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El pianista de hotel (una teoría-blogger)

por 20 abril 2010

La teorí­a es simple: Los bloggers que publican en la web de un medio de comunicación grande son (aunque ellos mismos no se hayan dado cuenta) como un pianista de hotel.

El pianista de hotel sabe que la gente llega escucharlos porque, casualmente, iba pasando por el bar/lobby camino a su habitación.

El pianista de hotel entiende rápido que la fidelidad de su público es casi nula: el mismo dí­a que ellos se vayan, en su lugar aparecer un nuevo pianista de hotel para entretener a la gente que sigue pasando.

El pianista de hotel sabe, si es un buen pianista de hotel, qué temas disfrutan los pasajeros mientras se toma un trago o esperan las maletas. Si es un mal pianista de hotel, durará poco.

El pianista de hotel tiene, gracias a su trabajo de pianista de hotel, un dinero asegurado para fin de mes. Esto es muy importante, porque de esta manera  siente que vive de lo que toca: aunque toca sin que nadie lo escuche bien.

El pianista de hotel, cuando está afuera del hotel, toca las cosas que realmente le gustan: a veces, son parecidos a los que interpreta en el hotel. En otros casos, sus gustos personales son totalmente diferente al de los pasajeros.

El pianista de hotel juega a creer que tiene mucho público, que los asistentes se renuevan, que le piden autógrafos y él le cuenta a sus amigos de las miles de visitas que recibe a diario. Pero el pianista de hotel, si no le falla un tornillo, al final del día sabe que toda esa abultada audiencia no le pertenece.

El pianista de hotel puede ser alguien que nació para pianista de hotel, o alguien que logró el sueño de ser pianista de hotel, o alguien que terminó ahí­ porque no le quedó más remedio que terminar de pianista de hotel (tras una breve y glamorosa etapa de pianista a secas). Si bien hay diferentes tipos de pianistas de hotel, ninguno de los tres cuenta con su propio público.

El pianista de hotel tiene la esperanza, siempre, que se corra la voz de su trabajo. Y que llega público a escucharlo exclusivamente a él. Una audiciencia entusiasta, capaz de hacer callar a los pasajeros que molestan con el ruido de sus maletas o le gritan a sus hijos que corren por el lobby. Imagina a cientos y miles de personas que se aparecen diariamente en el salón, para pedirle una de sus nuevas composiciones o para vitorear aquella electrizante improvisación en vivo. Una más, una más. En esas cosas triunfales sueña el pianista de hotel, mientras toca para los pasajeros que no lo escuchan.

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