Viernes, 2 de diciembre de 2016Actualizado a las 19:18

Autor Imagen

Los feligreses de la parroquia El Bosque

por 12 mayo 2010

De las cosas fuertes que han ocurrido el último tiempo –¡y por Dios que han pasado hartas!– fue la reacción de los feligreses de la parroquia El Bosque cuando surgieron las denuncias contra el padre Karadima por abuso.

¿Se acuerdan?

Se veían señoras y señores muy agresivos diciendo que ellos no creían ni una gota de lo que se decía. Que estaban seguros que detrás de esas denuncias habían intenciones aviesas. Que las presuntas víctimas no tenía problemas psicológicos. Que estaban buscando fama a costa del padre Karadima. Que si querían hacer denuncias, por qué lo hacían con publicidad; por qué involucraban a los medios de comunicación; por qué no lo hacían, mejor, a través de los canales de internos de la Iglesia. Que hacer hacer tales denuncias con publicidad era una traición sin nombre.

Cuando se les preguntaba a esos feligreses si habían visto el programa Informe Especial, donde 4 presuntas víctimas dieron sus testimonios, ellos decían que no lo habían visto ni lo verían, pues sabían que nada de eso era verdad. Y cuando los periodistas insistían con sus cámaras, los correteaban, exigiendo que los dejasen tranquilos.

Pues bien, al ver las reacciones que ha suscitado en dirigentes de la Concertación y en otros políticos salidos de ella mi libro sobre su derrota en las elecciones presidenciales, pensé inevitablemente en esos feligreses de El Bosque. Es exactamente la misma reacción.

¿Qué han dicho? Me han acusado de tener intenciones innobles, como ganar fama o dinero. Se me ha imputado ser un desleal, o actuar con bajeza, o incluso ser un traidor. Se ha dicho que si hay que hacer una autocrítica, ésta debe hacerse en privado, al interior de los partidos y sólo entre los militantes, y no en la arena pública.

Cuando los periodistas han preguntado a algunos de ellos si habían leído el libro, han respondido igual que los feligreses ante Informe Especial: que no lo habían hecho ni lo harían. Y que leerlo o no leerlo da lo mismo, pues viniendo de quien viene, ya saben que no tiene valor alguno.

Es una pena. Pero estos dirigentes de la Concertación comparten con aquellos feligreses de El Bosque el mismo espíritu oscurantista y corporativo que prefiere negar los problemas antes que asumirlos, y matar al mensajero que afrontar un diálogo abierto. Y que siempre tiene “razones” –llámese lealtad, prudencia, prioridades, fidelidad, o cómo sea– para no dejar que entre el aire de la argumentación racional.

Si la Iglesia Católica no rompe con esa lógica del los feligreses de El Bosque, nunca podrá recuperar la confianza de los fieles, que tantas y tantas denuncias desoídas por años y años –no sólo en el caso Karadima, sino en tantos otros en Chile y en todo el mundo– han terminado por trizar.
Si la Concertación no rompe con la lógica de esos dirigentes que insisten en negar la gravedad de la derrota y en combatir un debate racional y abierto al respecto, ella no recuperará jamás la confianza de los electores.

Ver el posteo original

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes