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Conflicto Mapuche: lo que debemos escuchar

por 8 octubre 2010

Conflicto Mapuche: lo que debemos escuchar
Podemos celebrar el término de la huelga y olvidarnos del problema hasta que se queme otro camión o haya otra huelga de hambre y en el intertanto, hacer como si el problema no existiera. Es lo más cómodo y, por tanto, lo más probable.

Más allá de la huelga de hambre que han sostenido comuneros mapuche en la Araucanía, los problemas de fondo en la relación Mapuche-Gobierno se mantienen intactos.

¿Qué haremos para superarlos? Siempre hay distintas opciones.

Primero, podemos celebrar el término de la huelga y olvidarnos del problema hasta que se queme otro camión o haya otra huelga de hambre y en el intertanto, hacer como si el problema no existiera. Es lo más cómodo y, por tanto, lo más probable.

También podemos hacer como que escuchamos los planteamientos de fondo del pueblo Mapuche, pero en realidad sólo tramitamos los mismos temas que se han discutido por décadas y así dilatar el problema hasta que “se aburran de pedir” o suceda algún “hecho extraordinario” que lo resuelva como por arte de magia. Es lo más irresponsable y, por tanto, muy probable también.

En tercer lugar, podemos tomar decisiones rápidas en lo que siempre nuestras autoridades han creído es el principal problema del pueblo Mapuche, esto es,  la pobreza.  Así, cuando desaparezca la pobreza ya no existirá el problema Mapuche; entonces, a trabajar con Mideplan, a implementar el Plan Araucanía, esperemos que suba el per cápita regional y se acabo el problema…. Es lo más ingenuo y, por tanto, también muy probable.

Escuchar en forma atenta, fijándonos en los detalles, en los mensajes, en las actitudes, es decir, escuchar realmente lo que surge del tema Mapuche y no sólo lo que nos gustaría ver del pueblo Mapuche. Es lo más difícil y, por eso, requiere un esfuerzo como país, no sólo del Gobierno.

Por último y como cuarto camino a seguir, podemos “escuchar” las advertencias y los sonidos de la época y comenzar a trabajar en los temas de fondo que sirven de sustrato para la violencia en la Araucanía. Escuchar en forma atenta, fijándonos en los detalles, en los mensajes, en las actitudes, es decir, escuchar realmente lo que surge del tema Mapuche y no sólo lo que nos gustaría ver del pueblo Mapuche. Es lo más difícil y, por eso, requiere un esfuerzo como país, no sólo del Gobierno.

Si realmente queremos “escuchar”, entonces debemos asumir algunas ideas básicas.

  1. Si bien todos señalan que los violentistas son “grupos minoritarios”, deberíamos cuestionarnos esa afirmación, pues si efectivamente son tan minoritarios y no representan a la inmensa mayoría de las comunidades mapuche, ¿por qué no surgen voces desde el propio pueblo Mapuche criticando a estos grupos? ¿Por qué no hubo dirigentes mapuche criticando la actitud de los huelguistas? Porque en el fondo, si bien muchos no comparten sus métodos, existe un sustrato real que es compartido por todo el pueblo Mapuche sobre derechos y discriminaciones aún no reconocidas y eso produce solidaridad.
  2. Cada vez en mayor proporción, los dirigentes mapuche jóvenes, con estudios universitarios -como la vocera Natividad Llanquileo (estudiante de Derecho)- expresan que no se sienten chilenos, que son mapuche y que no ven su futuro dentro de la sociedad chilena, sino que al margen de ella.
  3. Cada vez se aprecia más una evolución del discurso de los dirigentes Mapuche, quienes  ya no sólo hablan de reivindicación de tierras, sino que proclaman ideas y derechos como Nación Mapuche, Derechos Colectivos, Autodeterminación, Autonomía, entre otros.

Por eso y si uno “escucha”, lo que viene en el debate sobre los pueblos originarios, queramos o no, ya no será una discusión sólo sobre tierras, sino también sobre derechos. En ese escenario, como país debemos generar consensos mínimos sobre qué estamos dispuestos a entender por pueblo Mapuche, por Nación Mapuche, por Derechos Colectivos, por Autonomía, por Autodeterminación.

No me quiero pronunciar ahora sobre la validez o la conveniencia de dichas posturas, pero como sociedad debemos asumir estas interrogantes y dar respuestas; de lo contrario, no sólo estaremos siendo injustos con algunas justas reivindicaciones del pueblo Mapuche, sino que además seremos injustos con los cientos de miles de chilenos no mapuches que viven en la Araucanía y que estarán condenados a vivir en una región en la que nadie quiere invertir producto de la violencia. Además, estaremos siendo injustos con el país en su conjunto, porque es un camino natural y se puede confirmar a través de la historia cientos de veces, que las reivindicaciones de pueblos o grupos étnicos, cuando el Estado no es capaz de canalizarlas, terminan inevitablemente en luchas extremistas que marcan a sangre y fuego  a toda una generación.

En otras palabras, el “escuchar” los nuevos vientos del llamado “conflicto mapuche” es una responsabilidad política ineludible.

Estoy convencido que el llamado “conflicto mapuche” tiene solución, pero es a largo plazo y debe existir un consenso político amplio de su importancia para el país. Con eso, no sólo se evitarán males futuros mayores, sino que además sumaremos riqueza a nuestro país. Tendremos un pueblo Mapuche que haga carne el concepto KÜME FELEN, es decir, estar bien, en armonía, en equilibrio (el bienestar en armonía) con la sociedad chilena, lo cual será un patrimonio muy valioso para Chile.

Llegó el momento de hacernos preguntas difíciles, porque después será demasiado tarde.

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