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Editorial

Editorial: La integridad del Mercado de Valores, la fe pública y La Polar

por 15 junio, 2011

Editorial: La integridad del Mercado de Valores, la fe pública y La Polar
No es explicable que ni el directorio, ni los auditores, ni los clasificadores de riesgo, ni los corredores de valores, ni los reguladores repararan acerca de este comportamiento anómalo de la empresa. Esta falla de múltiples actores relevantes del mercado es tanto o más grave que las malas prácticas de renegociación, provisiones y castigos que siguió la multitienda con sus clientes, pues daña una parte vital de la institucionalidad económica.
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El episodio de La Polar debe ser uno de los hechos más dañosos para el buen funcionamiento del mercado de valores y la fe pública que este conlleva, además de impactar negativamente una sana doctrina del crecimiento económico en una economía de mercado como la chilena.

Desde el punto de vista de los números, no sólo afecta a los accionistas de la empresa, sino a todos los chilenos, tanto por la participación de los fondos de pensiones como accionistas, como por el  daño objetivo a miles de consumidores.

Pero no cabe duda que es desde el punto de vista de la integridad del Mercado de Valores y la fe pública que su funcionamiento tiene impactos devastadores. No sólo porque la información haya sido manipulada por los ejecutivos de la empresa, sino porque un hecho fundamental como es el que La Polar tenía una deuda promedio por cliente tres veces superior a los principales “retailers” del mercado y en un segmento de menores ingresos, siendo un hecho conocido por el mercado desde hace muchos meses, no generó ninguna reacción oportuna.

No es explicable que ni el directorio, ni los auditores, ni los clasificadores de riesgo, ni los corredores de valores, ni los reguladores repararan  acerca de este comportamiento anómalo de la empresa.  Esta falla de múltiples actores relevantes del mercado es tanto o más grave que las malas prácticas de renegociación,  provisiones y  castigos que siguió la multitienda con sus clientes, pues daña una parte vital de la institucionalidad económica.

La empresa remuneraba a los actores del mercado en forma mucho más generosa que el estándar,  por ejemplo a los colocadores de valores de oferta pública.  Los conflictos de interés y la externalidad que implica no considerarlos costos de credibilidad para todo el sistema, son sin duda un factor relevante para explicar lo acontecido.

La intermediación eficiente de recursos de ahorro a inversión requiere del desarrollo de mercados de valores que permitan el vínculo entre ahorrantes e inversionistas en forma directa, sin tener que pasar por la intermediación bancaria.  Este es el rol que cumple el mercado de valores,  permitiendo que las empresas puedan emitir títulos de deuda, títulos de renta variable e incluso securitizar miles de créditos que no tienen liquidez en forma individual.

Un desarrollo eficiente de esta forma de intermediación financiera puede aportar mucho al crecimiento económico de un país.  La clave para su desarrollo es que las instituciones que se generan le permitan a los agentes económicos adoptar decisiones informadas sobre el riesgo o retorno esperado de cada instrumento que se transa en el mercado.  Como no resulta eficiente ni posible que cada agente económico investigue el riesgo de cada instrumento, se generan agentes especializados que tienen esa responsabilidad, proporcionando al mercado las seguridades de que la información con que contará será fidedigna y simétrica, es decir, que  no habrá  agentes con información privilegiada realizando transacciones; y que existirá un cuerpo colegiado idóneo que usará su responsabilidad de administración para evitar que problemas de agencia lleven a la administración de las compañías a privilegiar sus intereses en desmedro de los accionistas.

Para abordar estos  objetivos es que se establece una institucionalidad propia del mercado de valores, destinada a velar el cumplimiento de esos principios  fundamentales.  En primer lugar, los gobiernos corporativos, con el rol del comité de directores, los directores independientes, y los directores en general, que son los primeros llamados a controlar a la administración de la empresa.

En segundo lugar los auditores internos y externos, que deben dar garantías que han evaluado la información  disponible y que pueden razonablemente dar fe de que es fidedigna.  En tercer lugar las clasificadoras de riesgo, que deben estudiar la capacidad de pagar las obligaciones de la empresa.  En cuarto lugar los reguladores, que tienen que asegurar que todos los actores cumplen sus responsabilidades.  Adicionalmente están los corredores de valores que tienen generalmente importantes departamentos de estudio,  que les permiten  recomendar a sus clientes comprar y vender.

En el caso de La Polar todo esto falló.  ¿Cómo se explica tal situación?  ¿Negligencia inexcusable o conflictos de interés? Pareciera ser que ambos.

La empresa remuneraba a los actores del mercado en forma mucho más generosa que el estándar,  por ejemplo a los colocadores de valores de oferta pública.  Los conflictos de interés y la externalidad que implica no considerar los costos de credibilidad para todo el sistema, son sin duda un factor relevante para explicar lo acontecido.

No corresponde que las autoridades traten de bajarle el perfil al tema. Sus impactos reales económicos recién están comenzando, pero lo más importante no es solo resarcir los daños a quienes han resultado directamente perjudicados, sino, además tomar las medidas más drásticas para restaurar la integridad y la fe pública de nuestro Mercado de Valores. Incluso si ello considera la persecución de eventuales responsabilidades criminales por parte de quienes idearon la manipulación.

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