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Esa rubia credibilidad 2: Monserrat Álvarez

por 19 marzo 2010

Tras el éxito en su debut, continúa Esa rubia credibilidad, serie de columnas que destaca al hermoso ramillete de periodistas que en el último tiempo deslumbra en la televisión chilena.

ELLA SÍ TIENE NOMBRE

Ni joven promesa, ni cheque a fecha, ni revelación (y no lo digo por un asunto etario, por Dios, no). Pero si alguien hubo de descubrirla, eso fue hace años, en ese loco Canal 2. Hoy, “ama y señora” del fin de semana -donde sale hasta en la sopa y eso que estadísticamente se consume menos sopa en fin de semana- la Monse, como se le conoce en el medio, es una de esas figuras consolidadas. Rostro que le llaman.

Porque no sólo es reconocida en prensa. También ha dado destacados pasos en el más variopinto espectro de programas, como la Cultura Entretenida (con ingesta de pez globo incluida, ese que puede provocar la muerte), en el peliagudo “Estado Nacional”, en el desafiante “Esto No Tiene Nombre”, y hasta en el ¿recordado? “Revelaciones”… Sí, un sabroso experimento de la pantalla chica, que los más tevitos -y la propia Monse- recordarán con cariño.

Con estudios de Periodismo e Historia en una importante y pontificia universidad, pertenece a esa generación de ricas e inteligentes que patentara con mordacidad Luciano Bello, pero que efectivamente lo eran (y son hasta hoy). Belleza con contenido que le llaman. Y con una sonrisa (y una risa, derechamente) de clase mundial.

Nadie más que la Monse puede presentar a René Cortázar como “el zar de la droga” (cuando en realidad había sido designado el “zar del transporte”) y solucionar todo con una sonrisa esplendorosa. La sonrisa más cool del periodismo televisivo, diría yo. Entre otras cosas, porque es una de las pocas féminas que se atreve con el “tallismo” en pleno programa y a quien nada la detiene, pues ya sea Ricardo Lagos, Sebastián Piñera, o el mismísimo Papa el que esté frente a ella, si hay algo chistoso que destacar, créame que lo hará… Sin dejar, a renglón seguido, de tirar la pregunta golpeadora. Si eso es lo notable.

Un carisma que no necesita escotes para impresionar (aunque vaya si se agradece cuando los hay) y que ha sido capaz de hacernos olvidar la ceja levantada del estupendoso Iván Núñez, para reemplazarla por un cabello tomado o simplemente suelto -pero ordenadamente peinadito- con el que increpa estafadores en “Esto No Tiene Nombre”.

Sin mencionar que resiste cualquier horario (versatilidad que le llaman), porque la pone usted de noche, en el matinal o a media tarde y siempre le resultará atractiva e informada. Haga la prueba… En TVN ya la han hecho.

Puros buenos antecedentes que se acrecientan, cuando nota uno que no sólo es una mujer documentada. También la acompaña una extraordinaria cuota de suerte. Si no, no se explicaría que luego de “perderse” la semana del terremoto por el cierre de nuestro aeropuerto, haya necesitado sólo un par de días para convertirse en el rostro más recordable (fue ella la que condujo a Chile por los caminos de la tranquilidad en plena réplica de cambio de mando -cuestión aún más loable si recordamos que no andaba en el país para el 27, así que dicha réplica fue “su” terremoto, y al aire más encima- y fue ella también la que se tomó el noticiario en esa oscura noche del famoso “black out”… como le llaman ahora a lo que uno conocía como “apagón de la puta madre”).

Y algo más a su favor. Nadie nunca podrá decir de la Monse cosas como: “ah, es la típica rubia de la tele”… ¡porque no es rubia! Si hasta eso lo tiene solucionado. ¿Ve?, notable.

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