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Hoy no es un buen día

por 15 noviembre 2009

Nunca es para tanto. Si lo comparamos con lo que le sucedió al cristiano de turno en la portada del diario La Estrella, o al profesor de matemáticas de mi hijo, podremos consolarnos con que lo que nos pasa "son pelos de la cola" aunque la cola sea la de un pavo real.

Hoy no he tenido un buen día. Sin embargo pienso en lo que alguien dijo al leer una pésima novela italiana: "al menos te das cuenta que hay gente que está peor que tú". Hay que aceptarlo. Las humillaciones del prójimo empatizan más allá del compadecimiento, pues esa morbosa revelación nos ayuda a compararnos y resistir con mayor ahínco las "putadas" del destino.

Nunca es para tanto. Si lo comparamos con lo que le sucedió al cristiano de turno en la portada del diario La Estrella, o al profesor de matemáticas de mi hijo, podremos consolarnos con que lo que nos pasa "son pelos de la cola" aunque la cola sea la de un pavo real, que en rigor son plumas, pero no estoy en un buen día y espero vuestra comprensión. El profesor de mi hijo es joven. Es un voluntario rompe huelgas. Un hombre que más que luchar por el bono SAE, cree en la educación pública y les enseña a los hijos de vecino ese código que tiene hasta a su gremio agarrado de los cojones.

Perdonen mi lenguaje, hoy como les mencioné,  no he tenido un buen día.  Mi hijo no sabe cómo se llama su profesor, pero le dice "el tuerto". Pero no nació tuerto. Un desafortunado episodio, digno de la purulenta mente de Poe, le aconteció en su tierna infancia.  Un pan que comenzó a comer por las orillas, se transformó en un parche para su ojo izquierdo. Lo puso de tal forma que sus saltos de corsario, no lograban removerlo. Abordó varios barcos imaginarios para apoderarse de los tesoros más suculentos, hasta que  un pájaro hambriento comenzó a devorar el pan, y también su ojo. Así fue como su ojo quedó deforme, pero no ciego. A veces así suceden las cosas. Los juegos se trasforman en trampas. Las fantasías se convierten en realidad. Los deseos llegan a su culmine con una tragedia irremediable.

Pienso en Marco Enríquez-Ominami  y cómo todo comenzó con un documental ficción...Hoy no ha sido un buen día, y me he puesto más fatalista que de costumbre. ¿Cómo poder entender esta clase de cosas? He tratado de resolverlo soñando, leyendo, llorando, masturbándome, cocinando y tomándome un té. También drogándome intensivamente con el más potente de los químicos inventados por la farmacéutica experimental de los setenta. Aún así es un misterio, pues el lenguaje es una apariencia del conocimiento, y sólo eso. Entonces es difícil poder comunicarlo inequívocamente;  uno se va al final del tractatus de Wittgenstein, a la única frase inolvidable para mi ilógica y se queda callada mirando el techo.

Apretar las teclas me cuesta más que en otras oportunidades, porque hoy no ha sido un buen día. Precisamente porque no me he dejado tentar por la banalidad y he apostado por la racionalidad. Me he decidido fríamente a dejar de perseguir quimeras absurdas. De alguna forma hoy me he comido el pan, antes que un cuervo me picoteara el ojo. No funcionaría decir que me "he puesto el parche antes de la herida" pues el parche es el causante de la herida de ese malogrado profesor. A veces suceden cosas que la heurística no es capaz de resolver. Me pregunto si las matemáticas ayudaron a "el tuerto" a superar ese trauma. Habrá hecho esquemas, habrá pensado el asunto de forma cronológica y también inversa, habrá estudiado el comportamiento de los pájaros, haciendo paradojas...Aún entendiéndolo, su ojo está malogrado. Hoy ha sido un mal día, y a pesar de conocer esta historia, de ver los titulares de la prensa roja y amarilla, no logro reconfortarme.

Es que la tragedia subyace, y es doblemente trágico, después de haber escrito que "el dolor es una trampa". Estamos permeados absorbiendo años de "humanidad", obligados a edificar sobre ruinas, como si tuviéramos un Jerusalén en el pecho, dispuesto a ser bombardeado y reconstruido miles de veces. A veces a sabiendas, a veces por la ley del retorno infinito. Y mientras eso sucede jamás te imaginas que un pájaro hambriento y un niño soñador serán protagonistas de un día aciago e inverosímil. Pareciera que todo da lo mismo. La miseria del mapuche y la del deudor habitacional, porque la deuda histórica va más allá de un bono del Estado, más allá de una cosmovisión capitalista o comunista, del Islam o el Judaísmo. Pareciera que va más allá incluso de la medianoche de este día. Disculpen, pero hoy, no me he sentido bien, no ha sido un buen día.

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