Transantiago y la política de papel - El Mostrador

Jueves, 18 de enero de 2018 Actualizado a las 21:43

Transantiago y la política de papel

por 3 septiembre, 2008

El debate sobre el Transantiago entre gobierno y oposición pone en evidencia la poca vocación de Estado de nuestra elite política. La reyerta tiene más elementos de preocupación por la imagen propia y por la derrota del adversario, que de una búsqueda sensata de soluciones. Toda la racionalidad y pragmatismo que se esgrimen en sus discursos sobre la modernidad y el desarrollo del país, hacen agua a la hora de encontrar la solución al transporte público de Santiago.



A estas alturas el Transantiago es un tema que indigna. Mientras se veja diariamente a la ciudadanía con un transporte público deficiente, gobierno y oposición se disputan los despojos políticos de un mal diseño y una peor implementación, sin enfrentar la solución de una manera directa.



La omisión de responsabilidad que hace el ex presidente Ricardo Lagos al señalar que sólo hizo el diseño, es inaceptable. La ingeniería de diseño del cambio de un sistema de transporte público por otro implica también el cronograma de implementación, sea total o parcial, y las condiciones en que empieza. Se trata de una iniciativa de política pública y no de una mera ocurrencia de un gobierno.



A la ciudadanía le consta que la infraestructura física de la ciudad no estaba preparada para el cambio. Aún hoy día se siguen habilitando calles y paraderos con zonas de prepago, lo que debiera haber sido parte del diseño y ejecutado antes del cambio de sistema. No existe todavía un mecanismo adecuado de gestión de flota, y aún faltan buses, temas también del diseño. Y la licitación que determinó la cantidad de buses la hizo Javier Etcheberry, Ministro de Obras Públicas de Ricardo Lagos, quien adecuó la cifra a un criterio de tarifa y no de calidad y frecuencia de los viajes.



Los estudios y opiniones de SECTRA tampoco pasan el escrutinio y lo implementado por la primera gestión del Ministerio de Transportes durante el actual gobierno tampoco. En todo caso, es proverbial ya en el actual gobierno la falta de previsión sobre los alcances de los problemas que debe enfrentar.



La empresa privada también se ha lucido en esta crisis del transporte público por su incapacidad y falta de iniciativa para solucionar los problemas que le competen. Entre ellos, los errores de frecuencia en la gestión de flota y de la baja cantidad y mala calidad de los buses en servicio. No debe olvidarse que entre las llamadas externalidades positivas que tendría el cambio de sistema estaba la llamada empresarización del sector, el que hasta entonces tenía un promedio de 1.8 máquinas por propietario, y se hacía representar por asociaciones gremiales. Hoy día existen conspicuas empresas que, pese a la baja tarifa y a la evasión que presenta el sistema, siguen teniendo ganancias gracias al subsidio del Estado.



También se ha lucido la oposición, que con su capacidad de crearle obstáculos jurídicos al gobierno a través de la institucionalidad de la Constitución de 1980, propugna la solución cero. Ojalá derrotar políticamente al Gobierno si éste se ve obligado a utilizar el 2% constitucional para calamidades públicas.



Pero ninguna de estas circunstancias o hechos solucionan los problemas inmediatos y reales de los ciudadanos de La Pintana, Pudahuel o Huechuraba.



Una pregunta que surge es si la oposición piensa que el transporte público es un bien político transable y si parte de sus propios votantes pueden prescindir de él. Otra, si para el gobierno es más relevante su imagen que el problema real. También, si para los candidatos es prioritario mostrar su musculatura e inteligencia antes que su sensibilidad por los problemas.



A juzgar por los hechos, está siendo más importante lo accesorio que lo principal.


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