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Entramos juntos y salimos juntos

por 18 julio, 2011

Entramos juntos y salimos juntos
El Presidente debiera cambiar a sus ministros de La Moneda. Hinzpeter no ha ejercido su función de jefe de gabinete, no ha hecho bien su tarea contra la delincuencia y está vetado por la UDI. Puede mantenerlo, porque lo necesita y RN lo apoya, pero pagará un alto costo por ello. Cristián Larroulet, cercano a la UDI, ha fallado en su función, sin articular la agenda legislativa y sin tener el respeto de la oposición.
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El gobierno de Sebastián Piñera está en severas dificultades, presionado desde la base social con masivas protestas ciudadanas. Prometió un cambio, que no ha realizado y los dirigentes de los partidos oficialistas lo critican públicamente o muestran una sorprendente distancia con su administración. La guinda de la torta es el jefe de gabinete, Rodrigo Hinzpeter, que estuvo una semana de vacaciones en una playa del Caribe. Llama la atención las escasas voces que lo defienden abiertamente. Y el mandatario no muestra capacidad decisoria para rectificar esta situación, con exigencias desde su sector por un cambio de gabinete.

Este escenario no se produjo por problemas coyunturales, sino que por factores de fondo, porque la estrategia asumida al establecerse el primer gobierno de centro derecha después de medio siglo fue equivocada. Comenzó con el error de no haber reconocido estar minoría en el Congreso, que le obligaba a entenderse con la oposición. En vez de buscar los acuerdos con la Concertación, se enfrentó a ella, reclutando a un ministro del PDC y con ministros que competían en sus ataques a sus adversarios.

La segunda fue formar un gabinete “de excelencia”, nombrando ministros que venían desde las empresas, dando la impresión de ser “un gobierno de empresarios”, calificativo que corresponde a la biografía del mandatario. La inexperiencia política no fue suplida por la eficacia en la gestión, como se ha demostrado en la reconstrucción, que sigue muy atrasada. Sólo después del accidente de los mineros el gobierno se vio relativamente alejado de los empresarios, pero Piñera no aprovechó esta oportunidad, sin presentar ni siquiera un proyecto de ley para fortalecer la seguridad de los trabajadores en sus faenas. Con ocasión del terremoto, la “reforma tributaria” significó una rebaja de impuestos para los empresarios.

Estas decisiones provocaron una débil integración de los partidos al gabinete, especialmente de la UDI, y una difícil relación con las bancadas del Congreso. Antes de un año debió abandonar su gabinete de técnicos y recurrió a políticos, nombrando a dos senadores. Sin embargo, mantuvo la orientación de gobierno de empresarios y una agenda que no entusiasma a sus votantes y no le permite mantener la iniciativa política.

Piñera podrá neutralizar a sus críticos integrándolos al gabinete, como lo hizo antes con los senadores Allamand y Matthei. Pero ello será un cambio de limitado alcance. El gobierno estará debilitado para enfrentar las presiones de los grupos de interés. De una crisis de gobierno, se avanzará a una crisis del sistema, en que otros grupos de interés presionarán frente a una autoridad débil, con partidos débiles.

La manifestación más reciente de los problemas del gobierno es en la educación, con manifestaciones masivas a lo largo del país exigiendo una profunda reforma, incluyendo el fin del lucro. Esta es una demanda que toca el corazón del gobierno, pues el ministro de Educación, Joaquín Lavín, y el de la Presidencia Cristián Larroulet, fueron accionistas-fundadores de la Universidad del Desarrollo.

El mandatario debe dar un golpe de timón, con un doble sentido: un cambio de gabinete con nuevos rostros e impulsar una agenda para cumplir la promesa de campaña, haciendo las reformas que la Concertación no hizo.

El Presidente debiera cambiar a sus ministros de La Moneda. Hinzpeter no ha ejercido su función de jefe de gabinete, no ha hecho bien su tarea contra la delincuencia y está vetado por la UDI. Puede mantenerlo, porque lo necesita y RN lo apoya, pero pagará un alto costo por ello. Cristián Larroulet, cercano a la UDI, ha fallado en su función, sin articular la agenda legislativa y sin tener el respeto de la oposición. No se ha visto que tenga defensores. La vocera, Ena von Baer (UDI), ha hecho un pésimo papel, El Mercurio califica su gestión como “deplorable”.

Como dijo el almirante Merino después de la derrota de Pinochet en el plebiscito de 1988, “entramos juntos y salimos juntos”. Estos tres ministros entraron juntos a un gobierno y se identificaron con una agenda y tipo de trabajo, que se ha mostrado agotado. Debieran salir juntos para que Piñera inicie una nueva etapa.

Pero los problemas del gobierno Piñera no es sólo de personas. También debe tener una agenda nueva y potente, que tenga a la educación como su eje y resolver las graves falencias, que comenzaron antes que Piñera llegara a la presidencia. Tiene que haber más regulación porque es inviable una educación superior entregada a las reglas del mercado. Chile tiene 25 carreras de Medicina Veterinaria, de las cuales seis son de universidades privadas con fines de lucro, mientras EE.UU. sólo tiene 21. Esta reforma le permitiría a Piñera mostrar que no es el gobierno de los empresarios.

La agenda no se puede limitar a la educación porque debe impulsar reformas económicas que fortalezcan los derechos de los trabajadores y debiliten los que tienen los grandes empresarios. Además, hay graves problemas políticos, que apuntan hacia una crisis de representación. Y si el nuevo gabinete tiene más políticos, con mayor razón debe enfrentar estas debilidades. Debiera incluir una reforma política de verdad y no cosmética, con la eliminación del binominal y su reemplazo por el sistema proporcional, para que los partidos y los parlamentarios, de gobierno y de oposición, se hagan cargo de fortalecer las instituciones de la democracia.

No es viable una democracia de calidad con una débil competencia electoral, que favorece a dos bloques en crisis. Debe incluir el financiamiento público de los partidos, porque su actual dependencia del mundo de los negocios es penoso. El conflicto de interés con las universidades lo está demostrando. Piñera tiene más legitimidad para impulsar esta reforma por su biografía como empresario.

Piñera podrá neutralizar a sus críticos integrándolos al gabinete, como lo hizo antes con los senadores Allamand y Matthei. Pero ello será un cambio de limitado alcance. El gobierno estará debilitado para enfrentar las presiones de los grupos de interés. De una crisis de gobierno, se avanzará a una crisis del sistema, en que otros grupos de interés presionarán frente a una autoridad débil, con partidos débiles, porque la UDI y RN no tienen una agenda programática atractiva. Y las elecciones municipales de 2012 y las presidenciales del 2013 permitirán a sus votantes castigar a los partidos que lo llevaron a La Moneda.

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