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Editorial

Editorial: La pugna económica al interior del Gobierno

por 11 noviembre 2011

Editorial: La pugna económica al interior del Gobierno
La tríada Ministerio de Hacienda, Ministerio de Economía y La Moneda, no se ajusta en torno a la Segpres y al papel coordinador de políticas que este ministerio siempre ha tenido en vínculo con Hacienda. Al contrario, todo pasa directamente al Presidente de la República, quien se ha transformado en el verdadero conductor de la economía y quien señala o cambia prioridades.

No es un secreto que el debate sobre la reforma tributaria ha tensado en extremo las relaciones políticas al interior del Ejecutivo y en todo el bloque político oficialista. Las diferencias públicas entre el ministro vocero de gobierno Andrés Chadwick y el ministro Secretario General de la Presidencia Cristián Larroulet  a propósito de la Ley de Presupuesto del 2012 y el financiamiento para la educación, es un ejemplo de que el tema económico no tiene consenso.

Ello se debe, según algunos observadores, a que la tríada Ministerio de Hacienda,  Ministerio de Economía y La Moneda, no se ajusta en torno a la Segpres y al papel coordinador de políticas que este ministerio siempre ha tenido en vínculo con Hacienda, sino pasa directamente al Presidente de la República, quien se ha transformado en el verdadero conductor de la economía y quien señala o cambia prioridades.

Ello habría generado dos hechos trascendentales en materia de funcionamiento político durante el actual gobierno. Uno es que desde 1990 el país no tenía un ministro de Hacienda con una posición tan débil en el cuadro de gestión económica del país. El segundo, es que el ministro Secretario General de la Presidencia no es en la práctica el articulador de la gestión técnica del gobierno. Ni para el parlamento y los bloques de oposición y gobierno, ni tampoco ante los gremios, sobre todo empresariales.

Considerando la inexperiencia administrativa del actual gobierno, se esperaba que el orden de la agenda técnica lo pusiera la Segpres, con Larroulet a la cabeza. Sin embargo, más allá de sus capacidades técnicas, es poco lo que ha podido hacer.

A los desafíos políticos de Pablo Longueira a Felipe Larraín, inéditos también durante más de veinte años para un ministro de Economía, a propósito de algunas de las políticas de Hacienda, hay que sumar ahora la posibilidad de que un hombre emblemático del gremialismo y de Libertad y Desarrollo, y muy cercano a Larroulet y Rosana Costa, actual directora de la Dipres, deje la subsecretaría de Economía.

La salida de Juan Andrés Fontaine como ministro de Economía no fue indolora para quienes sostienen que el proyecto propio del actual gobierno se va desdibujando en una burbuja populista. La permanencia de Tomás Flores en el cargo atemperó un poco esa crítica, que es permanente en sectores de la UDI.  Pero el núcleo económico central del gobierno además de no tener un pensamiento homogéneo, tampoco tiene sintonía fina con el Presidente, el que con su vehemencia y pragmatismo, aparentemente desordena todo.

El caso de Cristián Larroulet  también marca un giro importante en el estilo de gobierno, aunque no es idéntico a lo que ocurre con Hacienda. Ya antes ha habido ministros de la Segpres poco empoderados frente al Presidente. La diferencia es que los gobiernos anteriores tenían rutinas que permitían suplir las deficiencias, y que hoy no existen.

Considerando la inexperiencia administrativa del actual gobierno, se esperaba que el orden de la agenda técnica lo pusiera la Segpres, con Larroulet a la cabeza, considerado por muchos como el Böeninger de la derecha y teniendo como aliada a la Dipres.

Sin embargo, más allá de sus capacidades técnicas, es poco lo que ha podido hacer, y se percibe muy fuera del círculo de orden y confianza presidencial. Incluso la magia frente a sus más cercanos como el ex  ministro de Hacienda de la dictadura Hernán Büchi y uno de los directores de Libertad y Desarrollo parece diluida. Este hace poco, en un acto poco usual para él, fue personalmente al Congreso a reunirse con los parlamentarios de derecha para convencerlos de la improcedencia de una reforma tributaria.

No solo el mundo político parece haber captado esta realidad, que es la ecología en la cual se debate el Presupuesto del próximo año y una posible  reforma tributaria. Los empresarios han expresado opiniones diametralmente opuestas en torno a la reforma, como Andrés Concha, Presidente de la SOFOFA, y Andrónico Luksic, uno de los principales empresarios del país.

El primero, en la cena anual de su institución, criticó duramente tal posibilidad, incluso sobrepasando ciertos límites de respeto cívico frente al Presidente de la República. Señaló como una mirada simplista pensar una reforma tributaria como “el precio a pagar para “comprar” paz social”  y usó calificaciones como “Lamentablemente el mundo de Bilz y Pap solo existe en la fantasía de los niños” o “los tiempos presentes son una mezcla de complacencia por lo realizado, con la desilusión por la falta de reconocimiento ciudadano” al referirse a la necesidad de perseverar en el crecimiento como centro.

Por su parte, Andrónico Luksic, en una extensa entrevista el fin de semana pasado señaló que posiblemente ella era una necesidad pero que, tal como veía el escenario, le correspondía al Presidente de la República tomar la iniciativa.

Las opiniones divergentes de ambos empresarios se reproducen en el interior del Ejecutivo y del bloque político oficialista, poniendo una vez más al Presidente en una duda hamletiana sobre la conducción del gobierno.

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