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La tensión es un buen aderezo de la popularidad

por 25 marzo 2011

La tensión es un buen aderezo de la popularidad
Si bien los pronunciamientos bolivianos podrían ser considerados contradictorios, también perfectamente pueden interpretarse como orientados a un resultado de corto plazo para estar con sus intereses en la oportunidad que se abrirá el 2012, cuando la Corte Internacional de Justicia de la Haya emita su fallo sobre el diferendo marítimo de Chile y Perú.

Los países no pueden cambiarse de barrio. Por ello, las relaciones vecinales debieran ser una prioridad estratégica de sus relaciones internacionales, tanto como la austeridad verbal y gestual el principio rector de sus gobernantes y funcionarios. Ello incluye conocer bien al vecino y calibrar adecuadamente sus acciones, para modelar las propias en función del bien sustancial que es la paz, sin amplificar los elementos negativos ni pasar por alto los positivos.

Poco de este cuidado ha habido en el fuerte intercambio de puntos de vista entre Bolivia y Chile, con motivo de las declaraciones del Presidente Evo Morales sobre la posibilidad de recurrir a tribunales internacionales por un acceso soberano al  mar para su país. Ni la estridencia habitual del mandatario boliviano ni los decibeles presidenciales de nuestro país están en los cánones de la prudencia.

Chile empató el subido volumen del mensaje boliviano señalando tajantemente que las declaraciones de Evo Morales “constituyen un serio obstáculo para las relaciones entre ambos países”.

Para un observador relativamente informado de la situación regional lo dicho por el Presidente boliviano no tiene nada sorpresivo. En los mismos días o meses tuvo affaires similares con Paraguay y Costa Rica. En cuanto a Chile, hace rato estaban sobre la mesa. Si nuestra Cancillería ha hecho bien su trabajo, la decisión sobre cómo y qué responder debiera obedecer a un diseño con suficiente anticipación, en el que se barajó más de una opción. Si habló Sebastián Piñera se optó por el tono mayor, pero el tema ya es añejo.

La interrogante, dada la respuesta de Chile, es si nuestro gobierno es capaz de captar los subtextos y metalenguajes que rodean situaciones complejas como esta. Que haya respondido el Presidente parece un endurecimiento innecesario.

A mediados de febrero de este año el Presidente Morales declaró a medios bolivianos que “comprende la dura reacción de Chile a su petición de que Santiago concrete una propuesta sobre la demanda marítima boliviana antes del 23 de marzo”, en la que pidió entender el apuro de Bolivia. "Así como me pongo en el caso del Gobierno de Chile, dijo, quisiera que ellos también se pongan en el caso del presidente del Gobierno boliviano".

La alusión a la reacción chilena se refería a la respuesta del canciller Alfredo Moreno,  quien días antes había afirmado que nuestro país "trabaja por resultados, no por fechas".

Para nadie es un secreto la permanente tensión interna de la nación altiplánica por construir cohesión política nacional, y la sensibilidad que el tema de la mediterraneidad arrastra para todos los sectores. En este tema, las fechas y conmemoraciones no debieran leerse como plazos sino como símbolos, en que convergen las diversas sensibilidades acerca del acceso al mar, las que deben ser satisfechas por el mandatario boliviano. El no tiene unanimidad nacional en el tema.

Los analistas bolivianos concuerdan en que Evo Morales desarrolla una estrategia hacia  Chile  que combina de manera inédita y novedosa la “tesis reivindicacionista” que sólo admite reintegración marítima boliviana  recuperando los territorios perdidos en 1879, para lo cual hay que revisar el Tratado de 1904; con la “tesis practicista”, que admite una solución obteniendo territorios que no fueron parte de Bolivia en el pasado, pero evitan  la modificación del Tratado de 1904, y la interrupción de la continuidad del territorio chileno, tema que piensan, no sin razón, que siempre será rechazado por Chile.

A lo largo de la historia, dicen, las mejores aproximaciones a una solución se han basado en esta postura, como los Tratados de 1895, el Acta Protocolizada de 1920, la propuesta Kellogg de 1927, las Notas de 1950 y el Acta de Charaña de 1975.

El intento de Evo Morales de conducir la gestión diplomática con Chile siguiendo premisas practicistas y manteniendo un discurso reivindicacionista es notorio tanto en la agenda de conversaciones entre ambos países que ha corrido paralela a las declaraciones del Presidente boliviano y de su Ministro de Relaciones Exteriores de que Bolivia “no puede esperar cien años”.

Mientras el mandatario da mensajes reivindicacionistas, a su país, tanto durante el gobierno de Michelle Bachelet  como en el actual se sigue testeando la posibilidad  de transferir a Bolivia un enclave en la región de Tarapacá, o un corredor sin soberanía al norte de Arica, ambos antiguos territorios peruanos.

Ese juego requiere interlocutores finos. Si bien los  pronunciamientos bolivianos podrían ser considerados contradictorios, también perfectamente pueden interpretarse como orientados a un resultado de corto plazo para estar con sus intereses en la oportunidad que se abrirá el 2012, cuando la Corte Internacional de Justicia de la Haya emita su fallo sobre el diferendo marítimo de Chile y Perú.

La interrogante, dada la respuesta de Chile, es si nuestro gobierno es capaz de captar los subtextos y metalenguajes que rodean situaciones complejas como esta. Que haya respondido el Presidente parece un endurecimiento innecesario.

Es de esperar que el juego de la tensión externa, que lamentablemente se usa muchas veces para eliminar problemas internos o temas de popularidad, no dominen de manera mecánica el imaginario comunicacional de gobernantes y asesores a uno y otro lado de las fronteras, y solo estemos ante una partida simulada o falsa en un tablero de ajedrez.

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