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Nueva derecha, pero sin historia

por 22 noviembre 2010

La derecha sabe que el poder se fragua también en la cultura. Por eso, existe una alta coherencia ideológica entre el gobierno y la administración de la educación en la gran mayoría de los países de América (Levinson, 2007). Nunca los cambios curriculares son ingenuos ni solamente técnicos.

Siempre los candidatos de la derecha, ya sea liberales o conservadores, repiten la misma frase: “Miremos el futuro, no nos quedemos en el pasado”. Lo hacen para zafar de la dura mochila que carga el sector que los cobija. Odian que les recuerden que sus raíces políticas están asociadas al autoritarismo y el sectarismo.

Se quieren sacudir constantemente del funesto legado de Pinochet y aparecer abiertos a los temas emergentes. Por eso -y por los cálculos electorales, obvio- desean ser ahora la nueva derecha. Para dotar de sentido este relato político enfatizan la técnica, parecen tolerantes y aman los resultados inmediatos. Les gustan los gráficos con curvas ascendentes y decir que siempre ellos lo hacen bien y eficientemente.

Para no quedarse abajo de este tren que tiene como destino La Moneda 2014, el ministro de Educación, Joaquín Lavín, desea que en los resultados del Simce 2013 las cifras de Lenguaje y Matemáticas tengan un alza relevante. Con ello, consigue una amplia cobertura mediática. Poco importa que la consecuencia de este “éxito” sean estudiantes funcionales y acríticos.

La derecha sabe que el poder se fragua también en la cultura. Por eso, existe una alta coherencia ideológica entre el gobierno y la administración de la educación en la gran mayoría de los países de América (Levinson, 2007). Nunca los cambios curriculares son ingenuos ni solamente técnicos.

Obviamente, las razones políticas del aumento de las horas de Lenguaje y Comunicación, Matemáticas e Inglés son omitidas. Las autoridades sólo nos dicen que desde ahora la educación chilena será mejor. Según el Mineduc, los beneficios de esta revolucionaria iniciativa cuentan con amplios respaldos en la evidencia internacional. De esta manera, la OCDE nos querrá un poquito más.

Sin embargo, la gran mayoría de los expertos en Educación coincide en que reducir las horas de Ciencias Sociales es una mala medida y que con esto se menoscaba la formación ciudadana e integral de los estudiantes. Es decir, la nueva derecha quiere alumnos competentes y competitivos, pero sin pasado ni conciencia social, que es reducida sólo a la caridad culposa que practican muchos jóvenes de las clases privilegiadas.

El curriculum educacional expresa una visión del mundo y una manera de administrar el conocimiento en la sociedad (McCarthy, 2000). Por eso, el movimiento ultraconservador de Estados Unidos Tea Party quiere prescindir de la teoría de la evolución de Darwin y enfatizar además “la historia verdadera” de esa nación, para realzar el destino manifiesto de EE.UU. como garante de la libertad universal.

La derecha sabe que el poder se fragua también en la cultura. Por eso, existe una alta coherencia ideológica entre el gobierno y la administración de la educación en la gran mayoría de los países de América (Levinson, 2007). Nunca los cambios curriculares son ingenuos ni solamente técnicos.

No se puede desconocer, entonces, que la ideología cruza las decisiones sobre quiénes proveen educación, cómo se financian las instituciones y qué contenidos se imparten. De esta manera se explica que los anuncios -incluido el último- del Mineduc estén impregnados de un lógica neoliberal que implica sacrificar el espíritu público de la educación.

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