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A propósito del quinto poder

por 1 mayo 2010

¿Ahora la panacea es hacerlo de manera virtual? ¿Potenciando la ciudadanía digital? Esta es quizás una de las peores bromas de todas las que hemos visto en los últimos años.

En los tiempos que corren, se advierte como nunca la falta de espacios públicos para la deliberación democrática. Por eso hay que celebrar cada apertura de nuevas instancias de expresión y de participación, y el sitio elquintopoder.cl se suma a los nacimientos que esperamos continúen.

Pero en medio de las celebraciones también es necesario decir que esos espacios de conversación política que intentaron e intentan abrir ciudadanos organizados desde hace algún tiempo, fueron observados con indiferencia e incredulidad desde el poder político y con menosprecio y rareza por el económico.

Mal que mal, durante 20 años se optó por privilegiar a los medios empresariales de derecha y no a fortalecer los medios ciudadanos o independientes. Para ello basta con revisar el reparto de la publicidad estatal y darse cuenta a quiénes se privilegiaron, cuestión que llevó a ciertos medios, como Punto Final, a poner un recurso de reclamación por la concentración del avisaje publicitario estatal en las dos grandes cadenas periodísticas del país, cuestión que la Corte Suprema acaba de rechazar, argumentando que la asignación deriva sobre la base de criterios de mercado y no vulnera las normas de la libre competencia. Se descarta entonces la aceptación del recurso, porque supondría que este tipo de asignación debería realizarse mediante una discriminación positiva para algunos medios, y esto sí vulneraría la libre competencia.

¿Ahora la panacea es hacerlo de manera virtual? ¿Potenciando la ciudadanía digital? Esta es quizás una de las peores bromas de todas las que hemos visto en los últimos años.

Es evidente que frente a esta situación, el nacimiento de medios virtuales o el fortalecimiento de los sitios existentes -sean estos o no medios de comunicación- es algo relevante y necesario para aumentar los procesos de participación ciudadana y de democratización de nuestra sociedad, puesto que se convierten en canales para dar a conocer los discursos ciudadanos ausentes en el circuito oficial.

No sabemos si es bajo este supuesto que se instala el “elquintopoder”, al alero de la Fundación Democracia y Desarrollo que dirige el ex presidente Lagos. Lo que sí señalan es que se trataría de un espacio que intenta construir una comunidad orientada a estimular la participación ciudadana y la acción política; abierto al debate y construcción de ideas que se transformen en acciones concretas emprendidas por los usuarios, como también un espacio que permita conectar a la ciudadanía con los actores políticos.

Sin embargo, no deja de ser paradojal que las elites políticas tan desconectadas con la ciudadanía –son los comentarios que se han escuchado respecto del análisis precario que se ha realizado de la derrota por parte de algunos políticos- repentinamente y casi como despertando de un sueño –o de una pesadilla- se den cuenta de la importancia de una ciudadanía que participe activamente en la vida democrática.

Así, quienes comienzan a rasguñar en las causas de la derrota y del estado actual de las cosas, reconocen haber dado la espalda a la ciudadanía, de no haber escuchado a la sociedad civil y entonces enarbolan la participación como una de sus banderas de lucha, pero ahora desde la oposición. Otros, más que preocuparse por reflexionar sobre la democratización del poder, están pensando en como ayudar y dar contención a quienes están viviendo la lejanía del poder.

Es en este escenario, donde causa cierta incomodidad leer sobre la “nueva ciudadanía y comunidad ciudadana” en elquintopoder.cl, porque precisamente quienes ejercieron el poder por 20 años, no tuvieron la voluntad política de establecer genuinos puentes con la ciudadanía, tampoco de abrir espacios de poder. Al revés, terminaron por encapsularse –el último ejemplo es el cónclave- y poniendo límites a una democracia que se fue empobreciendo y que sacralizó el consenso. Así, a medida que los gobiernos de la concertación comenzaron a cerrar puertas o sólo tenían oídos para escuchar los ecos de sus segundos pisos, se hizo cada vez más necesario encontrar instancias para debatir, opinar y disentir. Es posible que las organizaciones hayan perdido la cuenta de propuestas enviadas, de solicitudes de entrevistas respondidas por funcionarios de poder desconocido, de demandas que no fueron leídas, de número de caras lateadas cada vez que se insistía en la necesidad de participación.

Y entonces, ¿ahora la panacea es hacerlo de manera virtual? ¿Potenciando la ciudadanía digital? Esta es quizás una de las peores bromas de todas las que hemos visto en los últimos años. Es cierto que la democracia deliberativa en línea enriquece el debate público y que han cambiado las prácticas sociales y de ejercer política, pero ¿nuestras élites políticas no se habrán saltando algunos pasos antes de llegar al debate electrónico?

Tras haber despreciado el disenso y la deliberación en la esfera pública democrática, crear una virtual no sólo parece ser una mala broma, sino que además constata que la clase política actual no está dispuesta a apostar, de una vez por todas, por la confrontación de discursos y por un debate real entre los ciudadanos. O más grave aun, que todavía no son capaces de entregar poder, y mantienen un estilo que no deja espacios a las generaciones más jóvenes más allá de ofrecerles una instancia virtual. Y ojo, no es que las generaciones más jóvenes lo estén haciendo mejor. Pero es la porfía de seguir cometiendo los errores de siempre y ostentarlos, es lo que hace la diferencia.

*Alicia Sánchez comparte la autoría de esta columna.

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