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La actualidad del comunismo

por 13 octubre 2011

Slavoj Zizek en Wall Street

La gente se asusta ante la idea del comunismo. No es difícil ver por qué: la historia de la implementación de esta ideología está llena de fracasos. El sueño comunista del "hombre nuevo" y la sociedad justa terminó en totalitarismos salvajes, en las purgas y las muertes de Stalin, en la ruptura de la libertad en Cuba y Europa del Este, en acusaciones y contraacusaciones de desviacionismo en todas partes. Pese a todo ello, la crisis económica de los últimos años ha llevado a un cuestionamiento tan severo de los preceptos más sagrados del capitalismo que algunos intelectuales prominentes -Alan Badiou, Slavoj Zizek, Toni Negri-- se han atrevido a desempolvar del archivo histórico la idea del comunismo. Un ya mítico congreso en Londres el 2009 cristalizó ciertas tendencias de la izquierda contemporánea; la próxima semana en Nueva York, otro congreso -"Comunismo: ¿Un nuevo principio?"-- tratará de mantener el impulso.

Bruno Bosteels, mi colega en Cornell y uno de los intelectuales más reputados de la izquierda, acaba de publicar The Actuality of Communism (Verso Books), un libro esclarecedor en el que analiza el trabajo de los ideólogos de este renacimiento comunista (Badiou, Zizek, Ranciere). Uno de los principales aportes de Bosteels es el de sacar la discusión de sus límites eurocéntricos y ampliar el marco, con un análisis fascinante del pensamiento de Álvaro García Linera, actual vicepresidente de Bolivia. Bosteels valora el mérito de García Linera de afirmar su marxismo o rechazar la muerte del socialismo a principios de los 90, en un momento en que no era tan fácil hacerlo (acababa de colapsar la Unión Soviética), y analiza los cambios de su pensamiento en la relación sociedad/Estado. A principios de los 90, García Linera veía al Estado como un obstáculo para la emancipación social -llegó incluso a pedir la destrucción del Congreso y todo el aparato estatal--; hoy, la paradoja consiste en que, junto a Evo Morales, está a cargo de un proyecto hegemónico centralista desde el Estado. Bosteels concluye sugiriendo acertadamente que hay que criticar los triunfos y fracasos del gobierno de Morales y García Linera a partir de las conclusiones derivadas de una lectura del mismo García Linera: "comunismo es nada menos que el acto total de autoemancipación colectiva por el cual el pueblo -como comunidad, sociedad civil, nación u organización internacional-asume el control de su propio destino".

Bosteels recuerda que Badiou define el comunismo como una serie de "axiomas invariables" que aparecen cuando una movilización de masas se enfrenta a "los privilegios de la propiedad, la jerarquía y la autoridad", y de cómo "actores políticos específicos" tratan de "implementar los invariables comunistas". Para Bosteels, el problema de los invariables es que pueden llevar a una "purificación del comunismo", a hablar de éste "fuera de un tiempo y lugar dados". Para evitar los peligros del "izquierdismo especulativo", Bosteels cree que el comunismo debería ser "rehistorizado"  y actualizado en formas concretas internacionalistas de acción que no deberían pasar necesariamente a través un partido político. Esto no es fácil, porque aquí comienzan los desacuerdos, pero es necesario; después de todo, como dice Bosteels, el socialismo y el comunismo fueron derrotados (quizás no filosóficamente, pero sí política e ideológicamente).

Para Badiou, de Espartaco a Mao, la "subjetividad rebelde" se refiere al comunismo, a pesar de que no se mencione la palabra. Es notable el esfuerzo de Bosteels por dotar de realismo a la discusión, pero lo cierto es que, aun así, la historia no está desligada de la palabra. "Comunismo" se refirió alguna vez a la utopia de una sociedad de iguales; hoy es una palabra manchada a la que no se podrá rehabilitar fácilmente. Lo que sí es actual, desde los "indignados" en España a la "primavera árabe" y el movimiento Occupy Wall Street de los Estados Unidos, es la subjetividad rebelde; quizás sea necesario entonces, antes que nada, buscar nuevas formas de nombrar un viejo sueño.

(La Tercera, 8 de octubre 2011)

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