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Aceptemos el desafío

por 12 enero 2011

Aceptemos el desafío de la discusión con nuestros aliados (antiguos y actuales) y veamos quiénes son capaces de salir de las cada vez más reducidas secciones políticas de los diarios y logran convocar a las verdaderas mayorías ciudadanas.

La Concertación ha abierto un debate en torno a su eventual ampliación a otros sectores políticos. En rigor, es un intento de recuperación más bien: Arrate, MEO, Navarro, Sepúlveda, entre otros, formaban parte de este conglomerado hasta no hace mucho. En el horizonte de mediano plazo están las elecciones municipales del 2012. Existe temor de perder poder político y electoral, considerando que es natural que el ser Gobierno favorece los candidatos locales de la Alianza.

En una coalición donde hay poca discusión interna y cuando la hay, se hace con cierto temor, bienvenido el debate.

Partamos con decir que existe evidencia bastante aceptada que más allá del simple ejercicio aritmético de votos, la derrota de la Concertación tuvo lugar en sectores medios que crecieron en los últimos 20 años al amparo de nuestros logros, pero que han dejado de sentirse interpretados por nuestro proyecto (o lo que queda de él). El senador Frei logró remontar casi 20 puntos en las pasadas elecciones entre primera y segunda vuelta, pero ese incremento más que nada tiene que ver con el temor a que la derecha llegara al Gobierno que a un proyecto compartido de Gobierno.

Aceptemos el desafío de la discusión con nuestros aliados (antiguos y actuales) y veamos quiénes son capaces de salir de las cada vez más reducidas secciones políticas de los diarios y logran convocar a las verdaderas mayorías ciudadanas.

Se requiere la conformación de un poder electoral no sobre la base de lo anti, sino de lo que efectivamente puede  motivar a nuestro electorado. Hay que hacerlo con convicción y sin temor. Algunos líderes políticos han construido una estrategia política de largo plazo en torno a una agenda que tensiona supuestamente a los polos conservadores y liberales.

Mi opción es diferente. Reconquistar sectores medios y enfrentar la desigualdad.

La construcción de esta fuerza electoral hay que buscarla en la clase media que hoy suma más del 50% del país como recientemente lo ha reconocido un informe de la OCDE a nivel latinoamericano. En los jóvenes, que son uno de los segmentos en lo que la aprobación de Sebastián Piñera señala retrocesos, según se puede observar en la reciente encuesta Adimark GFK. O en ese rango mayoritario que no se identifica en el eje izquierda derecha, y menos con los partidos y conglomerados.

Para este segmento hay que generar una agenda potente y atractiva. Si algunos creen que es torno a este eje liberal-conservador, bien por ellos, pero en lo personal me parece insuficiente y genérico.

Postulo más bien una agenda de modernización y de combate a la desigualdad que sea capaz de instalar conceptos que generen  voluntad política para transformaciones que son complejas por su magnitud y la cantidad de intereses afectados. Hemos señalado, por ejemplo, que uno de ellos es definir una cantidad de derechos en torno a la ciudad justa en la provisión de iguales estándares de calidad y acceso a servicios públicos y privados (educación, transporte, tiempo libre, vivienda, etc.). Es cierto que son cambios de largo plazo, pero es el momento de lanzar sueños que tengan vigencia más allá de iniciativas concretas y aisladas. Estos sueños requieren propuestas pragmáticas, creativas, que dejen de lado las visiones preconcebidas.

El electorado al que debemos conquistar no se siente convocado por las reivindicaciones tradicionales en salud y educación, por ejemplo. Le dan lo mismo los rótulos. Si le importa que las diferencias en la educación que reciban sus hijos o la atención en centros de salud no existan o sean las menos posibles. Le interesa que la promesa de las oportunidades sea efectiva para todos.

En las elecciones que vienen, la DC y la Concertación no sólo deben plantearse antiderecha, sino que tener agendas comunes en la lucha contra la desigualdad. Aceptemos el desafío de la discusión con nuestros aliados (antiguos y actuales) y veamos quiénes son capaces de salir de las cada vez más reducidas secciones políticas de los diarios y logran convocar a las verdaderas mayorías ciudadanas.

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