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Salgan del clóset

por 5 abril 2010

La diferencia está en que Martin dio el paso y lo admitió, mientras acá vemos una peligrosa andanada de negaciones entre personeros que antes defendían éste o aquel interés privado y que hoy debieran hacer exactamente lo contrario.

Tardía la confesión de Ricky Martin. Básicamente, porque todos sabíamos hace rato que era gay. No obstante se agradece… Y no porque sus preferencias amatorias sean de nuestra incumbencia (el tipo tenía todo el derecho a no darnos ninguna explicación nunca), si no por el “sinceramiento”. Por esa cuota de honestidad que en cualquier ámbito siempre es bienvenida.

Y eso que el tema, insisto, no nos compete. Imagine lo valorable que resultaría un sinceramiento en esferas donde la cosa sí tiene que ver con nosotros. Piense, pues, en el conflicto de intereses de tantos y tantos “rickymartines” de nuestra nueva administración fiscal, que cargan con el “pecadillo” aquel, pero no son capaces de admitirlo con un: “es mi naturaleza”, como el que lanzó desde el alma el cantante.

La diferencia está en que Martin dio el paso y lo admitió, mientras acá vemos una peligrosa andanada de negaciones entre personeros que antes defendían éste o aquel interés privado y que hoy debieran hacer exactamente lo contrario.

Porque, si lo piensa usted bien, en el caso de los conflictos de interés, tal como en el del portorriqueño, sabemos perfectamente lo que ocultan. La diferencia está en que Martin dio el paso y lo admitió, mientras acá vemos una peligrosa andanada de negaciones entre personeros que antes defendían éste o aquel interés privado y que hoy -si se apegasen a reglamento- debieran hacer exactamente lo contrario. O entre otros que hoy por hoy aparecen a cargo de reparticiones de gobierno que, precisamente, decidirán sobre tal o cual empresa en la que tienen propiedad.

En estos casos, ¿no sería bonita una “salida del clóset”? Y ni siquiera la pienso como primer paso para una caza de brujas. Sólo hablo de la sana tarea de mirarnos a los ojos y decirnos “sí, tengo conflictos de interés”, como para no seguir sintiendo que personas inteligentes, hoy a cargo de nuestros destinos, no han entendido lo que ese concepto significa.

Y no sería algo tan difícil. El buen Martin escribe, por ejemplo, y a propósito de la demora en su confesión, que por mucho tiempo “decidí seguir adelante con mi ‘casi verdad’. MUY MAL” (las mayúsculas corresponden al texto original)Dígame usted si no sería lindo una sentencia así de alguno de nuestros “martins” aceptando que su “casi verdad”, en torno al conflicto de interés, es una carga que es mejor no arrastrar a oscuras.

Si hasta se parecen un poco, en su origen, nuestros “martins” y el cantante de “Popotitos”. En el fondo, muchos de los nuestros también -por allá por los locos años ’80- fueron parte de una especie de “Menudo” social, por así llamarlo. Algo como el famoso grupo al que perteneció Ricky Martin y que, con melodías livianitas y lírica poco crítica se ganaban al público. Similar al fondo melódico que aportaban al régimen en su momento esos jóvenes de ayer que hoy ejercen liderazgo desde esferas de gobierno.

Los mismos que hoy día, convertidos en afamados “rickysmartins”, podrían tener a bien tomar su pluma y mandarse una de esas confesiones que, pucha que ayudan. En el caso de Martin para sí mismo, porque nada tenemos que ver nosotros con sus preferencias románticas. Pero que en el caso de nuestros pequeños "Martins" políticos, serviría por último como herramienta de sanidad.

La sinceridad siempre es sana. Y muy sano sería una misiva finalizada con una adaptación de esa sentidas palabras que escribiera Ricky Martin en su confesional declaración… “Hoy ACEPTO MI CONFLICTO DE INTERESES, como un regalo que me da la vida. ¡Me siento bendecido de ser quien soy!”.

A ver si alguien se anima.

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