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Medios de comunicación y la política ante el drama

por 29 agosto 2010

Y después que digan que los gobiernos manipulan a los medios. La política ejercida bajo las condiciones mediáticas del drama nos muestra que frecuentemente pudiera no ser así, sino todo lo contrario.

Al igual que sucediera en el terremoto de febrero pasado, la dramática experiencia vivida en las últimas semanas por un conjunto de mineros superior a la treintena y sus familias ha sido capturado por los medios de comunicación y devuelto como una historia de logros e injusticias.

De lo primero porque frente a la malaventura y la tragedia, se ha visto levantarse a hombres que ya casi se daban por muertos y a mujeres cuyo ánimo, capacidad de espera y tenacidad nos han mostrado el lado amable del ser humano. De logro también porque se ha sentido la preocupación colectiva por la suerte de estas personas cuando todavía no se sabía nada, e igualmente ha sido notoria la alegría en todos los rincones de Chile una vez alcanzamos a saber que estaban vivos.

Asimismo, no obstante, se destaparon injusticias, abusos o sencillamente lo que parecieran ser ilegalidades. Se dice que la mina San José jamás debió haber sido abierta nuevamente. A este respecto, se ha ido aduciendo como agravantes que se trataba de una explotación reconocidamente insegura y que la dirección de la misma había actuado con desprolijidad, descuidando con ello la integridad física de sus trabajadores.

Y después que digan que los gobiernos manipulan a los medios. La política ejercida bajo las condiciones mediáticas del drama nos muestra que frecuentemente pudiera no ser así, sino todo lo contrario.

Ahora que sabemos todo esto, y que los sismos, la CASEN y los accidentes laborales nos demuestran que el camino de Chile hacia el anhelado desarrollo será largo, parecemos observar en los umbrales del gobierno de Sebastián Piñera un retroceso impensado. Si la memoria no nos falla, a comienzos del mandato de la ex Presidenta, pudimos ser testigos de conflictos relacionados con la esperanza de convertir a la sociedad chilena en un caso más de país desarrollado, con una educación de calidad y bien distribuida, y un sistema de transportes eficiente y moderno, líder al menos en Latinoamérica. Sin embargo, más allá de darle continuidad a tales proyectos, el nuevo presidente encontró su país en el suelo, descubrió cifras que indicaban un creciente empobrecimiento de los chilenos y le exigen que dé respuesta a condiciones de trabajo muy deficientes, todo ello parte de la agenda de países cuya modernidad está todavía en duda.

Es llamativo que en este reino de los débiles, el gobierno se haya comprometido a actuar a favor de los más necesitados, castigando a tiros y troyanos si fuera menester. Un gobierno que comenzó con promesas de desarrollo y hablando de la proximidad del Primer Mundo parece haberse topado con la realidad de un país cuya ciudadanía exige repensar sus cimientos. Y después que digan que los gobiernos manipulan a los medios. La política ejercida bajo las condiciones mediáticas del drama nos muestra que frecuentemente pudiera no ser así, sino todo lo contrario.

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