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Sobre las viviendas sociales y la reconstrucción

por Alejandro Aravena 28 mayo 2010

Señor Director:

Con respecto a un artículo aparecido el 20 de mayo titulado “El sospechoso club de las casas prefabricadas” en el cual se hace referencia tanto a mí como a Elemental, oficina en la que trabajo, me gustaría hacer varias precisiones para establecer que la realidad dista mucho de tener algo “sospechoso”, de tener algún tipo de “club” y de tener algún tipo de agenda con las “casas prefabricadas”.

En primer lugar, después de años de trabajo en terreno, aceptando tanto las condiciones de mercado como las políticas publicas vigentes, los puntos que en Elemental hemos identificado como claves en la calidad de la vivienda social, no están relacionados con alguna materialidad o sistema constructivo especifico. Nuestra contribución a mejorar la calidad de vida de la gente en cambio, ha tenido su eje en otros dos puntos:

Por una parte, dado que en Chile se puede construir con cargo al subsidio del orden 40m2, lo cual es interpretado por el mercado de la construcción (el de albañilería y de las casas industrializadas) como una chica, nuestro punto fue reformular el problema y proponer que 40m2 fueran enfrentados como la mitad de una casa buena.

En vez de una casa con “look” de clase media pero miniaturizada, nuestro punto fue considerar 40m2 como la mitad de una casa de clase media. Por otra parte, nos interesaba diseñar de tal forma que la vivienda tuviese la capacidad de aumentar de valor en el tiempo, transformándola así en una inversión en vez de en un gasto social.

Esta plusvalía nos parecía clave dado que el subsidio de vivienda es el traspaso de patrimonio publico a privado más importante que una familia va a recibir en toda su vida. Y sería altamente deseable que tanto a escala de recursos públicos como de patrimonio familiar ese subsidio tuviese capacidad de valorizarse.

Para cumplir ambos objetivos identificamos un conjunto de cinco condiciones de diseños los cuales hemos aplicado a distintos proyectos desde Iquique hasta Temuco, bajo las más diversas condiciones urbanas, topográficas, climáticas y sociales. Cada uno de los conjuntos diseñados han sido llevado implementado por medio del sistema de licitaciones públicas.

De hecho parte de nuestros supuestos de trabajo es optar a las condiciones más típicas posibles, porque sólo si operamos en igualdad de condiciones a todos los demás actores del sistema, eliminamos excusas a las que todos aquellos que no quieren mejorar puedan echar mano.

En todos los proyectos ejecutados hemos estado abiertos a las propuestas de distintas constructoras y servicios públicos, por considerar distintas materialidades y sistemas constructivos, con la condición que cumplan los estándares de calidad pertinentes y la normativa vigente. Prueba de ellos es el impecable comportamiento constructivo que han tenido todos los conjuntos que hemos construido, corroborado por las propias familias propietarias de los inmuebles. Hemos entendido que cada región y cada momento de la economía necesita flexibilidad para optar por uno u otro sistema.

Algunas veces la albañilería convencional tanto de bloque como de ladrillo ha probado ser eficiente, otras veces la madera, en otras ocasiones la tabiquería o cierto de tipo de panelería semi industrializada. A veces las razones para optar por un sistema efectivamente tiene que ver con la disponibilidad de mano de obra o la necesidad de dar empleo; otras, el tiempo ha sido un factor clave para explorar sistemas industrializados.

En cualquier caso lo que prima es la competitividad y la capacidad de traspasar la mayor cantidad posible de calidad, directamente a las familias beneficiarias de los proyectos. Quien conozca la aproximación de Elemental, debiera ser capaz de leer que, al formular el problema como una vivienda incremental, el verdadero beneficiado no son ni las empresas constructoras tradicionales ni las de vivienda industrializada, sino las propias familias.

Al trabajar y privilegiar sistemas abiertos que incorporan la autoconstrucción, lo que nos interesa es que los recursos públicos vayan a dar en el mayor porcentaje posible directamente a las familias. Si hay alguna agenda en Elemental, es la que sean las propias familias quienes decidan como completar, construir y alcanzar el potencial de clase media que el diseño de nuestras viviendas tiene. Esta información está por lo demás abierta y extensamente mente disponible en la prensa y la web.

Si nos atenemos a los hechos, cualquier persona con rigurosa en la observación, verá que en la práctica los conjuntos que hemos diseñado, tienen su versión mas eficiente en una opción intermedia entre lo convencional y lo prefabricado. Muros medianeros y de servicios que incluyan baños y cocinas, tienden a poder construirse de manera razonablemente eficiente con sistemas de albañilerías convencionales dada la universalidad de la mano de obra disponible.

Pero no es menos cierto que algún tipo de industrialización sería deseable porque es justamente esta, la parte más repetitiva de las casas. Y en la medida que hubiera mayor eficiencia tanto de costo como de tiempo de construcción, mayor sería el beneficio traspasado a las familias. Los techos y papelerías de los recintos de la casa, tienden a funcionar mejor con sistemas constructivos secos, tanto industrializados como hechos en terreno, porque al ser más livianos permiten mayor flexibilidad al uso de las familias, aportan menos peso a las estructuras aumentando la seguridad y en general son más rápidos de ejecutar.

También aquí algún nivel de prefabricación sería deseable, siempre y cuando fuera un sistema suficientemente simple tal que las familias que necesiten crecer dentro de las estructuras que proveemos, lo puedan hacer con sus propios medios y técnicas, en general de baja complejidad. Por tanto nuestra propia aproximación dista mucho de privilegiar un sistema por sobre otro. Entendemos las condiciones y restricciones sociales, políticas y técnicas de cada uno de los sistemas y la opción será en cada caso por la combinación más eficiente que considere al menos estos tres factores. Podríamos discutir más extensamente sobre las ventajas de introducir en el país nuevas técnicas pero eso requeriría mas tiempo que el disponible en este medio.

Pero el artículo no sólo hace parecer sospechosas las opciones técnicas, sino además deja entrever la existencia de algún tipo de tráfico de influencias entre Elemental y el Minvu para privilegiar algunos sistemas constructivos. Espero haber podido demostrar en los párrafos anteriores, que tal sugerencia carece no sólo de fundamento sino de sentido. Pero creo importante además despejar otras afirmaciones que se hacen en el artículo. Elemental fue fundado por Andrés Iacobelli, Pablo Allard y yo el año 2001.

Entre esa fecha y el 2005 Elemental fue principalmente una iniciativa académica. A partir del año 2006 se constituyó como sociedad anónima, una empresa con fines de lucro e interés social. La propiedad de Elemental corresponde en un 40% a Copec, un 30% a la Pontificia Universidad Católica y un 30% los socios fundadores que incluyen además a Gonzalo Arteaga y Alejandro Hormann.

Pablo Allard trabajó en la iniciativa con regularidad hasta el año 2004, luego de lo cual por motivos tanto familiares como profesionales comenzó a trabajar en otros proyectos, sin otro contacto con Elemental que el natural interés por una iniciativa que ayudó a crear. Andrés Iacobelli, trabajó con regularidad en Elemental hasta el año 2005, justo antes de su transformación en sociedad anónima, año a partir del cual comenzó a trabajar en diversas empresas privadas como gerente de logística de Andina o gerente general de Proes. Desde el 2006 y hasta antes de haber sido nombrado subsecretario de vivienda, actuó como director de Elemental. La presencia de ambos fue clave en permitir a Elemental perseverar en los inicios (siempre difíciles) y en alcanzar los diversos logros que hemos ido logrando construir.

Se debe especialmente a Andrés Iacobelli la capacidad de haber identificado con precisión tanto el problema como la posible contribución de este grupo de profesionales al bien común, cuestión que junto a su capacidad de gestión expliquen su nombramiento como subsecretario de vivienda. En cualquier caso, tanto Pablo Allard como Andrés Iacobelli renunciaron a la propiedad de Elemental con anterioridad a asumir sus respectivas responsabilidades en la actual administración y no “días después de su incorporación al MINVU” como dice el artículo.

Más allá de nuestro propio cuidado en evitar cualquier  tipo de conflicto de interés, todas nuestras participaciones en proyectos públicos siguen y se atienen a los sistemas vigentes en el país para la contratación de servicios profesionales, los cuales tienen todos los mecanismos de transparencia del caso. Pero no sólo es natural, sino de hecho deseable que toda la experiencia y aprendizajes que tanto Pablo Allard como Andres Iacobelli hayan obtenido de su paso por Elemental, sean aplicados en sus nuevos cargos. De hecho es justamente esa la razón para justificar sus nombramientos: haber tenido prácticas y conocimientos relevantes en el tema.

No forma parte de la cultura de nuestra oficina ni de las personas nombradas en el artículo actuar de la manera que se sugiere. Jamás hemos nosotros apelando a tipo alguno de superioridad moral o ética por el hecho de dedicarnos a vivienda social; siempre hemos transmitido en cambio que la razón por la cual nos interesa el tema es por la dificultad de la pregunta, la cuál requiere fortalecer la cadena de calidad profesional, calidad profesional que sin falsa modestia creemos tener. Pero si planteo firmemente que frente a insinuaciones de actuar “dudoso” hay un estándar ético del que si me siento orgulloso y que no estoy dispuesto a relativizar. El señor Harasic puede estar tranquilo en ese sentido, en que su interés por el bien común y la transparencia no han sido afectados. Nuestro camino de posible y explícitamente declarada voluntad de influencia ha estado marcado sin excepciones desde el comienzo, por una construcción de mérito y calidad profesional incuestionables.

Nunca ha formado parte de nuestra práctica ni de nuestra filosofía buscar influir por relaciones de cercanía o amistad. La lentitud de nuestro avance se explica en parte por no haber nunca considerado siquiera la posibilidad de acceder a oportunidades de trabajo o de proyectos usando una red de contactos o pertenencia a algún tipo de club, como se sugiere en el articulo. Tal red, y especialmente en mi caso, no sólo no existe, sino que no forma parte de nuestra cultura de trabajo y mas en general, de nuestra vida. Creemos en cambio firmemente que la vía del ejemplo a seguir, la del mérito y la excelencia son la únicas herramientas para generar cambios duraderos en la calidad de vida de la gente.

Un periodista me dijo una vez, que su trabajo era ser mal pensado y escéptico frente a la realidad. Supongo que algo de esto hay en la base del articulo que escribe el señor Felipe Saleh y que el editor del diario avala. Creo que bastaría con ser riguroso para que este artículo hubiese sido inquisitivo pero correcto. Para ser honesto, lo que me molesta del artículo no es una eventual crítica, con la cual no tengo ningún problema, por dura que sea, siempre y cuando esté basada en hechos y no en especulaciones inconsistentes. Lo que me molesta es tener que destinar tiempo a establecer el conjunto de hecho sobre los que se basa la tesis del artículo, trabajo que debería haber sido hecho por el periodista, porque ese tiempo deberíamos estarlo dedicando a trabajar en los diversos proyectos urgentes de reconstrucción que la gente en Chile necesita.

Alejandro Aravena

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