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Politiclastas

por 27 octubre, 2009

MEO es un candidato Shakespeareano - l hijo de la Concertación que ha decidido matarla- para seguir con la labor que le dio origen. Sin duda muchos en la Concertación siguen creyendo que el cambio se logra dentro del sistema, no por fuera.
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Por Robert Funk*

En la medida que Marco Enríquez-Ominami suba en las encuestas, no faltarán comentaristas que hagan la comparación con Hugo Chávez o Evo Morales. Como todo prejuicio, la comparación se fundamentará en hechos parecidos, pero no por eso no es errada.

Tanto los "Bolivarianos" como la candidatura de Enríquez-Ominami surgieron como respuestas a sistemas políticos esclerotizados, que por muchos años no estuvieron dispuestos o fueron capaces de permitir el ingreso de nuevos elementos o la ampliación de la representación, resultando en el congelamiento de los sistemas de partidos y la desafección hacia la política. Los Estados, financiados por bonanzas de commodities, pudieron mantener satisfechos a sectores estratégicos, evitando (o mas bien postergando) el conflicto social.

En estos contextos, surgen líderes que reconocen que el sistema es o malo, o corrupto, o cada vez menos democrático y representativo. Ojalá no las tres cosas juntas. Son líderes que desean romper con los sistemas políticos establecidos y reconocidos, pero cada vez menos legítimos, para crear algo nuevo. Más que iconoclastas, son politiclastas.

La admiración que MEO reconoce tener por los Bolivarianos no es ni económica ni política. Es politiclasta. MEO admira la capacidad que han tenido algunos líderes de la región en romper con los statu quo en la búsqueda de la ampliación de la participación democrática. Legítimamente o no, él se considera víctima de la exclusión. Su campaña, desde el esfuerzo de conseguir firmas hasta la diversidad política de su equipo, apunta al deseo de romper con los esquemas conocidos de la política chilena.

Sin embargo, es aquí donde podemos identificar las diferencias con los otros politiclastas de la región. Primero, los Bolivarianos son productos de los estallidos sociales que resultan cuando el sistema ya no aguanta más presión. Afortunadamente, en Chile aún no llegamos a ese punto. Si hacen las cosas bien - y especialmente si la Concertación logra recomponerse si pierde en primera vuelta- MEO podría ser una válvula de escape que ayude a prevenir la explosión observada en otros casos conocidos.

Segundo, muchos de los que apoyan a Enríquez-Ominami les interesa menos la ideología que la inclusión, menos la Guerra Fría que el calentamiento global, menos la Internationale que la globalización. Por esto es tan difícil descifrar sus propuestas específicas. Es muy Bachelet 2005, pero con Bachelet todos sabían que representaba la continuidad concertacionista. ¿Et tu, MEO?

MEO es un candidato Shakespeareano - l hijo de la Concertación que ha decidido matarla- para seguir con la labor que le dio origen. Sin duda muchos en la Concertación siguen creyendo que el cambio se logra dentro del sistema, no por fuera. Pero rápidamente se les está acabando el tiempo para comprobar esa hipótesis. Mientras tanto, las encuestas comienzan a darle la razón a los politiclastas.

*Robert Funk es Subdirector Académico, Instituto de Asuntos Públicos, Universidad de Chile.

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