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El "currículum B": La batalla que espera a Lavín

por 10 febrero 2010

La batalla más importante y decisiva que espera a Joaquín Lavín, flamante nuevo ministro de Educación, no se dará en el campo del “Currículum A” sino, precisamente al contrario, su gran dolor de cabeza será –los antecedentes lo indican- el “Currículum B”. Demos los antecedentes.

El Ministerio de Hacienda, a través de su Dirección de Presupuestos, desarrolla hace ya tiempo un programa muy interesante llamado “Sistema de Evaluación y Control de Gestión” Básicamente, su función es determinar si las platas de los diversos programas de gobierno son bien utilizadas o no y si vale la pena seguir adelante con ellos o definitivamente más vale finiquitarlos. Este accountability que evalúa programas gubernamentales es un verdadero filtro, que como instrumento, da transparencia a la gestión del Estado, apoyando la toma de decisiones para mejorar el desempeño y la eficiencia institucional.

Como el progresismo de izquierda ha izado ya sus banderas, el campo de batalla en educación se ampliará, y ya no será suficiente hablar de gestión, tendremos que hablar también de valores.

El año recién pasado le tocó someterse a evaluación al Programa de Educación Extraescolar dependiente del Ministerio de Educación. ¿De qué programa estamos hablando? ¿Ha escuchado hablar de las JOCAS y el Bullying? ¿Recuerda las reacciones de la derecha conservadora que representa el Ministro Lavín? Bueno, estamos hablando de un programa sumamente importante, que no se refiere directamente a lo que podríamos llamar el “Currículum A” del sistema escolar, ese que se preocupa de la comprensión del lenguaje y del razonamiento lógico-matemático, ese que es medido por el SIMCE, ese que finalmente termina siendo la preocupación de cualquier estudiante que quiere dar el salto a la educación superior mediante el éxito en la perfomance individual en la PSU. Ese, al fin, que tanto preocupa –en apariencia, diremos por el momento- al presidente electo, a la OCDE, y a todo el pensamiento educativo genuinamente de derecha y al nuevo Ministro.

El “Currículum B”, en cambio, es toda esa red de contenidos, objetivos y aprendizajes que involucran tanto la educación a los DD.HH. como la educación sexual; tanto la educación ética y moral, como la educación cívica; la gama que va desde la aceptación de la diversidad cultural, de género y social hasta el afianzamiento de la propia identidad. El “Currículum B” es al fin lo que acostumbramos a nombrar como “agenda valórica”. Para muchos pensadores, este es el verdadero currículum, pues aquí es donde se aprende a ser persona, donde cada cual se forma y adquiere un ethos para la convivencia democrática abierta a las diferencias e integradora.

El verdadero currículum además, porque cuando se enseña el llamado “Currículum A”, el de Lenguaje y Matemáticas (el currículum del rendimiento, la perfomance, el ránking, el palmarés), se lo hace mediante una disciplina que marca y da sello, que forja un carácter, se dice en ética, a quien lo recibe. Se produce en este sentido la transmisión de contenidos y de formas de ser y hacer –al mismo tiempo- que toda formación involucra. Al “Currículum B” también se lo ha llamado “Currículum Oculto” para indicar toda esa red valórica paradigmática que la escuela reproduce y transmite de generación en generación en los estudiantes.

Todo esto tal vez usted lo escuchado cuando se habla de los “Objetivos Fundamentales Transversales” de la educación chilena, pues bien, ese es el nombre oficial de eso que llamamos “Currículum B”. Poder determinar esos Objetivos Transversales -está muy documentado- fue un verdadero martirio en los 90, pues, imagínese de vuelta de la dictadura a todos los grupos fácticos tratando de determinar qué y cómo enseñar valores, y que resulta ser “la” línea de división más potente entre lo que llamamos izquierdas y derechas, pues envuelve todas las libertades morales individuales y sociales que crispan los diálogos hoy por hoy; sino pregunte por el escándalo (“plaga” dice The Clinic) del embarazo adolescente, la violencia escolar, etc, versus lo que la escuela hace –y el Ministerio de Educación- en prevención o intervención.

Bueno, quien preguntó, y muy seriamente, fue el Sistema de Evaluación y Control de Gestión de la Dirección de Presupuesto del Ministerio de Hacienda. Mediante un informe final de evaluación fechado en Agosto del 2009 nos entrega unas lapidarias conclusiones del período 2005 - 2009. Lapidarias claro está para quien piense que es importante este “Currículum B”, pues no faltará quien, mediante un colonialismo de pensamiento, insista que los valores dependen sólo de la familia y la cuna. En todo caso, colonialista o no, supongo que le interesará a cualquiera, después de saber que el presupuesto anual de este programa terminó siendo el año 2009, nada más y nada menos, que de 2.900 millones de pesos. Esta evaluación tendrá sobre su escritorio el nuevo Ministro de Educación.

Entre otras cosas, leerá en ella que (1)el programa no cuenta con mecanismos de seguimiento y evaluación adecuados y suficientes para su gestión, no existiendo sistemas de información y bases de datos para recopilar información de sus componentes que permitan conocer el nivel de producción de los mismos así como la cuantificación, caracterización y niveles de satisfacción de la población que ha sido beneficiada con las acciones del programa”; o (2)Se evalúa negativamente que el programa no cuente con mecanismos de participación ciudadana, ya que el programa contribuye, entre otros, a la formación en valores de ciudadanía, uno de los cuales es la participación”; o (3) “se considera que no se justifica la continuidad del programa en su forma de ejecución actual”; o (4)se concluye que el programa no es sostenible en las condiciones actuales de funcionamiento”. Así las cosas, la principal recomendación es que (5)la implementación del programa no continúe a través del Departamento de Educación Extraescolar”.

Antes de hacer cualquier juicio, conviene insistir en lo que viene, aquello que Joaquín Lavín tendrá que enfrentar con ese cartel de conservadurismo moral a cuestas: la batalla por el “Currículum B”.

La Concertación no lo hizo bien en la “educación política” -usando ambas palabras en sus sentidos más generales y profundos- que este “Currículum B” implica, la evaluación lo demuestra. ¿Por qué lo hizo mal? Su intrínseco liberalismo la llevó a preocuparse, más que nada, de los desafíos que las ciencias de la administración y las ciencias económicas le presentaban a la administración del Mineduc. Piénsese en todas las oportunidades perdidas para hacer verdaderos cambios en esta materia, por ejemplo, la comisión de educación  encargada por la Presidenta Bachelet: terminó siendo un vademécum –de la derecha educativa liberal y la concertación educativa liberal- para la gestión administrativa. En este sentido ¿sabemos lo que hará Piñera en educación? ¿Se ampliará el campo de batalla?

Decíamos más arriba que sólo “en apariencia” sabemos lo que le preocupa al presidente electo y a este nuevo ministro, a saber: el rendimiento de los estudiantes, el rendimiento de los profesores y la gestión administrativa eficiente. No obstante, aunque la administración del aparato estatal estará orientado por los principios de una derecha liberal, el “Currículum B” –la elección de Lavín lo demuestra- lo entregará a las manos de la derecha conservadora y ocurrirá lo mismo que sucedió en la dictadura: liberalismo en la administración, conservadurismo en la moral. Por lo tanto, como el progresismo de izquierda ha izado ya sus banderas, el campo de batalla en educación se ampliará, y ya no será suficiente hablar de gestión, tendremos que hablar también de valores. ¿Por qué este progresismo no dijo nada sobre educación valórica y moral, sobre este Programa del MINEDUC, que realmente valiera la pena durante todos los gobiernos de la concertación? ¿Porque estaban en el poder y se dejaron llevar por el sopor, la flojera o la ineptitud? Es algo que ellos deben responder seriamente.

Así pues, mirando las cosas desde la dicotomía “currículum A” versus “currículum B” se disuelve la disyuntiva planteada por Carlos Peña (Revista PODER, 02/2010) respecto a si con Piñera ganó la derecha liberal o conservadora, produciéndose una perfecta división del trabajo de ambas derechas. Y este será el verdadero juego, la verdadera batalla que librará en educación el progresismo moral y el conservadurismo moral. Y para terminar, si me lo permiten, cito a Axel Honneth en “Crítica del agravio moral” (FCE, 2009, p. 390) para indicar que el desafío no es solo de la derecha, es también, del llamado progresismo de izquierda. Honneth argumenta que “lo confuso e incluso perplejo de la situación actual consiste probablemente en que las ideas rectoras normativas de las décadas pasadas bien siguen teniendo una actualidad performativa, pero de manera subliminal parecer haber perdido o transformado su significado emancipador, ya que en muchas partes se han convertido en conceptos meramente legitimadores de un nuevo nivel de expansión capitalista.

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