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Por qué Obama viene a Chile

por 14 marzo 2011

En ese país hay otros actores (el Congreso, grupos de interés, lobbystas, agencias especializadas) que muchas veces neutralizan, o aún más, definen determinadas “políticas” hacia el Hemisferio. Obama necesita entonces de un “diseño estratégico” (que hasta ahora no existe) que dé coherencia a su política regional.

En los próximos días, el Presidente Barack Obama hará su primer viaje por América Latina, una región que hasta ahora no había visitado. Los países escogidos en esta gira son Brasil, Chile y El Salvador. Los motivos de esta gira y los lugares que visitará, dicen mucho sobre los intereses y visión que hoy existen en Washington respecto a nuestra región, y nuestro país en particular. Contrariamente a lo que puede creerse, América Latina sí es relevante para los intereses norteamericanos. Hoy ambas regiones son más interdependientes que nunca.

Como bien lo señaló un informe del influyente Council on Foreign Relations de Nueva York, nuestra región se está transformando rápidamente en el principal socio comercial de Estados Unidos, representando ya el 20% de las exportaciones totales de este país (mientras China representa el 5%) ; cerca del 40% del petróleo proviene de nuestra región; América Latina ofrece además amplias oportunidades para desarrollar fuentes alternativas de energía ; y los latinos en Estados Unidos alcanzan ya 45 millones, constituyendo la principal minoría racial en ese país, y la principal fuerza que permitirá un crecimiento sostenido de la mano de obra de aquí al 2050.

En ese país hay otros actores (el Congreso, grupos de interés, lobbystas, agencias especializadas) que muchas veces neutralizan, o aún más, definen determinadas “políticas” hacia el Hemisferio. Obama necesita entonces de un “diseño estratégico” (que hasta ahora no existe) que dé coherencia a su política regional.

Pero la región también presenta aspectos problemáticos para Washington: el crimen organizado, el narcotráfico, y la inmigración ilegal, están generando tensiones entre Estados Unidos y diversos países, respecto a las responsabilidades y estrategias más adecuadas para enfrentar estos flagelos del siglo XXI. De estos y otros temas vendrá el Presidente Obama a hablar en su gira regional. Ahora, la elección de países a visitar, expresa bien las prioridades que la Casa Blanca ha establecido respecto a la región. Brasil es una visita obligada, considerando la envergadura y proyección global que hoy tiene este país, con el cuál sin embargo, ha habido diferencias no menores en los últimos años (desde la política hacia Irán, el golpe de Estado en Honduras, las bases militares en Colombia, o las fricciones en materias comerciales). Después, había que seleccionar un país en Centroamérica, y uno en Sudamérica. El Salvador es un caso emblemático de lo que la Casa Blanca quisiera ver en esa sub-región: Un gobierno que pese a ser de centro-izquierda, desarrolla políticas moderadas, busca un fortalecimiento de las instituciones públicas, y colabora con las agencias norteamericanas en el combate al crimen y narcotráfico. Chile por otra parte, hace ya años que es citado como un “caso modelo” de lo que Estados Unidos quisiera ver extendido en toda la región: un país con instituciones democráticas sólidas, abierto al mundo en materias comerciales, y que asume responsabilidades internacionales en materias relativas al desarrollo, la paz y seguridad.

Cabe destacar sin embargo, que esto no fue siempre así: nuestra historia está llena de desencuentros con Estados Unidos, como bien lo describieron en su momento los destacados académicos y ex embajadores, Heraldo Muñoz y Carlos Portales, en su libro “La Amistad Esquiva”. Sin embargo, en estos años de democracia hemos alcanzado lo que se podría llamar “una relación madura” con Estados Unidos, esto es, una relación de socios confiables, pero no de subordinación, como quedó demostrado con la decisión del Presidente Lagos de no apoyar la intervención ilegal en Irak. Y es que si bien existen afinidades y convergencias importantes entre ambos países, las agendas y prioridades entre la mayor potencia mundial, y un país de desarrollo intermedio del hemisferio (que además tiene un historial de autonomía en su política exterior) no siempre serán coincidentes.

Lo importante sin embargo, es que Washington ha aprendido a respetar este perfil de Chile en su posicionamiento internacional, mientras que países que han optado por una confrontación abierta, o por la “subordinación automática”, no han logrado los mismos resultados a lo largo del tiempo. El Presidente Obama viene a Chile entonces, no por la agenda bilateral (que es manejada por funcionarios técnicos) sino para reforzar este mensaje de asociatividad con un país cuyas políticas quisiera ver replicadas en el hemisferio. Se trata entonces de una oportunidad, para que nuestro país transmita también lo que son sus intereses y preocupaciones en relación a esta potencia mundial. El discurso del Presidente Obama hacia la región es óptimo en términos de lo que cualquier líder regional quisiera escuchar: reconoce que la pobreza y las desigualdades están en la base de las inestabilidades regionales; plantea buscar soluciones conjuntas y concordadas a los principales problemas hemisféricos; apela al multilateralismo para procesar situaciones de conflicto; prioriza el diálogo y evita la confrontación con regímenes adversos; y reconoce que algunos de los problemas provenientes de la región, tienen sin embargo un origen, o son “estimulados” desde este país (entre otros, el crimen organizado y el narcotráfico).

El problema sin embargo, es que la administración Obama, abrumada por graves desafíos globales y locales, y debilitada después de las elecciones parlamentarias de noviembre pasado, carece de la capacidad política para materializar políticas y acuerdos que son importantes para países de nuestra región (difícilmente habrá por ejemplo, en este período, una nueva legislación inmigratoria que regularía la situación de millones de inmigrantes ilegales de origen latino). Chile y otros países latinoamericanos debiesen entonces, definir una “agenda acotada” con la administración Obama, de temas que son relevantes y que requerirán tanto de apoyo regional, como interno en Estados Unidos, para poder ser materializados.

En ese país hay otros actores (el Congreso, grupos de interés, lobbystas, agencias especializadas) que muchas veces neutralizan, o aún más, definen determinadas “políticas” hacia el Hemisferio. Obama necesita entonces de un “diseño estratégico” (que hasta ahora no existe) que dé coherencia a su política regional, pero también se necesitará más “pro-actividad” desde la región para influir en el debate interno que al final determina las políticas implementadas hacia América Latina. El Presidente Obama goza todavía de una “ventana” de popularidad importante en la región (70%) , pero este “capital político” no es indefinido, y estos dos años que vienen de período electoral en Estados Unidos, no son precisamente propicios para sacar adelante nuevos proyectos.

Chile debe aprovechar la oportunidad de este diálogo para interpretar también a nuestra vecindad, y plantear al Presidente Obama que ahora es la oportunidad para sentar las bases de una nueva relación regional, que asumiendo la creciente interdependencia entre ambas regiones, permita una asociatividad acorde a esta realidad.

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