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La nobleza de la tierra

por 24 marzo 2010

En momentos que se alzan voces en contra del adobe y hay quienes ponen en duda que puedan recuperarse piezas patrimoniales valiosas hechas en esa materialidad, pienso en la ciudad de Shibam, en el lejano y conmocionado Yemen. Allí se levantan los más antiguos rascacielos del mundo, torres de nueve pisos hechas de adobe y troncos de palmera hace por lo menos ¡quinientos años!; fueron reconstruidas en 1532 por segunda vez tras ser arrasadas por una nueva crecida (la primera había sido en 1298)

Shibam es Patrimonio de la Humanidad, considerada por la UNESCO, "el ejemplo más antiguo y mejor conservado de planificación urbana basado en el principio de construcción vertical". En 1982 una crecida que destruyó la presa de Muza, a las afueras de la ciudad y dejó al menos 45 de sus  edificios en estado crítico. Hoy, gracias a un proyecto de desarrollo urbano iniciado el año 2000 más de la mitad de sus edificaciones ancestrales –todas de adobe- está restaurada.

Hago mención a este tesoro del patrimonio mundial que se yergue en medio del desierto yemení por su extraordinaria resistencia a la adversidad –Yemen es además un país sísmico- y porque es uno de los más valiosos testimonios de las construcciones de tierra.

Es que cuando estamos prontos a celebrar nuestro bicentenario de vida independiente (¡qué jóvenes somos!) y vemos que parte importante del patrimonio ligado a los hechos que se conmemoran está seriamente dañado, se nos abre la oportunidad de ampliar la perspectiva, de aprovechar la crisis.

La preservación de una construcción con tierra cruda reafirma la identidad y agrega valor cultural, turístico e histórico.

Es hora de enfrentar el desafío para compatibilizar la seguridad estructural con la conservación de los atributos patrimoniales del adobe. Se trata de uno de los materiales de construcción más antiguos de la humanidad y al menos un tercio de la población mundial hoy habita construcciones hechas con tierra cruda.

Hablando en términos más técnicos, que tienen la virtud de darnos una visión práctica, diremos que esta materialidad ofrece tres grandes ventajas: habitabilidad, aísla del clima y mantiene el bienestar térmico y acústico; factibilidad económica, la tierra para construir está siempre a mano; imagen patrimonial, la preservación de una construcción con tierra cruda reafirma la identidad y agrega valor cultural, turístico e histórico.

Resulta atingente y necesario señalar que esta no es una defensa ciega del adobe. Sin embargo, creo que sería irresponsable llamar a no construir más en adobe, tanto como llamar a reconstruir solamente con este material, sin refuerzo. Lo primero niega nuestra historia y patrimonio y lo segundo niega la seguridad de las personas.

¡Atención!: no todas las casas que los recientes sismo y maremoto han dejado en mal estado deben ser demolidas. Es preciso evitar las decisiones apresuradas y por eso el Consejo de Monumentos Nacionales, con el apoyo de instituciones públicas y privadas, incluidos expertos internacionales, está haciendo un gran esfuerzo para evaluar los daños y prestar orientación. Ante la emergencia, la solidaridad y la organización son los elementos fundamentales para iniciar la restauración o reconstrucción.

Por todo lo anterior he querido recordar en estas líneas la ciudad yemeni de los rascacielos de adobe. Y por lo mismo apelo a toda la comunidad, arquitectos, ingenieros y constructores, para iniciar un trabajo conjunto para rescatar este pedazo de nuestra historia y patrimonio cultural. La autenticidad de los materiales y del sistema constructivo liga la historia de lo construido con su usuario. Es el valor intangible asociado que otorga un sentido trascendente a la vida.

*Óscar Acuña es Secretario Ejecutivo Consejo de Monumentos Nacionales

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