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Miserias y Canalladas

por 9 noviembre 2010

Es un peligro que ciertas personas consigan demasiado poder. Acá un hecho obvio como el que más, el de la intervención del Presidente Sebastián Piñera en las elecciones de la ANFP, no sólo da lugar a la amenaza de querellas judiciales contra quienes dejen constancia de él, sino que, además, a epìtetos emitidos desde todas las tribunas por el Jefe del Ejecutivo, con el factor agraviante adicional para los ofendidos de que él, por vocación, ocupa prácticamente todas las tribunas.

¿Cómo no va a ser evidente que el Presidente de la República intervino en esas elecciones si los mandatarios suyos como controlador del Club Colo Colo votaron en ellas y se concertaron ostensiblemente con otros clubes en favor de determinada lista? ¿Puede alguien siquiera discutir lo anterior? ¿Puede alguien albergar siquiera la brizna de una duda de que el Presidente quería que resultara elegido Jorge Segovia y no Harold Mayne-Nicholls, cuando le habría bastado un llamado por teléfono al representante de su club en la votaciòn para que se abstuviera o votara de otra manera? Por supuesto que intervino en esos comicios, en concordancia con el otro controlador del club, su consuegro, y lo hizo en la forma que dio lugar al resultado que hubo.

Y yo sostengo que intervino también de otra manera, si bien me encuentro con restricciones éticas y de decencia básica para probarlo debidamente. Pues a mí me envió un correo electrónico una persona a quien voy a dar aquí el seudónimo de Honesto Veraz, porque me pidió reserva de su nombre y por las virtudes que le son reconocidas unánimemente entre quienes lo conocen, y me expresó: "Presidente Piñera llamó al menos tres veces a Antonio Bloise (presidente de Everton) pidiendo que no se bajara de la candidatura". Viniendo de quien venía, lo di por cierto y lo expresé en una entrevista televisiva.

A raíz de ello el señor Bloise declaró no saber de dónde había sacado yo eso y me calificó de "patético". Entonces recurrí a Honesto Veraz y le pedí mayores antecedentes, a lo cual me respondió: "Bloise tiene una hermana apoderada del colegio La Maisonette. Ella le dijo a un amigo lo que le conté. Si usted estuviera tan equivocado, el propio Presidente lo habría desmentido o alguien de su entorno. Eso no ha ocurrido. Todo lo que yo le hice saber corresponde a la verdad".

Como posteriormente el Presidente y sus voceros(as) han comenzado a tratarme de "miserable y canallesco" por haber revelado lo anterior, requerí el nombre concreto de quien oyó decir lo que dijo a la hermana del señor Bloise. Al parecer, Honesto Veraz se ha comprometido a no revelarlo, así como yo me he comprometido a no revelar el suyo, y como los caballeros no sólo decimos la verdad sino que también honramos nuestra palabra, moriremos en la rueda. Pero yo sé que hay una tercera persona que me puede dar más información acerca de quién conversó con la hermana del señor Bloise, y dado que no tengo obligación de reserva con ese señor, se lo he pedido a dicha otra persona, pero hasta el momento no ha compartido conmigo esa información.

También sé que el clima amenazador creado por el gobernante ha atemorizado a todos quienes pueden dar fe de lo que me comunicó Honesto Veraz y de lo que yo di a conocer públicamente. No es improbable que haya retractaciones ocasionadas por ese clima de amedrentamiento. Hace años, en un caso judicial de amplia notoriedad, catorce testigos que dieron una versión en determinado sentido, tanto ante los tribunales como en la prensa, posteriormente terminaron retractándose por unanimidad, una vez que se les hicieron ver suficientes elementos de convicción para modificar lo que habían visto. Estas cosas suceden en Chile.

No obstante, nadie me moverá de mi convencimiento de que Honesto Veraz me dijo la verdad y de que es auténtico el espontáneo testimonio que él recibió acerca de lo dicho por una apoderada del colegio La Maisonette. Ella seguramente no podía imaginar que estaba incurriendo en una conducta "miserable y canallesca" al comentar un hecho que en ese momento tal vez no le pareció de trascendencia, sino a lo más revelador de la importancia de la persona de su hermano.

Esos epítetos de que he estado siendo víctima carecen de todo fundamento. En cambio, bien podrían haberse aplicado años atrás a una conjura que fue dada a conocer el país a través de una grabadora Kioto, maniobra que sí fue "miserable y canallesca", pero que casi todos, incluidas sus víctimas, han preferido olvidar.

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