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Huelga Mapuche: No más halcones ni cóndores

por 28 septiembre 2010

Hay que reconocer que huelgas, tomas de terreno y manifestaciones han sido por 150 años la manera de hacer ver demandas y rabias cuando los mecanismos de representación fallan. No sirve el narcisismo de las elites ni la receta conservadora que no ha querido oír a la propia Iglesia Católica.

Piñera debe desechar el libreto conservador clásico: “no negocies para no claudicar, perderás autoridad y luego vendrán otros grupos intransigentes”. Los comuneros en huelga no son un grupo más “mal aconsejado” como sugiere Hinzpeter. Responde a un segmente muy relevante de la sociedad mapuche.  No sirven las descalificaciones, no funciona Sergio Villalobos y la negación de un conflicto con raíces profundas, no sirve la descalificación ni hay tiempo para recriminarse sobre quién tuvo más responsabilidad histórica.

Ambrosio O´Higgins tenía todo el poder y el abolengo, pero no temió apoyar el Parlamento de Negrete en 1793 y reconocer potestades a los mapuches en nombre de la Corona. Dos siglos después no envilece desconocer la realidad: los huelguistas quieren un camino para su libertad, pero ansían reconocimiento a sus luchas. Es la posibilidad de una negociación de verdad, que abra oportunidades de un nuevo trato.

Hay que reconocer que huelgas, tomas de terreno y manifestaciones han sido por 150 años la manera de hacer ver demandas y rabias cuando los mecanismos de representación fallan. No sirve el narcisismo de las elites ni la receta conservadora que no ha querido oír a la propia Iglesia Católica.

El nacionalismo cerrado chileno debe transitar al cosmopolitismo que implica dejar el miedo a los pueblos originarios, a sus demandas, a las regiones, a la diversidad que se expresa y se sienta parte de manera sustantiva. Un lonko en Contulmo nos señaló la macha homogénea de bosques de pino radiata y clamó por que le dejaran a su comunidad una pequeña reserva para celebrar los guillatunes. Muchos quieren representación propia, imposible casi en el sistema binominal. En la Comisión de Propuestas para el Cambio de Régimen Político, ilustramos los numerosos casos de representación política no segregacionista (la CONADI) que tienen los pueblos indígenas en casos tan diversos como Nueva Zelandia (maoríes), Dinamarca (esquimales), Colombia (taironas), y los avances en Ecuador y Bolivia (municipios indígenas). Ni siquiera ha habido apertura para hacerlo en los consejos regionales, electos por un sistema indirecto que controlan los partidos mayoritarios.

Miedo al otro que no queremos ver y descalificamos con que son “minorías violentas” que no representan a la mayoría de los mapuches, que además votaron por Piñera.  Refutemos con señalar que las luchas de segmentos sociales significativos no se miden en lo electoral y que como muy bien ha ilustrado sobre la historia de Chile el académico Gabriel Salazar, hay que distinguir la violencia social del terrorismo, hay que reconocer que huelgas, tomas de terreno y manifestaciones han sido por 150 años la manera de hacer ver demandas y rabias cuando los mecanismos de representación fallan: la toma de Copiapó por los regionalistas en 1859, la huelga de los pampinos en Iquique en 1907, las marchas de campesinos y tomas de terrenos de los sin casa cuando fracasó el “estado de compromiso” en los 60s…el conflicto mapuche desde los 90s.

No sirve el narcisismo de las elites ni la receta conservadora que no ha querido oír a la propia Iglesia Católica. No es el tiempo de halcones ni cóndores. Hay que hacer un parlamento con el movimiento mapuche, como dibujaría en los cielos de la Araucanía Raúl Zurita, “sin pena ni miedo”. Negociar y construir  pactos de futuro engrandecen a lo que aman la Patria sin miedo a sus naciones y pueblos. Y esto no es un eufemismo banal.

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