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La oportunidad medioambiental que esconde la crisis

por 23 marzo 2009

Esta crisis es la oportunidad de transformar decisivamente algunas de las conductas que nos llevaron a ella y no debería ser usada como excusa para posponer debates pendientes como el ambiental...

Por Marco Enríquez-Ominami*

Las recientes renuncias de personas con puestos clave en el combate contra la contaminación y la negativa señal del Gobierno al dejar vacante cargos creados bajo la promesa de más preocupación efectiva por el cuidado del medio ambiente, constituyen una señal de alerta en orden a que la crisis económica actual puede y será utilizada como pretexto para detener modernizaciones urgentes en áreas como la laboral, social y medioambiental.

Considero que recuperar la templanza ante la crisis es fundamental para poder contribuir a superarla y a tomar las decisiones de política que permitan reducir el daño que provocará en la economía nacional y en nuestras perspectivas de desarrollo post-crisis. Y si bien la crisis actual no se relaciona directamente con el medioambiente, no debemos olvidar que el actual paradigma mundial de crecimiento y desarrollo continúa asentado sobre la premisa de que la progresiva industrialización de las economías nacionales es el camino que conducirá a la Humanidad a estados de mayor bienestar, pese a que la evidencia estadística nos indica exactamente lo contrario.

El modelo actual no solamente ha fracasado notoriamente en la reducción de la pobreza global en el mundo, sino que ha incrementado las diferencias en toda escala: entre ricos y pobres al interior de los países, entre países ricos y países pobres, entre Este y Oeste, entre el Norte y Sur.

Desde una perspectiva más amplia, la ruptura de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos que detonó la crisis actual de confianza que está comprimiendo a la economía mundial, tuvo en sus cimientos el incremento descontrolado de deudores progresivamente empobrecidos por la especulación financiera en un mercado no regulado adecuadamente. Son los mismos empobrecidos que resultan de promover un modelo que se basa en última instancia en una presión siempre creciente sobre el uso y explotación de nuestros recursos naturales, presión insostenible en el tiempo.

Lo anterior obviamente no implica que la crisis en sí se origine en la explotación irresponsable del medioambiente, pero la búsqueda de soluciones para ésta sí puede provocar la intensificación de este manejo irresponsable: ya ha ocurrido en el pasado, cuando el argumento en boga era "desarrollémonos primero y luego nos preocupamos del medio ambiente". 

Por el contrario, esta crisis es la oportunidad de transformar decisivamente algunas de las conductas que nos llevaron a ella y no debería ser usada como excusa para posponer debates pendientes como el ambiental.

De acuerdo al WWF (World Wildlife Foundation) ya hacia 1980 estábamos consumiendo alrededor de un 20% más de los recursos del planeta de lo que éramos capaces de reponer; es decir, que desde hace unos 29 años estamos reduciendo la disponibilidad total de recursos en éste, nuestro único hogar posible.

La crisis, por lo tanto, nos abre una pequeña ventana para enmendar rumbo, de manera de asegurar que en el camino al nuevo escenario que emergerá de la situación actual, las políticas de estímulo y recuperación económica considerarán de manera efectiva el cuidado de nuestro patrimonio natural, asegurando en definitiva que el medio ambiente no constituya un motivo de preocupación permanente por su creciente degradación, sino un sustento efectivo en el mejoramiento de las condiciones de vida de la gente.

Garantizar que salgamos fortalecidos de la crisis requiere finalmente no olvidar las lecciones de nuestro pasado reciente: no podemos continuar actuando como si no hubiese límite para la explotación de nuestros recursos naturales, como si no existiese límite a la expansión económica. Incorporemos pues en nuestro diseño de políticas para la crisis, explícita y responsablemente, los resguardos ambientales mínimos que exige el desarrollo para poder denominarse tal.

Por estos días se discute en el Congreso la nueva institucionalidad ambiental que tendrá Chile para el futuro. Es importante aprovechar este espacio de debate para instalar con fuerza la necesidad de contar no sólo con instituciones modernas en esta área, sino también con regulaciones y sistemas que superen el paradigma dicotómico entre desarrollo y medioambiente.

*Marco Enríquez-Ominami es diputado y candidato presidencial.

 

 

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