortalecer la protección social. Este anuncio garantiza que, para el 2008, el país tendrá el presupuesto más expansivo de su historia, un paso decidido en la dirección por reestablecer la capacidad de nuestro aún pequeño Estado para acortar las brechas de desigualdad e injusticia, que siguen siendo parte del paisaje social del Chile de hoy.



En el giro introducido por la Presidenta no existen asomos de populismo, sino de responsabilidad y convicción. También es nuestro imperativo el manejo fiscal serio, la mantención y el fomento de las condiciones económicas que abonen a nuestro crecimiento y credibilidad. Pero es serio también ser realista, reconocer el cambio de las circunstancias objetivas que antes recomendaban cautela y ahora abren margen a la audacia. La presidenta lo ha hecho, confirmando de paso otro de los atributos de su liderazgo, su receptividad. Su capacidad para reconocer entre los argumentos del legítimo debate que animan el cuerpo vivo que es su coalición aquellos que coadyuvan a la tarea de gobierno.



Hemos encarado dificultades y Transantiago, como lo admitía la propia presidenta, es un recordatorio permanente. Pero estamos seguros que serán transitorias. En cambio, las huellas permanentes de este, nuestro gobierno, afirman raíces profundas en las dimensiones más sensibles de la vida de los chilenos.



Obras de infraestructura que dinamizaran la vida de nuestras regiones, un salto en la cobertura de salud garantizada, 23 nuevos hospitales, un presupuesto para educación de más de 5 mil millones de dólares anuales, un sistema de pensiones universal y con pilar solidario en operación ya a mediados del 2008, 900 nuevas salas cunas al año, mejor seguro de cesantía, más tribunales del trabajo, la institución del Defensor Laboral y la resolución del drama de los deudores habitacionales, son sólo parte del contundente paquete de acciones anunciado por la presidenta. Medidas, cada una de ellas, que impactarán perdurablemente la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras de chilenos, con el énfasis justiciero que las amplifica y privilegia entre aquellos más postergados de nuestros compatriotas.



Hay motivos para el optimismo. Un llamado que nos convoca a todos y nos desafía por la envergadura de los retos, pero que sienta las bases para reestablecer el vínculo de confianza con los ciudadanos y proyectar la obra fecunda de la Concertación hacia delante.



Un llamado que no ignora que, junto a las políticas públicas, sigue abierta la contienda por más y mejor democracia. Siguen pendientes nuevas batallas por restituir la plena ciudadanía a los cientos de miles de chilenos que viven fuera de la patria, víctimas recientes de la deshonestidad de la derecha. Sigue pendiente y presente la urgencia por la reforma un sistema electoral que consagra por un lado la exclusión y por el otro el subsidio a los herederos políticos de la dictadura. Sigue vigente el desafío de incluir sin cortapisas el potencial ciudadano de millones de jóvenes, excluidos de facto del ejercicio electoral.



La tarea que sintetizó la presidenta es imponente, pero al mismo tiempo impostergable. Es ni más ni menos, lo que nos comprometimos a realizar. Avanzamos, pero quienes constituimos su base de apoyo político debemos apurar el tranco. Con unidad de propósitos y valorando la riqueza que contiene nuestra diversidad de miradas. Reconociendo el rumbo nítido que traza la presidenta y recogiendo su llamado para enriquecer desde nuestros roles y experiencias, la acción de un gobierno que es el nuestro.



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Jaime Gazmuri es senador del Partido Socialista

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