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El nuevo gabinete y las ambiciones de poder

por 20 julio, 2011

El Presidente no cambió la esencia de su estructura de decisiones. Seguirá apoyándose en su segundo piso y confiando en su más cercano colaborador, Rodrigo Hinzpeter. En el camino, las opciones presidenciales de Lavín se ven fuertemente debilitadas y ahora surgen nuevos competidores para la presidencial de 2013.
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¿Para qué sirve un cambio de gabinete?  Ciertamente que contribuye a reordenar la agenda del gobierno. Permite también resolver conflictos políticos de la coalición gobernante. Puede contribuir a resolver problemas de gestión cuando algunas carteras están mal evaluadas.

La versión entregada por el presidente Piñera  sostiene que se requería robustecer el gabinete por cuanto se estaba fallando en la comunicación de los resultados. La versión extra-oficial se asocia con la preocupación de la UDI sobre el desempeño gubernamental y su interés por incidir más directamente en las decisiones centrales del gobierno. Así, aquello que Joaquín Lavín hace algunas semanas denominaba “la esencia” o el corazón de la UDI desembarcó finalmente en el gabinete.

Pero, ¿cuál es el propósito de estas movidas del ajedrez ministeriales? ¿Un cambio para mejorar la gestión comunicacional o un intento por satisfacer las preocupaciones de la UDI? Existe una lectura alternativa y que se asocia con algo mucho más pedestre y que tiene que ver ni más ni menos que con la disputa por la presidencia de 2013.

El Presidente no cambió la esencia de su estructura de decisiones. Seguirá apoyándose en su segundo piso y confiando en su más cercano colaborador, Rodrigo Hinzpeter. En el camino, las opciones presidenciales de Lavín se ven fuertemente debilitadas y ahora surgen nuevos competidores para la presidencial de 2013.

Desde el día uno de la administración Piñera se instaló una disputa de poder entre un sector de RN y la UDI. Los primeros entendieron que si deseaban proyectarse en el poder requerían articular un programa político de corte liberal al que denominaron la “nueva derecha”. El objetivo fue buscar un acercamiento con el centro político (PR y/o PDC) y aislar a su socio en el intento por hegemonizar a la coalición de gobierno. La UDI, en tanto, buscaría proyectar a su líder natural (Joaquín Lavín), pero muy tempranamente observarían con recelo y molestia la orientación que tomaría la administración. La rebelión culminó con el regreso de los coroneles a las posiciones de poder en dicho partido para, desde allí, buscar un nuevo acuerdo con el presidente Piñera. Aquello seguramente se materializó camino a México, en una conversación privada entre Longueira y Piñera.

El cambio de gabinete refleja precisamente esta ácida disputa dentro de la Alianza. Avanza la UDI porque dos de sus coroneles entran al gabinete como contrapesos de la figura presidencial. La UDI sabe que su proyección para la presidencial depende de un buen resultado en las elecciones municipales del próximo año. Y un gobierno con baja popularidad ciertamente no ayuda a cumplir con dicho objetivo.

En tanto, el Presidente Piñera movió piezas con fuertes consecuencias presidenciales: desplazó a un herido Joaquín Lavín y colocó a uno de los delfines de RN (Felipe Bulnes) en un cargo de alta figuración como es Educación. Si el ministro Bulnes logra articular un acuerdo nacional en Educación se transformaría en un automático candidato presidencial. El segundo enroque afecta al ministro Golborne, a quien se le alivianó la conflictiva carga social de dos carteras como son Minería y Energía. Finalmente, el Presidente buscó demostrar que seguía mandando al defender a su leal Jefe de Gabinete contra viento y marea.

En síntesis, dado que el conflicto esencial de la coalición de gobierno es la sucesión presidencial, es muy poco probable que este cambio de gabinete transforme la forma de hacer las cosas. El Presidente no cambió la esencia de su estructura de decisiones. Seguirá apoyándose en su segundo piso y confiando en su más cercano colaborador, Rodrigo Hinzpeter. En el camino, las opciones presidenciales de Lavín se ven fuertemente debilitadas y ahora surgen nuevos competidores para la presidencial de 2013.

Entonces, ¿para qué sirve un cambio de gabinete? En este caso, sirvió para demostrarnos con particular crudeza que los códigos de la política se asocian intrínsecamente con ambiciones de poder.

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