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La derrota electoral de Chávez

por 29 septiembre 2010

Esta vez el Presidente Hugo Chávez no concurrió al “Balcón del Pueblo” a hablarle a los partidarios de su revolución bolivariana. Usando Twitter, el mandatario dijo que se obtuvo “una sólida victoria, suficiente para continuar profundizando el proceso”. Pero el país quedó partido a la mitad.

Recién ocho horas después de terminada la votación y cuando cundía el nerviosismo en la oposición, el Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNEV), en la madrugada del lunes, emitió un confuso comunicado adjudicando la victoria al oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela del Presidente Hugo Chávez.

En el, la presidenta del tribunal Tibisay Lucena se limitó a entregar el número de candidatos electos por distritos, asegurando que esa información, todavía parcial, era “para dar tranquilidad al pueblo venezolano”. En su declaración sostuvo que los integrantes del Tribunal habían debatido “durante horas para escoger y tomar la mejor decisión” en materia de información, sobre  cargos que fuesen adjudicables de manera irreversible.

El número interpretado con el CNEV, de mayoría oficialista,  se acercó mucho a la guaracha pinochetista del día del plebiscito el año 1988, si no en el contenido, al menos en la forma, pues el gobierno, de acuerdo a sus propias metas, a esa hora había sido derrotado.

El total de votos conseguidos por cada fuerza política, que daba un 52% al bloque opositor, quedó en penumbras. Hecho no menor si se considera que con los votos totales obtenidos y si las elecciones hubieran sido el domingo pasado, Hugo Chávez habría perdido la presidencia.

Esta vez el Presidente Hugo Chávez no concurrió al “Balcón del Pueblo” a hablarle a los partidarios de su revolución bolivariana. Usando Twitter, el mandatario dijo que se obtuvo “una sólida victoria, suficiente para continuar profundizando el proceso”. Pero el país quedó partido a la mitad.

Según su objetivo, necesitaba 110 diputados de una Asamblea de 160 para controlar dos tercios de ella, y así poder aprobar a voluntad leyes orgánicas sin mayor oposición, convocar a una Asamblea Nacional Constituyente, y nombrar altos funcionarios del estado como la Fiscalía General, el presidente del Tribunal Supremo o el poder electoral, sin debate previo. Todos instrumentos muy importantes para el escenario de las elecciones presidenciales del año 2012.

En America Latina es proverbial que nadie pierda en las elecciones, a menos que se trate de un cargo unipersonal o de un evento catastrófico. Los resultados se explican con términos como avance sustancial de nuestro partido, consolidación de nuestra presencia política, aumento de la experiencia, crecimiento significativo del apoyo ciudadano, y muchos otros.

Esa valoración puramente instrumental de los procesos y sistemas electorales de una democracia, lleva implícita la tentación de manipular desde el poder y la información los aspectos que resulten adversos. Desde  resultados que se adelantan o retardan para manejar sus impactos, hasta el diseño de los distritos electorales o de los cupos de representación.

Ha sido precisamente el dibujo del mapa distrital electoral, aprobado hace apenas unos meses en Venezuela, primo hermano del binominalismo chileno, el que permitió que con más votos, la oposición sólo lograra bloquear los dos tercios a que aspiraba Hugo Chávez.

Esa ley, diseñada a base de la experiencia del referéndum de 2007 que el gobierno perdió por estrecho margen, establece que los Estados con menos población, pero donde el gobierno de Chávez es muy popular, tienen representación parlamentaria similar a los que concentran mayor población, que en su mayoría  están gobernados por la oposición.

Hacia delante la situación se presenta compleja desde el punto de vista social y político. Queda por determinar si el PSUV llegará a los 99 diputados que le permitirían otorgar al presidente poderes excepcionales para legislar por encima del Parlamento. Fuerza propia para ello no parece tener, pero existen cuatro o cinco escaños de coaliciones menores que pudieran concurrir con su voto a este fin, por lo que la situación se mueve en el margen.

Esta vez el Presidente Hugo Chávez no concurrió al “Balcón del Pueblo”, en el palacio presidencial de Miraflores, a hablarle a sus partidarios de su revolución bolivariana la noche de las elecciones. Usando Twitter, el mandatario dijo que se obtuvo “una sólida victoria, suficiente para continuar profundizando el proceso”.

Pero el país quedó, electoralmente hablando, partido a la mitad. El  Presidente tiene un enorme caudal de popularidad y es, en estricto rigor, un gran agitador social. Fiel a su estilo, ya desafió a sus adversarios a un referendum revocatorio, una especie de todo o nada, para paliar la derrota sufrida el domingo pasado.

En cualquier escenario, el sistema electoral vigente crea un círculo vicioso de poder. Aunque Chávez pierda las elecciones el 2012, conservará un poder enorme merced a ese sistema y, dada su forma de actuar, nada presagia que lo use para consolidar un sistema democrático en Venezuela.

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