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Acuerdo RN-DC: cada oveja con su pareja

por 24 enero, 2012

El acuerdo DC-RN es un buen punto de partida para saber qué piensa cada quien. Quiénes quieren Primer Ministro y quiénes prefieren seguir con un Presidente todopoderoso. Quién quiere elegir presidentes regionales y quién prefiere mantener el centralismo. Quién quiere un sistema electoral que incorpore a las minorías, respetando a las mayorías, y quién prefiere maquillar el binominal para mantener los empates.
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“Ladran, luego cabalgamos”, la frase que es de Goethe y no de Cervantes, da buena cuenta de la excitación que produjo en el mundo político el sorpresivo acuerdo entre la DC y RN para proponer un “Nuevo Régimen Político para Chile”.

El documento es contundente, incluye Primer Ministro, presidentes regionales elegidos, gobiernos metropolitanos, democratización de los partidos y, por cierto, fin al binominal con un nuevo sistema electoral, por nombrar lo más relevante. Curiosamente –o como era de prever-, el debate no se centró en estos contenidos sino en la forma. Es decir, en la “traición” de ambos partidos a sus coaliciones. En el oficialismo fueron más duros que en la Concertación, pero lo concreto es que ninguno de los dos bloques esperaba una movida de esta naturaleza. A la UDI, aislada pero manteniendo su fuerte poder fáctico, le faltaron epítetos para acusar a sus socios de RN. En la Concertación el ex Presidente Ricardo Lagos llamó a los partidos de izquierda –PS, PPD y PR- a que se unieran de una vez por todas.

Esta política lisiada –como la llamó el Financial Times- no refleja el Chile de hoy. El acuerdo RN-DC no surgió de la noche a la mañana, es un coqueteo que lleva meses y el pololeo está empezando a hacerse público. Habrá que ver si termina en matrimonio.

El acuerdo DC-RN es un buen punto de partida para saber qué piensa cada quien. Quiénes quieren Primer Ministro y quiénes prefieren seguir con un Presidente todopoderoso. Quién quiere elegir presidentes regionales y quién prefiere mantener el centralismo. Quién quiere un sistema electoral que incorpore a las minorías, respetando a las mayorías, y quién prefiere maquillar el binominal para mantener los empates.

A menos que volvamos a caernos en un barranco, más temprano que tarde el país tendrá que fortalecer su democracia. Eso conlleva reformas políticas profundas y no meros maquillajes, que incluirán seguramente un cambio constitucional. Es posible que ese debate requiera que se baraje el naipe político, que las coaliciones que sirvieron para salir de la dictadura ya no sirvan para enfrentar las exigencias democráticas del siglo XXI. Desde esta perspectiva, el debate formal que provocó el acuerdo DC-RN no es menor. Es en realidad el inicio de una discusión de fondo.

El asunto es ir aclarando las ideas propias y viendo quien las comparte. Es decir, que cada cual transparente sus opiniones, sin pudores ante las discrepancias con sus socios y amigos. Sin máscaras habrá que reagruparse, cada oveja con su pareja, para poder avanzar.

Los temas en los que hay que definirse sobran: impuestos, educación, salud, política energética, bioética, aborto, matrimonio homosexual… A ellos hay que sumar las reformas políticas que serán esenciales para que la decisión en cada uno de estos asuntos refleje de verdad el país que quieren los chilenos de este siglo, más precisamente los que nacieron hace menos de 40 años.

Hará falta tiempo para que cada oveja encuentre su pareja. Y, sobre todo, para que aceptemos que quizás los socios de los últimos 25 años ya no son los que mejor ayudan a los sueños que tenemos para el futuro. Los divorcios son dolorosos, pero a veces necesarios para que la familia pueda seguir desarrollándose en paz. Si respetamos al prójimo podemos mantener la amistad aunque pensemos distinto.

El acuerdo DC-RN es un buen punto de partida para saber qué piensa cada quien. Quiénes quieren Primer Ministro y quiénes prefieren seguir con un Presidente todopoderoso. Quién quiere elegir presidentes regionales y quién prefiere mantener el centralismo. Quién quiere un sistema electoral que incorpore a las minorías, respetando a las mayorías, y quién prefiere maquillar el binominal para mantener los empates.

La DC y RN ya iniciaron su pololeo, los demás tendrán que salir a buscar sus parejas. La ciudadanía irá marcando sus preferencias, ahora que los interesados en el futuro no requieren inscribirse para votar.

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