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A propósito de la industria de las concesiones

por 13 enero 2011

Para elegir al sucesor de H.CH. las empresas del sector deberán ser muy cuidadosas. Me imagino que debería fijarse en alguien que no sea de la industria, pero que tenga la posibilidad de hacerse parte de ella rápidamente. De esta forma se evitarían las suspicacias acerca de los intereses que alguien que encabeza la industria representa.

En los últimos días hemos sabido que Herman Chadwick deja la presidencia de la COPSA (Asociación de Concesionarios de Obras Públicas) para concentrarse en sus labores en el Consejo Nacional de Televisión. Su tarea al frente de las concesionarias no estuvo exenta de controversias. Sin embargo, es preciso reconocer que durante su mandato la industria se fortaleció, a pesar de los fuertes embates que sufrió desde los propios gobiernos de la Concertación.

Al poner  en duda el espíritu de cooperación que inspiró la puesta en marcha de esta actividad a principio de los 90, desde fines del gobierno de Lagos se le intentó someter a una serie de consideraciones  que iban mucho más allá de lo razonable,  si lo que se aspiraba era incentivar la inversión privada en infraestructura pública con cierta urgencia. Se logró socializar la idea de que los concesionarios eran abusivos y, aprovechándose de las asimetrías propias de una industria mal regulada, rentabilizaban los contratos a través de las ampliaciones y renegociaciones. La expresión máxima de este abuso habría sido el pago excesivo que  habría hecho el Estado por la concesión del Programa 2 de Cárceles. Tal situación llevó a la paralización del proceso de licitaciones durante el año 2006, poniendo seriamente en riesgo la continuidad de la industria.

Para elegir al sucesor de H.CH. las empresas del sector deberán ser muy cuidadosas. Me imagino que debería fijarse en alguien que no sea de la industria, pero que tenga la posibilidad de hacerse parte de ella rápidamente. De esta forma se evitarían las suspicacias acerca de los intereses que alguien que encabeza la industria representa.

La decidida acción del presidente de la COPSA logró, de una u otra forma,  contrarrestar esa arremetida maximalista y refundar las relaciones entre el sector público y el sector privado para poner nuevamente en movimiento este instrumento tan útil para la ampliación de la infraestructura del país. Y en efecto, en los últimos dos años  se ha visto un mayor entusiasmo por parte de la autoridad para concretar las iniciativas que son parte de un programa de inversión que viene elaborándose hace mucho tiempo, con una encomiable visión de lo que debe ser el desarrollo nacional.

Quien suceda a H. CH. tendrá una dura tarea. Por una parte deberá lograr que la COPSA se constituya en un apoyo fundamental para llevar adelante los anuncios realizados en materia de licitaciones y, en lo posible, ampliar en forma muy significativa el tipo de proyectos que puedan incorporarse a la cartera de lo posible,  con el concurso de privados, de modo de avanzar decididamente en la superación de la brecha en infraestructura con que aún afecta al país para declararse desarrollado. Por otra parte, deberá estar alerta para destrabar las rigideces que se la han impuesto a un sistema que surgió de la confianza  mutua y evolucionó, lamentablemente,  hacia un estado de desconfianza entre los actores que obliga a rigideces contractuales, falta de flexibilidad en la interpretación de las normas y exceso de celo en las atribuciones de unos y otros. Todo esto en un ambiente en el que, con justa razón, la comunidad mira con algún recelo el hecho que alguna de las autoridades públicas del sector vengan precisamente de la industria.

Para elegir al sucesor de H.CH. las empresas del sector deberán ser muy cuidadosas. Me imagino que debería fijarse en alguien que no sea de la industria, pero que tenga la posibilidad de hacerse parte de ella rápidamente. De esta forma se evitarían las suspicacias acerca de los intereses que alguien que encabeza la industria representa. En lo posible debería ser alguien que tenga una visión del desarrollo del país y de la importancia que en esta juega la infraestructura. No es posible pensar en alguien que crea  que la inversión en infraestructura sólo debe considerarse en la medida que haya demandas insatisfechas previsibles. La infraestructura siempre jugará un rol de apalancamiento del desarrollo que deberá potenciarse. Una tercera consideración es que sea alguien que comprende la función del Estado y respeta el rol que las instituciones públicas deben cumplir para asegurar programas de infraestructura concesionados ambiciosos y más extensos que los que se han abordado hasta ahora.

No puede ser alguien que sienta desprecio por el sector público o que piense simplemente que este es un mal necesario. Por último, creo que debe ser alguien capaz de reconstruir las confianzas entre las empresas que conforman la industria y sus contrapartes públicas, enfatizando lo importante que es la seriedad en el cumplimiento de los compromisos que se adquieren cuando se es depositario de un mandato del Estado para actuar por su cuenta en dotar al país de infraestructura vital para acelerar su desarrollo en condiciones de creciente igualdad. Es evidente que el liderazgo que deberá cumplir quien asuma la función de presidente de la COPSA será de gran importancia  para el futuro de la industria.

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