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Otra mirada sobre el post natal (Respuesta a la senadora Lily Pérez)

por 10 julio 2010

No resulta consecuente comprometer algo a la ciudadanía mientras se está en campaña y ofrecer algo distinto cuando se es representante de esos mismos ciudadanos.

La senadora de Renovación Nacional, Lily Pérez, manifestó su rechazo a la idea de aprobar la extensión del período postnatal a seis meses, señalando que la iniciativa afectará la fuente laboral de las mujeres: “Una mujer con un postnatal de seis meses, al volver ya no tendrá trabajo”. La parlamentaria, dio a conocer estas opiniones en la charla  “El rol de la mujer en el Bicentenario: Chile independiente ¿mujeres independientes?”, donde además afirmó: “Nosotros tenemos que hacer buenas leyes, no leyes populistas, y una ley de postnatal -a mi juicio- tiene que ser voluntaria, tiene que ser pactada”.

Con extrañeza leo estas opiniones hoy, por cuanto durante la campaña presidencial cuando su candidato (el actual Presidente) prometió post natal de 6 meses jamás escuchamos a la parlamentaria señalar una opinión contraria al compromiso que hoy parece diluirse. ¿O quiere decir, según sus propios dichos, que se puede ser populista en campaña, pero no una vez que se es electa?

Mi convicción es que ser consecuente es un rasgo que debe darse a todo evento y en todos los temas. Por el contrario, no resulta consecuente comprometer algo a la ciudadanía mientras se está en campaña y ofrecer algo distinto cuando se es representante de esos mismos ciudadanos. Sin duda el tema de la extensión del post natal a 6 meses y las otras políticas públicas que hoy está discutiendo la Comisión Mujer, trabajo y maternidad tienen múltiples aristas e intereses que es necesario analizar con rigurosidad y cautela.

No resulta consecuente comprometer algo a la ciudadanía mientras se está en campaña y ofrecer algo distinto cuando se es representante de esos mismos ciudadanos.

Si estamos hablando de una política pública, por supuesto que el interés superior es que beneficie a toda la sociedad y no al bolsillo de los empresarios como primera medida a despejar. Desde ese supuesto es necesario considerar las siguientes aristas que no se las he escuchado a la senadora: La fecundidad en Chile muestra una intensa caída de la tasa de natalidad, alcanzando a 1,9 hijos por mujer, cifra que se encuentra por debajo de la llamada “tasa de reposición”, es decir; de lo necesario para renovar la población actual (2,1 hijos por mujer).

Esto nos da la señal que frente al envejecimiento de nuestra población tenemos que dar claras señales a favor de la maternidad en general, y no solo frente a las mujeres que trabajan remuneradamente (que representan alrededor del 40%).

Lo anterior, porque simplemente aquellas que no reciben una remuneración tampoco están teniendo hijos y también realizan un trabajo que si bien no tiene un ingreso mensual representa un ahorro significativo para sus familias en lo referido al trabajo doméstico y de cuidado. Por tanto, ubicar esta temática solo desde la perspectiva del código del trabajo es un grave error. Así las cosas, la primera medida de prioridad social para promover la maternidad debería ser la existencia de un subsidio a la maternidad durante un periodo de al menos un año.

Aun cuando evidentemente los niños y niñas no tienen voz, y por tanto su opinión no se ve reflejada en las instancias que hoy definirán el tiempo en que será posible el apego a la madre, sí han surgido una serie de estudios que ratifican la importancia no sólo de la lactancia materna, sino de lo sustancial que resulta el cuidado y cercanía de la madre para la definición de conductas y capacidades futuras, donde la conclusión es clara: mientras más tiempo, mejor. Por tanto, no sólo hay que priorizar un post natal de 6 meses o de mayor presencia de la madre en el hogar sino que brindar los elementos de apoyo para que esa madre sepa y pueda cumplir su rol de la mejor forma posible. Otra medida: Extender el periodo de cuidado post natal de la madre trabajadora y mejorar las redes de apoyo existentes en beneficio del cuidado al niño y apoyo a la madre.

Los derechos de las mujeres trabajadoras en Chile son pocos al compararlos con los existentes en otros países pero han sido fruto de luchas significativas y por lo tanto, no sería comprensible retroceder en lo que ya existe. Con ello, hablar de rebajar el pre natal hoy para hacerlo flexible y correr las semanas al post natal  no es justo a menos que el hijo/a nazca antes y esas semanas que hoy se pierden puedan traspasarse al post natal. Es necesario impedir que el permiso por enfermedad del niño menor de un año sea reducido y ratificar la consigna: ningún paso atrás frente a los derechos ya obtenidos.

Debemos avanzar en protección de las mujeres trabajadoras. Sabemos que hoy un 40% de las mujeres trabaja remuneradamente, sin embargo, aproximadamente la mitad de ellas lo hace en el mercado informal, sin contrato de trabajo y por tanto, sin ningún beneficio social. Ahí es donde se debe avanzar en equidad social y formalizar el empleo femenino. Una forma de lograr este objetivo es que ciertas prestaciones que hoy las asumimos solo las mujeres sean enfrentadas por hombres y mujeres, es decir, por la sociedad. De esa forma se dará la necesaria corresponsabilidad frente a un tema tan significativo como es la reproducción. Otra medida: Que toda empresa que cuente con más de 20 trabajadores y trabajadoras tenga obligación de entregar derecho a sala cuna a los hijos e hijas de sus trabajadores sin importar el sexo del empleado.

Dentro de las acciones a seguir también es preciso cambiar ciertos patrones culturales y avanzar en compartir las responsabilidades de la crianza entre madre y padre de manera que este último se involucre con mayor fuerza en las tareas de crianza de los hijos y por lo tanto (otra medida) que a la extensión del post natal se sume la posibilidad de distribuir el periodo entre el padre y la madre.

Creo que otro mundo es posible, donde la sociedad toda asuma el costo y la responsabilidad de la reproducción. Donde este tema se hable desde todas sus aristas y no sólo desde una mirada economicista, de manera que se releve el rol de la mujer como parte fundamental del desarrollo social y exista convicción en que es necesario que más mujeres ingresen al mundo laboral si quieren hacerlo porque de esa forma mejoraran su calidad de vida y las de sus familias, pero que al mismo tiempo, ese empleo no puede ser de cualquier manera sino que un empleo formal que entregue derechos, en definitiva, un empleo decente.

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