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Menos derecho de autor y más derecho a leer

por 27 abril 2011

Cada 23 de Abril, día en que además se supone que murieron Cervantes, Shakespeare y el inca Garcilaso, la UNESCO celebra el día internacional del libro y el derecho de autor. A nivel local, el viernes recién pasado la Cámara Chilena del Libro junto con las autoridades inauguraron las celebraciones locales con, faltaba más, una feria del libro en plena Plaza de Armas de Santiago.

Junto con las cartas que algunos interesados han enviado a los diarios, es curioso que quienes más celebren la existencia de los libros y del derecho de autor sean intermediarios, industrias y gerentes antes que creadores y público en general. La pregunta que surge de inmediato es la razón de la celebración. ¿Qué es lo que hay que celebrar? ¿Que existan los libros o lo que producen?

Para la Cámara -que reúne a más librerías que editores- está claro. Como lo que hay que celebrar es este modelo de negocios que consiste en la venta de ejemplares físicos que contienen obras intelectuales, celebramos abriendo una feria. En lugar de ofrecer acciones que alienten a fortalecer las bibliotecas públicas o mejorar los índices de lectura, para los viejos amigos de la Cámara lo que es motivo de celebración es la organización de tenderetes de venta con promotores que reciben sueldos fiscales.

De alguna manera celebrar el libro sin celebrar el conocimiento, el acceso y la cultura es como celebrar el día del cassette cuando queremos festejar la música.

En un mundo donde reforzar los derechos de autor avanza de la mano con cercenar derechos fundamentales de la mayoría y proteger a ciertos objetos industriales del furioso paso del cambio de formatos y modelos de distribución, tal vez sea mejor idea celebrar las oportunidades que hoy tenemos para acceder, disfrutar y re-crear la cultura. Peter Singer indicaba un par de días que si hemos sido capaces de poner un hombre en la luna y descifrar la secuencia del genoma, las razones de no tener una biblioteca universal gratuita no son técnicas, es solamente una decisión política. De hecho, hay un imperativo moral. Si se trata de celebrar, quién no disfruta haciéndolo, propongo menos celebrar objetos y más celebrar nuestro derecho a leer.

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