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Analistas transparentes

por 26 mayo 2011

Analistas transparentes
Los medios son actores políticos y económicos, pero también son marcas, relaciones sociales y centros de poder. Al omitir los intereses de sus analistas, los medios pueden pagar costos más altos que el beneficio de controlar la agenda por un día.

Cuando los analistas transparentan sus intereses contribuyen tanto a la calidad del debate público como a la credibilidad de los medios de comunicación que les dan tribuna. Si los medios chilenos adolecen de falta de pluralismo, los analistas poco transparentes fomentan las asimetrías de información y como consecuencia atentan contra la calidad de la democracia.

Es común enfrentarse a la opinión de diversos analistas en los medios de comunicación que omiten dar cuenta de sus labores profesionales a la hora de interpretar fenómenos sociales. Abundan nombres, apellidos y profesiones genéricas, pero escasean la especificidad de sus labores y la posición desde la que hablan. Muchas veces justifican sus dichos con el emblema de la fragmentación de roles –que se traduce en que hoy hablo desde la posición X representando los intereses de X y mañana lo hago desde la posición Y representando los intereses de Y-. Es esa fragmentación la que termina por distorsionar el intercambio público de ideas. Cuando estalló el caso de colusión de las farmacias aparecieron analistas que a su vez asesoraban a las empresas investigadas sin dar cuenta alguna de sus relaciones comerciales. Lo mismo ocurre en periodos electorales cuando analistas, que a su vez asesoran a candidatos y omiten sus vínculos, terminan por alimentar dudas y sospechas sobre sus acciones e intereses.

Si la objetividad muchas veces termina siendo un slogan para promocionar la información, mientras más transparentes sean a la hora de dar cuenta sobre sus conflictos de interés y posiciones políticas, más independientes y creíbles serán frente a sus audiencias.

Esta fragmentación de roles genera algunos problemas. El poder simbólico de la información radica en que una noticia o la opinión de un analista pueden cambiar el curso de los acontecimientos, influyendo en las acciones de quienes acceden a ella. El manual de economía sugiere que para tomar mejores decisiones de consumo, es necesario obtener la mayor cantidad de información posible. En los procesos políticos ocurre lo mismo. Para tomar decisiones políticas, los ciudadanos tienen que acceder a información de distintas fuentes y diversa en contenido y posiciones. Por eso los medios de comunicación, además de ser actores económicos, también son actores políticos. Cuando reducen la compleja realidad al formato de noticia y priorizan ciertos temas por sobre otros –de acuerdo a sus propios intereses editoriales- intentan influir en la forma que suceden los acontecimientos. Si la escasa diversidad de voces y temáticas que dan vida a las noticias son la tarea pendiente de los medios actualmente, saber desde qué posición hablan esos analistas es fundamental para que sus ideas -convertidas en información- entren sin distorsiones en la lucha por la visibilidad en el debate público.

El rol del analista es fundamental en los procesos de deliberación pública, principalmente como formadores de opinión. Ya sea por sus competencias y conocimientos, así como por su prestigio y el respeto que generan, emergen como líderes de opinión y actores que estimulan la conversación entre quienes se informan a través de ellos. Si bien es legítimo que los analistas tengan intereses en distintos frentes –comerciales o políticos- es responsabilidad de los medios de comunicación exigirle a sus analistas que los hagan públicos. Para no atentar en contra de su principal capital –la credibilidad de sus audiencias- los medios explícitamente tienen que dar cuenta de las credenciales de sus columnistas. Al ser transparentes, los analistas potencian el poder simbólico de sus ideas y contribuyen a la deliberación en torno a ellas. Esto también plantea un desafío para los medios. Si la objetividad muchas veces termina siendo un slogan para promocionar la información, mientras más transparentes sean a la hora de dar cuenta sobre sus conflictos de interés y posiciones políticas, más independientes y creíbles serán frente a sus audiencias. Entonces para poder exigirle a sus analistas transparentar sus intereses, los medios también tienen que partir por casa.

Esto implica dignificar también el rol que juegan en las sociedades los medios de comunicación. Reducir su papel a simples actores económicos, ignorando el rol político que ejercen en la construcción de realidades, también genera distorsiones en cómo comprendemos el papel que desempeñan en los fenómenos sociales. Los medios son actores políticos y económicos, pero también son marcas, relaciones sociales y centros de poder. Al omitir los intereses de sus analistas, los medios pueden pagar costos más altos que el beneficio de controlar la agenda por un día.

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