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La vieja historia de Piñera y la educación como bien de consumo

por 20 julio, 2011

La vieja historia de Piñera y la educación como bien de consumo
Para el joven Ph.D. de Harvard, todos pagan. En ningún caso, en el mercado del conocimiento, el saber universitario debe ser gratuito. Si no hay dinero al momento, crédito. Pero todos pagan. Normal. Lógico.
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En Cuadernos de Economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile, en su edición de Abril del año 1980, encontramos un extraordinario artículo –de carácter científico- del joven Ph.D. en economía por la Universidad de Harvard, Sebastián Piñera, a la sazón, Gerente General del Banco de Talca.

Es extraordinario, pues reconocemos en él a un hombre de principios.

Hoy, 30 años después, Sebastián Piñera es nada menos que todo un hombre, ya maduro, con años de experiencia en la economía, las finanzas, los negocios; feliz, exitoso, winner; hombre de familia y Presidente de la República, funcionario público, servidor público, electo democráticamente, hoy -decimos- reconocemos en él a un hombre de principios.

Es lo que los pueblos necesitan. Hombres de principios claros, evidentes, racionales, apegados a la naturaleza de las cosas, máxime si están sustentados científicamente. Chile no necesita populistas bananeros tercermundistas.

Tanto impacto tuvo esa tercera parte del artículo científico del joven Sebastián Piñera, que la principal revista de divulgación doctrinal del gremialismo de Jaime Guzmán, la Revista Realidad, la publicaba en su totalidad para la edición de Abril de 1980.

Después de 30 años, escuchamos al presidente de Chile Sebastián Piñera, entregar un mensaje de unidad ante el conflicto universitario, un mensaje centrado en mejores oportunidades de acceso, en más y mejor control de calidad y en más financiamiento para las universidades.

Si comparamos el mensaje de hoy con el artículo de hace ya 30 años, encontraremos similitudes a nivel de principios, orientaciones y fundamentos extraordinarios.

Después de 30 años, el presidente Piñera mantiene sus principios. Demuestra ser un excelente alumno de la escuela neoliberal norteamericana.

El artículo de 1980 se llama literalmente Orientaciones para una Reforma al sector educacional chileno. No obstante, el artículo específicamente se enfoca, en su tercera parte, a entregar lo que denomina orientaciones de “políticas” en educación.

Tareas claras

Su actualidad y oportunismo era innegable, pues la dictadura de Pinochet estaba ya embarcada en su “revolución sistémica” a toda la estructura educacional chilena.

¿Por qué Augusto Pinochet Ugarte se preocupó de la educación? Pues, simple. El Decreto Ley Nº1 publicado en el Diario Oficial el 18 de Septiembre de 1973 ya lo decía: “la Fuerza Pública[…]representa la organización que el Estado se ha dado para el resguardo y defensa de su integridad física y moral y de su identidad histórico-cultural”. Había que defender a Chile que se encontraba en un proceso de destrucción sistemática e integral de los elementos constitutivos de su ser “por efecto de la intromisión de una ideología dogmática y excluyente, inspirada en los principios foráneos del marxismo-leninismo”.

Ahora bien, ¿Qué era el marxismo? El Decreto Ley Nº 77 del 13 de Octubre de 1973 lo explica claramente. La doctrina marxista “(1)…encierra un concepto del hombre y de la sociedad que lesiona la dignidad del ser humano y atenta en contra de los valores libertarios y cristianos que son parte de la tradición nacional;(2)…es incompatible con el concepto de unidad nacional;(3) …se orienta a la destrucción de elementos esenciales y constitutivos del ser nacional”.

Había que salvar a Chile. Por ello, como decía DL Nº77 “sobre el nuevo Gobierno recae la misión de extirpar de Chile el marxismo, de reconstruir moral y materialmente el país hacia el desarrollo económico”. Por esta razón Augusto Pinochet Ugarte, el gremialismo y la derecha en su totalidad se preocuparon de la educación.

La educación fue para ellos un poderoso instrumento para la redención del pueblo y para el desarrollo económico. Carambola perfecta.

Nadie se podía restar en tan noble tarea escatológica, ningún patriota de buena voluntad.

Esa tarea seguía vigente en 1980. ¿En qué podía aportar un economista formado en economía de la educación, joven, audaz, gerente? Debía ponerse manos a la obra y aportar al país.

Talca, París y Chicago

Talca es un sentimiento. Es una ciudad melancólica. Una ciudad sin glamour, sin grandes avenidas, pero que se resiste al paso del tiempo a fuerza de ser totalmente bucólica, sobre todo para quienes ya no están ahí.

¿Qué hace un joven gerente Ph.D. de Harvard en Talca y en su Banco en 1980? Para algunos la cárcel es una bendición. Grandes personajes de la historia de la humanidad han pasado por ella, fortaleciendo su espíritu y su carácter para comenzar a ser líderes de pueblos y naciones. Piñera no fue a la cárcel. Debido a la demanda por la quiebra del Banco, fue encargado reo. Pero la justicia, posteriormente lo absolvió.

Sebastián Piñera siempre ha dicho que en ese año 1980 fue perseguido por la dictadura debido a su defensa de los Derechos Humanos y a sus ideas políticas.

En fin… fue en Talca donde escribió seguramente gran parte de su artículo estrella de 1980 de la Revista de Economía de la PUC.

No es menor. Tanto impacto tuvo esa tercera parte del artículo científico del joven Sebastián Piñera, que la principal revista de divulgación doctrinal del gremialismo de Jaime Guzmán, la Revista Realidad, la publicaba en su totalidad para la edición de Abril de 1980.

Según el Piñera de los 80 no existe razón alguna para que el Estado subsidie con recursos públicos a estudiantes de ingresos medios y altos; concluye “en consecuencia el financiamiento de los gastos de docencia incurridos por los centros de educación superior debiera recaer sobre los estudiantes universitarios, que son sus principales beneficiarios”.

La razón es clara, pues “…el capital humano adquirido por aquellos alumnos que logran acceder a la educación universitaria, es indudable que, al egresar del ciclo de educación universitaria, lograrán niveles de ingresos que los asimilarán a los grupos de ingresos medios y altos”. Lógico. En el mercado del conocimiento, el saber universitario es un capital que se compra individualmente y beneficia fundamentalmente a su propietario.

¿Cómo lo hacemos para no excluir a los estudiantes de niveles medios y bajos que no puedan pagar? La respuesta es clara, pues “en estas circunstancias, la acción del Estado no debiera orientarse hacia la implementación de un sistema de subsidios masivo e indiscriminado a favor de los alumnos universitarios, sino que, muy por el contrario, ella debiera orientarse hacia la implementación de un sistema de préstamos que permita financiar los costos directos e indirectos de la educación universitaria”. Todos pagan. En ningún caso, en el mercado del conocimiento, el saber universitario debe ser gratuito. Si no hay dinero al momento, crédito. Pero todos pagan. Normal. Lógico.

Pero ¿cómo paga después el que obtuvo un crédito y era de nivel medio o bajo? “Los créditos obtenidos por los alumnos mediante este sistema, durante el período de educación superior, serían cancelados, con un período de gracia determinado, con posterioridad al egreso de los alumnos de la educación superior”. Bueno, paga, pero con facilidades.

No quiero dejar pasar una nota al pie de página muy interesante; dice “en forma extremadamente selectiva este sistema de préstamos podría complementarse con un sistema de becas educacionales”.

La educación es un bien de consumo

Extraordinario. Extraordinario cómo reconocemos a nuestro Presidente de hoy en el joven Ph.D en Talca.

Nadie podría negar su excelencia en ser un gran alumno… ¿de la escuela de Chicago?

Parece que sí. Veamos.

La gran novedad de los kioskos chilenos a comienzos del año 1981, era la posibilidad de comprar, semana a semana mediante una revista de circulación nacional, el último libro de Milton Friedman “Libertad de Elegir”.

La primera semana de febrero incluía la segunda parte del capítulo “¿Qué falla en nuestras escuelas?” dedicado a la educación superior. Uno de los títulos es muy sugerente “Educación Superior: la solución”.

Friedman directamente argumenta que “es deseable en el más alto grado que todo hombre o mujer joven, tenga oportunidad de acceder a la enseñanza superior (y destaca Friedman) siempre que él -o ella- esté dispuesto a pagarla en el momento o deduciéndolo de la renta más elevada que la enseñanza le permite obtener”.

Nos da la clave de inmediato, pues dice: “Hay argumentos fuertes en pro de un fondo crediticio suficiente para garantizar igualdad de oportunidades a todos. También de la extensión de la información sobre la asequibilidad de tales fondos destinados a estimular a los menos privilegiados para que aprovechen las oportunidades. No hay argumentos para subvencionar a personas que consiguen enseñanza superior a expensas de quienes no la consiguen. En la medida en que el Estado maneja instituciones de enseñanza superior, tendrá que cobrar a los estudiantes las cuotas correspondientes al coste total de la enseñanza y demás servicios que se le proporcionan”

Hasta aquí nadie lo dudaría: Piñera, de excelencia, el primer alumno.

Pero hay otras cosas que las aprendimos de Friedman en vivo y directo.

Cuando vino Milton Friedman a Chile, fines de Marzo comienzos de Abril del año 1975, cualquiera podrá imaginar la conmoción que eso causó.

Llegaba del norte el padre inspirador y traía un mensaje: “la libertad de los individuos se ve permanentemente amenazada por el Estado[…]todo programa social que se ha iniciado por ayudar a los pobres ha terminado dañándolos y ayudando a los estratos medios y ricos”, asestó de entrada, el mítico economista.

Pero entonces ¿qué debe hacer el Estado, profesor Friedman? Debe limitar su acción a “proteger a los particulares de la coerción de otros particulares […] debe velar por la defensa de la propiedad, defensa contra la estafa, el fraude y garantizar que los contratos se cumplan.”

Fin de la historia: aprendimos, con Friedman y hoy con Piñera, que la educación es nada más y nada menos que un bien de consumo. Duro aprendizaje. Violento.

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