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Yes We Can (The Chilean Way)

por 28 octubre 2010

La popularidad es como el Fénix, sube y baja. Dicho de forma sencilla, las elecciones de 2013 no se ganarán porque se rescataron los 33.

¡Rápido! Piense en Alemania. ¿Qué ideas o imágenes se le ocurren? Puede que sea la eficiencia y el orden, o un rico küchen. O puede que sean dos guerras mundiales y el Holocausto. O, lo que es más probable, una combinación. Esto, porque como dijo alguien alguna vez, un buen nombre demora veinte años en conseguirse, pero 20 segundos en perderse. Por eso el triunfalismo es tan peligroso, y por eso los slogans deben ser bien pensados, con calma y razón. Porque The Chilean Way es una espada de doble filo, que se somete a las subjetividades del público.

Otra espada de doble filo es el slogan que usó Barack Obama en su campaña presidencial, 'Yes We Can'. Hoy, a dos años de su histórica elección, ad portas de una elección de medio término, las encuestas sugieren que el Partido Demócrata perderá la mayoría en la Cámara de Representantes, que se renueva por completo, y muchos gobernadores Demócratas no serán reelegidos. Como solamente se reelige un tercio de los senadores, el Senado probablemente mantendrá su mayoría oficialista, aunque incluso ahí se han manifestado algunas dudas. Todo esto indica que el espíritu de 'Yes We Can' de hace dos años se ha convertido en 'We don't want to'. Podemos, pero no queremos.

La popularidad es como el Fénix, sube y baja. Dicho de forma sencilla, las elecciones de 2013 no se ganarán porque se rescataron los 33.

Llama la atención cómo ha cambiado el ánimo en solo dos años, y el contraste con el espíritu que se ha evidenciado recientemente en este país. En Chile, y especialmente en el extranjero, el rescate de los mineros se ha transformado en un ejemplo de 'Yes We Can'.

Podemos sacar varias conclusiones de este contraste. Por un lado, revela que la política -y especialmente una campaña exitosa- se basa en un llamado por movilizar el país para lograr un objetivo claro. La campaña de Obama en 2008 y la campaña comunicacional del gobierno chileno durante el rescate lograron enfocar las energías políticas hacia resultados específicos. En el caso de los Estados Unidos, derrocar a un gobierno poco popular, retirar las Fuerzas Armadas de Irak, y levantar al país de una grave recesión económica. En el caso del rescate de los mineros, el rescate de los mineros.

Otro punto de comparación es el de la narrativa. Algunos han escrito que por fin Piñera ha encontrado una narrativa que definirá su gobierno. Pero las narrativas tienen sentido solamente en la medida que se relacionan, de alguna manera, con la realidad. El exitismo chileno solamente se justificará en la medida que el gobierno logre encontrar una manera de canalizar el espíritu del rescate hacia la multitud de necesidades urgentes del país, desde la tan ignorada reconstrucción, hasta el desafío de largo plazo de dar el último salto hacia el desarrollo. A pesar de las flores que nos han tirado el APP (Amigo Personal del Presidente) Jeffrey Sachs y otros en la prensa internacional, este paso final hacia el desarrollo es el más difícil. Difícilmente se encuentran ejemplos de países que han llegado al desarrollo con los resultados comparativos que tiene Chile en materia de educación, condiciones laborales, o desigualdad. Y cómo ha aprendido Obama, el público tiene una memoria corta: en 2013 el candidato Golborne/Lavín no le podrá echar la culpa a la Concertación.

Por esto, la caída precipitosa de la popularidad de Obama es una advertencia para el gobierno chileno. Obama fue elegido en base de altísimas expectativas que primero inspiró, pero luego él mismo trató de animar y utilizar. Es como esos actores o cantantes que tienen un gran éxito a los veinticinco años y que nunca logran repetir. Se transforman en figuras un poco patéticas. O para usar otra metáfora, la popularidad es como el Fénix, sube y baja. Dicho de forma sencilla, las elecciones de 2013 no se ganarán porque se rescataron los 33.

Esto lo sabe el Presidente. Entonces, ¿por qué tanto show? Tres razones: el conflicto mapuche, el Presupuesto, y, sí, la famosa narrativa. En el primer caso, la dominación de la agenda hizo que la continuación de la huelga de hambre se hiciera insostenible, o por lo menos, poco rentable. En el segundo, se logró

Más extraño es que la Concertación pareciera pensar, tal vez más que Piñera, que el rescate implica que la reelección de la coalición gobernante es un hecho. Esto tiene que ver mucho más con el estado de la Concertación que con la realidad. La Concertación, nacida en oposición, no sabe ser, ni menos hacer, oposición. Cree que riéndose de los condoros debilitarán al Presidente, pero se equivocan. Da la impresión que cada vez que el Presidente comete un error como el que cometió en Alemania, a la Concertación se les suben los ánimos. Pero cuando Piñera hace algo bien la Concertación, dentro de su Fénix sicológico, baja algunos metros más. Esa bipolaridad, del exitismo a la depresión, sí que es The Chilean Way. Lo que no es, es el camino de vuelta a La Moneda.

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