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Editorial

La nueva agenda gubernamental

por 27 julio 2010

La nueva agenda gubernamental
Reconociendo que aunque forma parte de la sensibilidad valórica de muchos ciudadanos, las consideraciones de oportunidad y conveniencia en los asuntos públicos son de una naturaleza diferente, ajena a las virtudes teologales que gobiernan la Iglesia Católica o cualquier religión o credo.

El énfasis comunicacional con que el gobierno comenzó la presente semana, indica que La Moneda está preocupada por la popularidad Presidencial y decidió pasar a la ofensiva sin esperar los resultados de la encuesta CEP. Ello, aprovechando el buen momento que generó la decisión del Presidente en torno a los indultos del Bicentenario.

Es un hecho que ello fue un acierto. La viabilidad política de un indulto general era igual a cero. Y la posibilidad de indultos a delincuentes condenados por delitos de lesa humanidad, independientemente si son civiles o militares, abriría una polémica política y valórica que el gobierno no hubiera podido manejar.

El temprano comentario del ministro del Interior de que la Iglesia Católica no debía mezclar sus opiniones con las decisiones del poder político, fue un anticipo notable de la rotunda negativa presidencial.

Esta, tuvo además, la virtud de matizar y no resultar ofensiva para quienes la impulsaban, ni tampoco generar una reacción ostensiblemente negativa en los círculos más afectados como el mundo de los militares en retiro. Exhibiendo por primera vez desde que asumió su mandato, una certera gravitas de poder en un tema sensible, en la imagen del Presidente Piñera.

La decisión del Presidente en torno a los indultos del Bicentenario fue un acierto. La viabilidad política de un indulto general era igual a cero.

No es menor para la cultura republicana del país, también dejar sentado que el poder político sí puede, y debe, prescindir de manera clara del poder religioso en sus decisiones. Reconociendo que aunque forma parte de la sensibilidad valórica de muchos ciudadanos, las consideraciones de oportunidad y conveniencia en los asuntos públicos son de una naturaleza diferente, ajena a las virtudes teologales que gobiernan la Iglesia Católica o cualquier religión o credo.

En ese escenario favorable, el gobierno inició una ofensiva comunicacional con base a una encuesta de la Universidad del Desarrollo y el diario La Segunda, con la intención aparente de cambiar de escenario.

Ella pone al Presidente Sebastián Piñera en un 50% de aprobación, poco antes de que se conozca el resultado de la  Encuesta CEP, la que traería valores entre el 44% y el 48% de aprobación para el mandatario.

El hecho no es menor. En igual encuesta a la misma fecha la medición de Michelle Bachelet estuvo en el 46% y la de Ricardo Lagos, en noviembre de 2000, en 48%. Es decir, el actual Presidente está en los porcentajes históricos de aprobación de los anteriores. Lo que parece ser un problema es que la CEP lo ubicaría bastante más abajo de la aprobación que recibiría el gobierno (entre 8 y 10 puntos de diferencia).

De ahí la importancia de adelantarse. En primer lugar para matizar la brecha en la aprobación, para poner temas anticipados que permitan mostrar gestión y carácter en los temas más sensibles de la coyuntura, y presentar la corrupción y el despilfarro del gobierno anterior.

Entre lo primero, las iniciativas anunciadas por el Ministro de Transportes y la salida de Ana Luisa Covarrubias de la Coordinación General del Transantiago, dejó en claro que los problemas crecientes del sector y el alza de tarifas estaban afectando la popularidad del gobierno. Para controlarlo, se cambió a la responsable del programa de Transportes y se empoderó al ministro para un activo curso de negociaciones políticas que den un respiro a La Moneda. Algo similar debiera ocurrir en Salud, que tiene una enorme atención ciudadana, por encima de muchas otras políticas, y en la cual el ministro a cargo ha estado permanentemente en el debe comunicacional y político.

Respecto de la oposición, el gobierno exhibe una batería de argumentos sobre el despilfarro y mal gobierno anterior, lo que eventualmente no podría hacer sin un alto costo político, si la encuesta CEP trae una alta valoración para Michelle Bachelet, como parece ser la expectativa.

Aunque sin confirmar, se dice que la Contraloría estaría instruyendo unos 333 juicios por despilfarro en el Estado, que incluyen organismos como Fonasa, Cenabast y Registro Civil, lo que independientemente de su exactitud, influirá en la percepción del nuevo escenario.

Es evidente que el objetivo comunicacional actual es blindar la imagen Presidencial para los próximos días. Puesto en el banquillo, el llamado “estilo Piñera” genera un “amplio apoyo a la informalidad; rechazo a las “caracterizaciones” según la encuesta, en  alusión directa al conflicto entre La Moneda y el humorista Stefan Kramer. Igual fin parece tener el empate técnico que se habría producido entre el mandatario y Marcelo Bielsa.

Aunque parece un tanto desproporcionado, considerando las características del actual escenario, este esfuerzo comunicacional de los estrategas de La Moneda parece indicar que el gobierno se siente plenamente instalado, y  lo que actualmente existe como administración es lo que se debe aceptar como normalidad de gobierno.

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