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Globalización, moralidad y la fractura en la derecha chilena

por 10 mayo 2010

El escándalo que sacude a la iglesia católica chilena, irónicamente, pueden servirles al presidente Sebastián Piñera y al sector más liberal en su lucha por la influencia y la aplicación de su agenda política frente a la UDI.

Cuando pensamos en la globalización, pensamos más que nada en la diplomacia, las relaciones exteriores de los países y en el comercio internacional. Sin embargo, temas que parecen menos políticos, como la cultura y los valores, también son partes esenciales de dicho proceso y tienden a afectar las dinámicas internas de los países. Dos ejemplos actuales lo demuestran claramente.

El pasado mes de abril, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) concluyó que una decisión previa de la justicia chilena violaba los derechos y causaba daños a la jueza Karen Atala Riffo. Además, el mismo organismo internacional recomendaba al Estado chileno dar reparaciones a la jueza por la discriminación sufrida.

Algunas semanas después, estalló el escándalo a raíz de los testimonios de cuatro individuos que afirman haber sido víctimas de abusos sexuales por parte del influyente Padre Karadima, ex párroco de El Bosque de Providencia.

El escándalo que sacude a la iglesia católica chilena, irónicamente, pueden servirles al presidente Sebastián Piñera y al sector más liberal en su lucha por la influencia y la aplicación de su agenda política frente a la UDI.

Esas revelaciones surgieron en un contexto complejo para la Iglesia Católica y las autoridades del Vaticano. Un contexto marcado por escándalos similares en varios países con altos porcentajes de población católica, tales como Irlanda, Alemania, Canadá y Estados Unidos. El malestar creció al punto que algunas autoridades del Vaticano culparon a “la prensa internacional” por investigar y difundir informaciones relativas a casos de pedofilia y otros abusos cometidos por sacerdotes.

Ahora, ¿estos dos eventos – totalmente separados entre sí por supuesto – pueden influir sobre la política interna de Chile? La verdad es que sí. En el primer caso de manera formal, en el segundo de manera informal. Por ser parte de un sistema jurídico internacional vía los tratados que sus gobiernos han firmado anteriormente, Chile se encuentra comprometido a respetar reglas, principios y normas. Les guste o no a los gobiernos de turno. Les guste o no las votantes.

En este sentido, como ha sido el caso por ejemplo en Canadá y en Estados Unidos, muchas de las leyes más progresistas –y polémicas – relacionadas con temas como el aborto y el reconocimiento de parejas de mismo sexo han sido adoptadas por los gobiernos después de que fallos judiciales les obligaran a hacerlo. Algo que sirvió bien a los políticos, cabe decirlo.

En el caso de los abusos cometidos por sacerdotes de la iglesia católica en Chile, sondeos demuestran que una mayoría aplastante de individuos, incluyendo los feligreses, opinan que las afirmaciones son verídicas y que las autoridades eclesiásticas han tratado de ocultarlas. El resultado es sin duda una crisis de confianza y de legitimidad que, por lo menos a corto plazo, debilitará a la iglesia y minará su influencia.

En términos más bien políticos, tanto el fallo de la CIDH como el escándalo que sacude a la iglesia católica chilena, irónicamente, pueden servirles al presidente Sebastián Piñera y al sector más liberal en su lucha por la influencia y la aplicación de su agenda política frente a la UDI. Como en todos los países democráticos, Chile tiene una derecha compuesta por dos sectores que tienen visiones opuestas acerca de los temas morales y de la vida privada.

Por un lado, existe la derecha liberal que plantea que el Estado y la sociedad en su conjunto no deben interferir en temas que considera estrictamente personales tales como la sexualidad. Los que se definen de esa derecha pueden afirmar que no están conformes con el aborto o las parejas de mismo sexo, plantean que no es tema de discusión pública. Cuando Sebastián Piñera propuso reconocer las uniones civiles de parejas homosexuales y lesbianas, confirmó su posición dentro de esa derecha. Cuando el escritor peruano Mario Vargas Llosa critica los dogmas morales de la iglesia, también ve en ellas una violación a las libertades individuales.

Por otro lado, existe una derecha conservadora que tiene por propósito la defensa de los valores que son suyas y que quiere ver extendidos al conjunto de la sociedad. En Chile como en Norteamérica y en Europa, esa derecha está muy cercana a las elites religiosas y no ve la imposición de sus códigos morales como una amenaza a las libertades individuales. Al contrario, sólo ve en los valores y modos de vida distintos una amenaza frontal a sus valores. En la dinámica partidaria nacional, la UDI es el vehículo de este sector que, paradójicamente, tiene mayor representación en el Congreso pero un peso limitado por su incapacidad de ganar elecciones sin el liderazgo de la derecha liberal.

Ahora bien, tanto el fallo mencionado como la crisis en la iglesia tienden a reforzar la postura de la derecha liberal y a debilitar a la derecha conservadora. En el contexto actual, políticamente, el Presidente puede apoyar personalmente a la iglesia y mostrarse solidario a ella. Sin embargo, difícilmente puede consentir en darle una influencia en las políticas del país en el momento en que ésta atraviesa una profunda crisis moral y de legitimidad.

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