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El dolor de ser azul

por 10 noviembre 2010

Soy y seré azul. Moriré azul. Por eso me duele tanto este 2010, cuando ya no vale nada más que el dinero. ¿Veré algún día a la “U”, a sus dirigentes, volver a retomar la senda del honor y de los valores que antes representó haciendo honor a la Universidad que le dio su nombre? Como están las cosas, mucho lo dudo y por eso me duele tanto ser azul.

Por primera vez en más de 60 años, desde que recibí mi primer carnet de socio de la “U”, no me he impuesto del resultado del “clásico”, no he gozado o sufrido como lo he hecho desde niño ni me interesa saber qué pasó en el estadio. Creo haber “construido” dos o tres estadios al club con el que vibro y no me arrepiento, porque de eso se trata: no de un amor ni de una pasión, sino de un sentimiento profundo que se lleva en el alma.

Durante los años de universitario íbamos en grupo a ver a la “U”. En 1958, la noche en que se recibió a los “mechones” en la Escuela de Derecho, no pude asistir porque iba en bus a La Serena para ver a la “U” al día siguiente. Viví tardes gloriosas cuando ganamos por seis goles de diferencia. Tuve la suerte de disfrutar con Leonel, con Campos, con Álvarez, con “Ferrilo” Arenas, luego con “Peligrosini” y con tantos otros, con el “Ballet Azul”. Vi a  Salah hacer el gol luego que Carballo paró un penal en el último minuto. Vi caer al “Santos” con Pelé, por 4 a 2, no obstante un gol maravilloso que convirtió el mejor jugador de la historia, prácticamente acostado en el aire a la entrada del área grande, con una “tijera” en el arco norte de Ñuñoa.

Ir al fútbol era un paseo y vivir a la “U”, el mejor equipo del mundo y de sus alrededores para sus hinchas, un placer de vida. Los clásicos universitarios eran fastuosos, verdaderas creaciones artísticas que se admiraban sin que ocurrieran desmanes, con respeto absoluto por el prójimo, por la propiedad ajena y por el rival.

Soy y seré azul. Moriré azul. Por eso me duele tanto este 2010, cuando ya no vale nada más que el dinero. ¿Veré algún día a la “U”, a sus dirigentes, volver a retomar la senda del honor y de los valores que antes representó haciendo honor a la Universidad que le dio su nombre? Como están las cosas, mucho lo dudo y por eso me duele tanto ser azul.

Gritar el “C-H-I”, que es nuestro en sus orígenes no obstante haber sido apropiado por los innombrables y luego cedido a la Selección, era una tarea que duraba horas, desde antes del partido y después del silencio con que admirábamos la entrega de nuestros jugadores.

Por eso, cuando alguna vez pensaba en la muerte, inevitable pensamiento que todos tenemos en algún momento, lo que mas me dolía era saber que la “U” seguiría deleitando y yo no estaría para alegrarme o para sufrir, porque son las reglas del juego, se gana o se pierde, lo que se hacía con valores y con respeto.

Hoy no voy al estadio. Ya no está la “U”, mi “U” de toda la vida. Hoy vale más el interés económico y cuando estábamos en la punta, con posibilidades ciertas de ser campeones, se vende a los mejores a mitad del campeonato, se desarma el equipo y somos obligados a perder y a soportar. No es culpa del entrenador de turno. Se trata de simple negocio de los “dueños” de nuestro club a los que les importa más un puñado de dólares que lograr lo que la “U” se merece y a lo que debe siempre aspirar. Los hinchas no importan, menos sus sentimientos, sólo el dinero.

Ellos, que por hacer negocios se olvidaron que se nos insultó, se nos trató de delincuentes y se nos negó el préstamo o el arriendo de un estadio, obligando al equipo a recorrer todo Chile, privando a los hinchas de asistir al juego. Sin honorabilidad, dieron vuelta la hoja apoyando a quien nunca debieron apoyar.

Soy y seré azul. Moriré azul. Por eso me duele tanto este 2010, cuando ya no vale nada más que el dinero. ¿Veré algún día a la “U”, a sus dirigentes, volver a retomar la senda del honor y de los valores que antes representó haciendo honor a la Universidad que le dio su nombre? Como están las cosas, mucho lo dudo y por eso me duele tanto ser azul.

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